El misterio de la Fotografía

Foto de Retroatelier

Al tomar una fotografía  estamos creando un documento histórico que ayudará  a ilustrar y comprender  un momento estanco de un acontecimiento de la vida de una persona o elemento.

Es decir, cuando fotografiamos congelamos un instante, capturando de esta manera la realidad del momento, y esta imagen del presente, en un futuro podría ayudar a historiadores a entender nuestra sociedad.

Así, toda fotografía se convierte en documento histórico, en un testimonio visual y gráfico de las costumbres de una época.

La mayoría de lo que sabemos que ocurrió en el pasado, en la historia de nuestro pueblo, viene gracias a los escritos que se han recuperado.

 No obstante, actualmente muchos historiadores han encontrado en la fotografía un medio más para entender ese pasado no muy lejano, descubriendo el valor testimonial y documental de la imagen.

Mi interés por la fotografía comenzó en los años 50,  me apasionaba ver como un cámara podía captar “ese  momento” que luego del proceso de revelado obteníamos la misma imagen en papel.

Pero ese milagro de la luz y la química, que fuera inventado por  los franceses  Nicéphore Niépce  en 1824,   asociándose con  Louis Jacques Mandé Daguerre en 1829.,   era  para mí, todavía un misterio.

Leyendo uno de los  veinte libros de  la enciclopedia de conocimientos, el Tesoro de la Juventud,  encontré  las bases para el revelado del papel fotográfico.

Con esta  lista me dirigí a un comercio de materiales fotográficos de la calle Montevideo, en Congreso, y allí hice mi primer pedido.

“Papel sensible de nitrato, sales de bromuro e Hiposulfito de sodio…”

La dueña de negocio comprendió  mi  falta de conocimiento en la materia y me comentó que en la actualidad los químicos ya venían preparados y se vendían por el nombre de su  uso práctico, o sea papel fotográfico, revelador, fijador.

Hice una compra mínima y así comencé a  efectuar las primeras prácticas de laboratorio. Llegando con el tiempo  a poseer  ampliadoras, cubetas, pinzas, luces de seguridad,  abrillantadoras, guillotinas, papeles película negativa  y todo lo necesario para el trabajo de laboratorio partiendo  del revelado de un negativo  hasta la fotografía en papel en blanco y negro finalizada.

Con el tiempo  compre nuevas maquinas fotografías de mejor calidad, y flashes para incursionar en la fotografía social.

La evolución de la fotografía, proceso, revelados, cámaras, almacenamiento de imágenes ha sido asombroso.

Salimos de una imagen   revelada en papel en blanco y negro, pasamos por otra  coloreada o iluminada manualmente hasta llegar a la fotografía en color. Esto produjo un gran cambio en los laboratorios de revelado.  Más tarde cambiaron las cámaras de sistema  mecánico para la toma  de película negativa a las nuevas cámaras digitales actuales.

 La fotografía digital es el arte de producir imágenes mediante un sensor electrónico, que es capaz de convertir la señal luminosa en digital para almacenarla luego en una memoria.

Este adelanto significó  casi  la desaparición de rollos fotográficos, reveladores, laboratorios y la comercialización de cámaras  fotográficas que pasaron de mecánicas a las modernas, quedando las anteriores como cámaras de colección de las casas de antigüedades.

Algo importantísimo fue el tema del almacenamiento de fotos digitales.

 Al ser muy económico este proceso de imagen, se multiplicaron por miles las tomas de escenas familiares, comerciales, turísticas, tanto  que luego se crearon los distintos tipos de almacenamiento,  que también evolucionaron con el tiempo.

Estos archivos  son  consultados periódicamente en su sitio de guarda  en familia,  como en soledad,  con el correr del tiempo fueron  con menos frecuencia.

Pasó el tiempo, pensé  con nostalgia en las fotografías  antiguas de familia impresas en papel en blanco y negro, imaginando un pronto olvido o  extinción, así como pasó  el interés por las fotos en diapositivas hasta desaparecer.

“Las  personas   mayores decían”…

— ¿cómo hago yo para tener en mi cartera las fotos de mi familia para mostrar a mis amigas? , donde puedo tener las  imágenes  impresas de mis hijos y nietos.

La respuesta fue silencio durante algún tiempo.

En cada hogar, había varios  álbumes o  una caja de madera,  de zapatos,   antigua valija de cartón que servía para conservar las fotos de nuestros ancestros. 

De tanto en tanto, la curiosidad, nostalgia, afán de informarnos para descubrir cosas del pasado nos hacia recurrir a este recinto o santuario  de vidas presentes y pasadas.

Se iban mirando fotos y fotos, sin ningún orden más que aquel que dejo la persona que las  vio por última vez,  por desidia, por apuro se mezcló  el orden original de fechas, lugares temas.  Chocándose  irreverentemente una toma de un rostro de una bella joven en los  años treinta, con una foto de unas varias personas en distinta actitud, tomada cuarenta o cincuenta años después.

Al mirar una foto extraída de ese museo viviente,  se puede llegar  a desconocer a las personas o lugares allí retratados. Como segundo camino de la identificación, mirábamos algún detalle, camino vehículo, cartel  o persona que  aparece en un segundo plano.

Al  no resultar  aclaratorio miramos el dorso, pudiendo allí encontrar una fecha, un nombre o algún texto escrito  que nos hiciera conocer,   quien  o quienes eran los retratados.

Otras imágenes que no podíamos identificar  las mostrábamos a nuestros padres, alguna tía mayor, o abuelos,  y allí se podía aclarar todo.

Imaginemos  este dialogo  familiar:

—–Haaaa, si, la recuerdo,   dijo tía Zaida, esta era Amalia, fue novia de mi hermano Toto, se conocieron en  unas vacaciones en la sierra. La familia de Amalia, que era del interior  se fue  a trabajar en la cosecha de arvejas a la zona de mercedes y a otros pueblos. Nunca volvieron.—

La familia de Amalia, que era del campo  se fue  a trabajar en la cosecha de arvejas a la zona de mercedes y a otros pueblos. Nunca volvieron.—

fiesta de vecinos de caballito fue en la casa de la calle Neuquén. La familia de Amalia, que era del campo  se fue  a trabajar en la cosecha de arvejas a la zona de mercedes y a otros pueblos. Nunca volvieron.—

Luego de un rato  seguí  viendo más fotos de la caja donde  iban apareciendo  más y más recuerdos. Muchas de ellas eran incógnitas, la familia comenzaba a involucrarse aportando información, ya todos ellos  estaban  rodeando la mesa atrapados por la mágica aparición del pasado.

—-y esa foto,  de un joven con uniforme del ejército  ¿de quién es?

La abuela Antonia  no respondió tomó  otra fotografía tratando de salir de ese brete.

— ¿-pero abuela y la del soldadito??

Hubo un silencio,  que solo rompió  la abuela  comentando.

——-Mi hermana, Rosina   estaba  noviando con un  soldadito, eso fue en Italia, se iban a casar, pero el día anterior a la boda, nos avisaron amigos del pueblo, que  él era casado con una  chica de Campobasso. Fue entonces que Rosina rompió el noviazgo,  fue muy doloroso para mis padres y hermanos.

En varias oportunidades intentó romperla en mil pedazos, pero  ella lo amaba mucho,  y la conservo,  quedó allí en nuestra casa hasta que  falleció.

—-Y  esta otra de  una familia.

—-Si eso terminó bien. Antonino, mi otro hermano se caso con Lucia. Y tuvieron cuatro hijos, también se quedaron en Italia trabajando en el campo cuando yo me vine a Argentina.

——- ¿y  ese auto,  parece es muy antiguo?

Toma la posta mi padre comentando.

——–Creo que es un Ford 1918 que tenía tu abuelo en el campo en San Luis

que tenía tu abuelo en el campo en San Luis

Así seguimos  redescubrimiento el pasado durante horas.

Luego de muchos  años, volví a mirar el álbum que contenía  esas viejas fotos.  Ahora  hubo   otras en el fondo de la caja, que al no saber de quién se trataba,  las pasé de largo.

Ahora,  y   ya sin referentes vivos  para la consulta estas imágenes pasaron   a integrar la lista de “fotos de personas y lugares desconocidos, cercanos”

Pudieron ser familiares, amigos, compañeros de trabajo. Así  quedaron en el fondo de la caja, por si algún día aparece alguna punta del hilo para tirar.

Llegó al fin el momento  tan requerido,   se volvió a la  impresión en  papel  de fotografías tomadas con cámaras digitales,  tanto en  equipos de proceso Kodak o similares como en laboratorios fotográficos.

Hoy  si bien tiene su costo monetario,  nos brinda la posibilidad de perpetuar esa fotografía  nuevamente en valor testimonial y documental de la imagen.

El otro paso importante muestra que  un gran porcentaje de las nuevas fotografías se  toman en blanco y negro. Lo vemos en salones de exposiciones fotográficas de renombrados fotógrafos en  todo el mundo.

Para mí la imagen en blanco y negro les da vida propia, son inmortales y trasmiten con más naturalidad los retratos de las personas y lugares.

Para complementar este relato, le haré ver algunas fotos de temas, que al menos a mí me gustan,  que hacen imaginar la vida en otros tiempos, espero las disfruten.

Cada una guarda un secreto que  podemos descubrir o presumir  hechos de ese momento, seguramente no nos equivocaremos.

La Cruz de Hierro: 1813


La Eisernes Kreuz

La Eisernes Kreuz (EK) o Cruz de Hierro, la más famosa de las condecoraciones militares alemanas de todos los tiempos, en los 206 años transcurridos desde su creación hasta el día de hoy, sigue siendo una de las medallas más reconocibles, famosas y valoradas en la historia militar. Fue instituida por orden del rey Federico Guillermo III de Prusia en el marco de la “Guerra de Liberación” que libraba contra Napoleón. Siendo Prusia, derrotada por Francia en las batallas de Jena y Auerstedt en 1806, perdiendo casi la mitad de su territorio, y permaneciendo el resto del reino que fue ocupado por los franceses que habían logrado disolver su ejército en 1807.


Federico Guillermo III de Prusia

El 10 de Marzo de 1813 el Rey firmará el Estatuto de Institución de la Cruz de Hierro que una vez publicado en el Schlesischer Zeitung  establecerá una condecoración creada y pensada para una campaña, sustituyendo a otras condecoraciones como la Pour le Mérite o la Orden del Águila Roja y premiando los actos de gran valentía personal o los méritos en el mando de tropas. Federico Guillermo III tomo parte activa en el diseño inicial de la condecoración que inicialmente presentaba una cruz paté con un cuadrado en su centro dentro del cual figuraban las letras mayúsculas FW, las iniciales del nombre del rey (Frederich Wilhelm)  y sobre estas la corona real prusiana. Los brazos presentaban unas ramitas con hojas de roble y la fecha de institución (1813) fijada en cada cuadrante.

Pero será finalmente de entre varios proyectos presentados el diseño del famoso arquitecto prusiano Karl Friedrich Schinkel el que se imponga, preferido por el rey incluso sobre su propio diseño por lo que una vez aprobado por este, comenzará una producción inicial de trescientas piezas. El diseño de Schinker presentaba una cruz paté que ostentaba en su centro una ramita con hojas de roble; el brazo superior lucía las iniciales del rey – FW – sobre las cuales se situó la corona real de Prusia. El brazo inferior mostraba el año de institución (1813). 

El primer condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase será el Oberstleutnant von Helwig, comandante del noveno regimiento de Husares, el 17 de Abril de 1813 tras la batalla de Wanfried. La primera Cruz de Hierro de Segunda Clase concedida será otorgada al Mayor von Borcke, del regimiento de infantería de Pomerania, el 24 de marzo de 1813 en reconocimiento por su valentía personal durante el sitio de la fortaleza de Lüneburg. 


Sophie Dorothea Friederike Krüger,

La primera mujer condecorada con la Cruz de Hierro será el suboficial del Noveno Regimiento de Kolberger, Sophie Dorothea Friederike Krüger, que adoptó el nombre de Auguste-Friederike Krüger, el 3 de junio de 1814. Esta pariota, con tan sólo 23 años, se cortó el pelo, se vistió con ropas masculinas y se presentó voluntaria para combatir en el ejército prusiano haciéndose pasar por un hombre. Debido a la velocidad de la movilización, no hubo exámenes médicos por lo que inicialmente no fue descubierta. Admirada por sus compañeros por su valentía, una vez desenmascarada no fue expulsada del ejército, ascendiendo al grado de cabo después de la batalla de Möckern.

Batalla de Sedán

La batalla de Sedán fue un feroz enfrentamiento militar de la Guerra Franco-Prusiana. Tuvo lugar el 1 de Septiembre de 1870 y fue librada entre el ejército prusiano, comandado por el mariscal de campo Helmuth von Moltke, y el ejército francés, conducido por Luis Napoleón III (sobrino de Napoleón Bonaparte).

Con un contingente armado constituido por unos 125 mil hombres y más de 500 piezas de artillería, Luis Napoleón y su comandante, el general Patrice MacMahon, iban a intentar romper el sitio de Metz. Sin embargo, el 5to cuerpo del ejército francés acababa de ser derrotado dos días antes, el 30 de agosto, por el ejército alemán del Mosa, el cual se unió al 3er Ejército Prusiano de von Moltke para interceptar y enfrentar nuevamente a los galos, que se dirigían a Metz, totalizando casi 200 mil soldados, de infantería ya caballería, y unos 700 cañones.

En la mañana del 1 de septiembre de 1870, los prusianos atacaron y rodearon al ejército francés a la altura de Sedán. Si bien el fusil de cerrojo Chassepot les daban una cierta ventaja a la infantería francesa, fue la artillería y la caballería prusiana que hicieron la diferencia. Al verse rodeados, los franceses se atrincheraron en La Mocelle, Sedan y otros pueblitos cercanos y resistieron el bombardeo de la artillería y las feroces embestidas de las fuerzas prusianas que atacaban desde el este y el norte. Al ponerse el sol, luego de varias horas de intensos combates, Luis Napoleón ordenó la rendición. En el campo de batalla yacían 17 mil franceses muertos en combate. La batala de Sedán fue clave en el triunfo teutónico en la Guerra Franco-Prusiana.


Otto von Bismarck (derecha) y Napoleón III se rinde  tras la batalla de Sedán.

Helmuth Karl Bernhard von Moltke

En esta terrible batalla se  estima  hubo  varios   miles de  caidos, muertos y heridos  de los dos bandos.

Entre ellos se destaca el valor de un joven que acompaño al ejército Prusiano como portaestandarte.  Tan solo tenía 17 años  cuando cayó en combate,  acompañaba a las tropas  en  feroz ataque al mando del  Mariscal de Campo Helmuth Karl Bernhard von Moltke. (*)

Este Joven fue Ernest von Zedtwitz  quien se había unido voluntariamente a las tropas Alemanas.

(*)Helmuth Karl Bernhard Conde von Moltke (26 de octubre de 1800 – 24 de abril de 1891) fue un Mariscal de campo alemán cuyo genio militar ayudó a convertir a Prusia en el Estado hegemónico en Alemania. Bajo su dirección, Prusia derrotó a Dinamarca en 1864, a Austria en 1866 y a Francia en 1870. Jefe del Estado mayor prusiano durante treinta años, es considerado el creador de una nueva forma de dirigir los ejércitos sobre el terreno. También es conocido como Moltke el viejo, para distinguirlo de su sobrino Helmuth von Moltke, el joven, quien comandó el ejército alemán al inicio de la Primera Guerra Mundial.

Historia de Gente sin Historia

Matilde.   (Mujer  guerrera y fuerte) Cuento.

A ciento treinta y cuatro años de su nacimiento, tratar de buscar algún rastro que permita  saber cómo fue  la vida de una persona, es una misión casi imposible.

Tirando  de la punta de un hilo pude llegar  a comunicarme con   la nieta de Matilde., casualmente llamada también Matilde.

Reacia  y  cautelosa al principio,  o posiblemente poco interesada en  traer a la luz una historia del pasado  que no le  era prioritaria.

Con esta barrera tuve que ir  sonsacándole  información, idas y vueltas que llevaron muchos meses para un pobre resultado.  Lo   recopilado  no fue suficiente pero con habilidad,  imaginación, sobre aquellos tiempos, se pudo  armar la  vida,  y descendencia de Matilde. Una vida que comenzó en 1885.

Su padre Rodolfo Guillermo, nació en Alemania   1851. Se radicó en Poznan Polonia,

 Años después ocupa  un cargo en la delegación de Alemania en España. Allí contrae matrimonio con Ascensión Ramírez  Medina, y viajan a la Argentina, arribando al país en 1882 donde nace su primer hijo varón.

Tuvieron antes una hija Llamada Luisa  nacida en  Malaga España en 1880  quien falleció  siendo muy niña.

Inicialmente se radican en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, y allí probablemente, haya nacido Matilde en 1885.  

A los pocos meses del  nacimiento de  Matilde, se trasladan a la ciudad de Mendoza.

Poco tiempo  después la familia se establece  en la   villa Malargue.  Don Rodolfo es uno de los fundadores de la villa  en 1886.  Fue contador de la estancia Orteguina  propiedad del  General Rufino Ortega Molina, quien fuera jefe de la  cuarta división expedicionaria  al desierto entre  los años  1884 y 1887.

La  infancia de  Matilde transcurrió  en el campo  al igual que la de su hermano Ernesto  Quien ya contaba con 3 años. 

En Julio de 1888 nace su hermana  Elena, y en 1889 Sofía.

Don Rodolfo dedica dos años a la explotación minera en la zona de Malargue. En 1892 deja la villa y se radica en Buena Esperanza San Luis  para dedicarse a la ganadería.

Los cuatro hermanos comienzan la escuela primaria  en Buena Esperanza.

En Febrero de 1900 la  familia  se radica  en el pueblo  Laboulaye Córdoba, nombre dado Por Domingo F. Sarmiento,  en homenaje a un ilustre  amigo suyo que vivía en Francia, que tuvo ese privilegio aun sin conocer las pampas Argentinas.  Hubo por esta zona, años antes  un caserío llamado “La Cautiva” que bien merecía haber sido el nombre del pueblo.

Rodolfo ingresa como administrador de campos de una sociedad Belga  en el paraje Colonia la Providencia,  sin desprenderse  de la  adm.  Ganadera  en San Luis.

Matilde, la “Alemana” como la llamaban los vecinos de la Colonia,  recién había cumplido los 15 años. Ayudaba  a su madre en las tareas del hogar, la huerta, cuidado de frutales y aves. Al ser la mayor de las hermanas debía también ocuparse de la atención de Elena y Sofía.

Durante las tardes luego del descanso de la siesta obligatoria  Matilde conversaba extensamente con su padre. Este le  había enseñado muchas palabras en alemán, y  algunas canciones típicas.  Ella las cantaba en las reuniones familiares o en algún acto en el pueblo o escuela rural  de la Providencia. También amaba la lectura y la pintura.

Escuchaba  atentamente como Don Rodolfo le hablaba  de quien fuera su padre, Ernest. Un gran patriota y luchador en  conflictos ocurridos en  1848 en Polonia.

Don Rodolfo le leía las cartas que Ernest, su padre enviaba a su abuelo Antón Ferdinand, relatándole los acontecimientos vividos durante la lucha.

Lo que más la angustió a  Matilde es saber que durante estas luchas , y para prevenir  algún  ataque a  la familia de Ernest , este debió  pedir a su esposa Mathilde Johanne Luise Mab, que dejara su vivienda  de Polonia  y se  radicara en casa de  uno de sus hermanos  en Alemania.

Provisiones al campo.

Una mañana del 1907  llegan Don Alberto y su hijo Vicente de  27 años, en un carruaje trayendo bolsas de harina y galletas desde una panadería del pueblo de Laboulaye para cumplimentar el pedido semanal  de la estancia.  Las tres hermanas  se quedan cerca de la casa observando a los recién llegados. Vicente  carga la bolsa de harina y  la lleva  a la despensa  de la casa,  pasando muy cerca de  Matilde como  para poder admirarla y sonreírle, tan ajeno estaba  de lo que hacía,  que por mirarla golpea la bolsa contra un horcón que sostenía la galería y rompe la bolsa. Matilde se ríe al ver a Vicente  lleno de harina.  Don Rodolfo reprende a las niñas y las manda al interior de la casa.

El reparto de harina  se  hacía cada semana, siempre los  viernes.

En la siguiente entrega  no vino Don Alberto, su hijo lo convenció que él podía llevar el encargo y arreglarse solo.

No llego a pasar  un mes cuando  Vicente habla con   Don Rodolfo y   su esposa solicitando visitar a su hija como pretendiente.  Aceptada esta primera solicitud, no pasa mucho tiempo para pedir a matrimonio a  Matilde quien  recién cumplía 22 años.

Todo fue muy rápido. Asunción acompaño a su hija hasta el pueblo y allí  eligieron todo lo necesario para la próxima boda.

Celebrado el casamiento  por civil e  iglesia  se reúnen en  una  sencilla  fiesta  familiar en  la Colonia La Providencia… El matrimonió se trasladó a  una vivienda que la familia de  Vicente tenía  contigua a la Panadería  las Flores en el pueblo de Laboulaye.

A mediados de   1909   Matilde tiene su primer hijo, quien en bautizado con el  nombre de Vicente.

Matilde  aprende rápidamente los secretos de la panificación y repostería  atendiendo la panadería junto a su hermana  Elena  que se destacó en la parte de masas finas.

Matilde fue muy solidaria frente a la necesidad de la gente A diario se acercaban a la panadería a pedir pan del  día anterior. No solo se llevaban pan, también les daba harina, recortes de masa, y factura sobrante.

Acompañaba a su esposo en el reparto de harina y pan por las estancias vecinas,  el reparto se hacía   con  carro cerrado  tirado por un caballo.

Había varias familias de aborígenes, que luego de  la campaña del desierto de Roca,  habían quedado  dispersos y sin recursos,  esta familias habitaban  un par de hectáreas de  tierras  de  bajo rendimiento  que eran en su mayoría bañados  cercanos a la laguna  la  amarga, no explotadas ni se conocía a sus dueños .

A estas personas Matilde les dejaba harina y pan en forma gratuita, muchas veces les llevaba tarros con leche, ropas, frazadas,  para los niños.

Gestionó  el ingreso de estos niños a la escuela primaria cercana ayudando con libros y útiles escolares.

Hablo con  estancieros de los campos vecinos para que den trabajo rural  a los aborígenes. Esta solicitud no fue recibida con agrado, pero debida a la amistad y trato comercial con los dueños de la panadería del pueblo, logro ubicar a los más jóvenes en trabajos del campo. Con el tiempo y observando su dedicación, los estancieros permitieron que esta pequeña población, no más de 20 familias se alojaran en  viviendas rurales como puesteros.  Cada familia tenía su propia huerta, frutales y  aves de corral.  Mejorando la forma de vida, alimentación y crianza de sus hijos.

Todo esto en forma anónima. Gracias a  la rubia del pan como los originarios  la conocían.

Si bien ni Matilde ni Vicente comentaban  en Laboulaye  estas acciones solidarias,  la murmuración o  chismes en los pueblos chicos se saben.

Luego de algunos años y con motivo de un aniversario de la llegada del ferrocarril y fundación del pueblo, el intendente  Juan Macé  organizo una reunión en el salón de la sociedad de Fomento    invitando a las damas Benefactoras  del pueblo,  a los ciudadanos Ilustres  pioneros y también a todos aquellos que hicieron con su esfuerzo  la transformación de Laboulaye.

Entre los invitados se incluyeron a los primeros herreros, alambradores, carniceros, ordeñadores, dueños de bares hoteles, Almacenes de ramos generales, tiendas molinos harineros  y peones rurales.

No falto una tarjeta invitando a la Sra. Matilde y su esposo Vicente panaderos del pueblo  como vecinos  protectores de la comunidad indígena.  A quienes  se les hace entrega de espigas de trigo  metálicas doradas, enmarcadas con madera de  lanzas, en agradecimiento.

Presidian el acto  Las damas de beneficencia  vestidas de largo con enormes sombreros adornados de  flores y plumas.,  Quienes al ver ingresar a los trabajadores del campo, no pudieron fingir beneplácito  viendo como  el intendente los  iba recibiendo  y dándoles ubicación  cerca de la autoridades.

Lo  que más les molestó a  estas  damas, fue la distinción otorgada a  “Los Panaderos”  apodo que ellas les habían asignado. 

La Panadería fue creciendo y  debió ampliarse, llegando a ser la más  importante del pueblo, por la calidad en la elaboración de panes y tortas. Los repartos se hacían con furgones motorizados, y el negocio familiar se  amplió  también con la distribución de harinas de un molino harinero de la zona.

Matilde tuvo cuatro hijos  y continuó viviendo  en Laboulaye.  Terminaron  sus  continuas mudanzas a las que se había acostumbrado por las obligaciones de su padre.

Al  haber estado  desde niña muy cerca de los indios, debido al trabajo de su padre  y los relatos que escucho  sobre la vida  y costumbres de los  nativos fue por ello que   la ayuda otorgada  no significo un obligación , sino una elección que la llenó de felicidad.

Luego de fallecimiento de su esposo Vicente siguió  al frente de la panadería.

Trabajo en ella con la valiosa ayuda de Elena, su hermana soltera y de su segundo hijo Alberto.

En 1965 y a los 80 años falleció Matilde.

La Panadería  siguió algunos años más y luego  cerró definitivamente.