Agente conscripto Ricardo Andresik

Agente conscripto Ricardo Andresik

Policia Federal Argentina

Soy Ricardo Andresik, fui agente conscripto en la promoción 53, desde diciembre del 63 al mismo mes del 64. La instrucción la recibí en la Escuela de Cadetes Ramón Falcón, en Villa Lugano. No era, en aquel tiempo, el lugar preferido pero no obstante aquí empiezan aparecer los nombres. El escribiente Carrasco, morocho como pocos, cara de malo, pero lo suficientemente hábil para manejar una banda de jóvenes, el sargento De la Fuente en la guardia de prevención, otro personaje, profesor de judo y preocupado por enseñar la responsabilidad en el manejo de las armas.

Los aspirantes que recuerdo Versiglia, Ratti (con quien luego compartiéramos destino en la 35), Camilo Delena, Romano, Américo Fojo, Sabella (el que manejaba el tractor), el telefonista de quien no recuerdo el nombre pero si que era diestro haciendo magia, Roncoroni, Maradelli,Tanoira, Poceiro.

Luego de la instrucción fui destinado a la comisaría 35 en el viejo edificio de la calle Núñez enfrente de la sede de Platense. Allí, parada 1 del cuarto primero, con los oficiales principal Isart, luego inspector Fernández, el jefe del servicio externo el inspector De Cesare, el oficial de guardia subayudante Sciarreta, el cabo 1º Gallo(quien era el que informaba el servicio), cabos Arias, Vega, Bagnato (ametralladorista), Rodríguez (siempre impecable), los agentes Ceballos, Oliva, Burgos (alias la bruja). Finalmente los coreanos Ratti con quien andábamos juntos desde los primeros días, Monti, Miscoria, Da Milano. Otros oficiales con quienes teníamos relación (control de automotores, etc), inspector José Nicolás, subinspectores Méndez, Fernández, Gramano, ayudante Martínez, los subayudantes Stazzone y Aybar, también el escribiente Sánchez, de quien decíamos que era de la época en que los policías usaban kepí (con pica arriba) por las historias que nos contaba. El comisario era Nicolás Paz y el sub Parrondo.

De cada uno me queda una imagen con una anécdota. Por supuesto que con algunos nos llevábamos mejor que con otros pero siempre me consideré bien tratado y respetado. Generalmente, salvo rara excepción, venía la recomendación “así no agente” o como el cabo 1º Gallo decía “tené cuidado pibe”.

Es difícil resumir la experiencia sin traer las múltiples alternativas que viví. Cosas que no habría tenido idea de que existieran, hechos tristes, otros pintorescos casi al límite de que, quien no lo vivió, no lo creería. Tal vez sería bueno que cada forista eligiera una anécdota. Leyendo todas las participaciones podríamos repetir lo que dijo Luis (107) “quien fue coreano un año, será Coreano toda su Vida”. Sobre esto habría un capítulo aparte.

Aunque parezca arriesgado, trataré de aportar alguna idea acerca del por qué me atrevo a llamar “la mística del coreano”. Esto es, la consideración particular, distinta del común de los ciudadanos, sobre la Policía Federal.

Arriesgo alguna idea, la incorporación a una fuerza policial de jóvenes que en su mayoría no permanecerían, como carrera de vida, parecería no ser lo ideal para la institución. Ahora bien, ese grupo de gente que convivió con policías de carrera y percibió dificultades de la labor policial creo que contribuyó a mejorar la relación de la PFA con la comunidad. Recuerdo que una revista publicó una vez un largo artículo sobre la cuestión definiendo que los coreanos terminaban siendo la mejor oficina de relaciones públicas de la policía.

Siempre buscando alguna explicación a esta corriente de afinidad con la actividad policial, tal vez un factor que logra este efecto es haber compartido las mismas experiencias con “los efectivos”. Las heladas, los plantones, las lluvias, las intervenciones ante delitos o accidentes, me parece que hacen aflorar los sentimientos humanos más profundos movidos por la solidaridad. No podemos tampoco dejar afuera el riesgo potencial que todos teníamos sobre nuestra humanidad. Si bien los tiempos no eran tan complicados como los actuales y las tareas que nos asignaban no eran las más comprometidas siempre el riesgo existía.

Ya lo menciona Carlos cuando recuerda a “…Carlitos Maneiro…” caído en el cumplimiento del deber. A mi no se me olvida Juan Lino Barrionuevo caído en 1955, como dijera alguien, “…lo mataron porque estaba allí”; aclaro que custodiaba la iglesia Santiago Apóstol en Núñez. Justamente, se conserva una placa en el lugar, en su memoria (va en el adjunto). Creo, si no es errónea mi información, que sería el primer coreano caído.

Una explicación simple podría aplicársele a este fenómeno atribuyendo todo a la nostalgia de la juventud. Recordemos que una definición de nostalgia nos lleva a una “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”(RAE). Posiblemente así sea, que estemos recordando una dicha perdida. Pero también podemos conjeturar algo más. A los veinte años, cuando dejamos la gorra, nuestra vida podría haber sido intensa pero necesariamente no era extensa.

Luego seguimos nuestra vida, algunos con más fortuna que otros, pero seguramente todos sobrellevamos vicisitudes, penas y glorias, que nos fueron poniendo en perspectiva los años vividos; en particular, ese año como “coreanos”. Por esto, algo especial nos habrá pasado ese año para que, con canas pero no siendo “canas”, estemos añorando o al menos recordando con la calidez y orgullo que pueden verse en las distintas contribuciones.

Finalmente, un llamado a quienes especialmente estuvimos juntos en aquella promoción 53 y en la 35ª.

Ricardo Andresik

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