Asesinato de Facundo Quiroga

Asesinato de Facundo Quiroga

Asesinato de Juan Facundo Quiroga

Juan Facundo Ouiroga nació en San Juan de las Manos, Provincia de La Rioja en 1788. Su padre fue el estanciero José Prudencio Quiroga, a quién Facundo ayudó a conducir sus propiedades a partir de los 16 años. Tras un breve paso como voluntario por el Regimiento de granaderos a caballo, en Buenos Aires, regresó en 1816 a La Rioja, donde colaboró activamente con el ejército del norte que luchaba contra los realistas, proveyéndolo de ganado y tropas. En 1818 recibió de Pueyrredón el título de “benemérito de la Patria” y a fines de ese año intervino destacadamente para sofocar un motín de prisioneros españoles en San Luis.

 El asesinato

Quiroga fija al fin su resolución. La energía de sus sentimientos primitivos, adormecida por el amor de los suyos a quienes recuerda con ternura infinita, despierta en presencia del peligro más soberbia y más temeraria que nunca. Una fuerza irresistible lo empuja a su fatal destino. Este lo llama, lo atrae. El lo ve, lo palpa, y sigue a su encuentro, camino de Córdoba. El 15 de febrero de 1835 llega a la posta del Ojo de Agua, distante poco más de 20 leguas de la ciudad de Córdoba. Por la noche un vecino le comunica al coronel José Santos Ortiz que el capitán Santos Pérez se encuentra en el lugar de Barranca-Yaco con una gruesa partida para asesinar a Quiroga y a toda su comitiva. El maestro de posta lo sabe también, y lo repiten todos los que están allí, y se da cuenta de cuántos son y de las armas que llevan. Estos detalles horribles acerca de su muerte casi segura aterran a Ortiz, y quiere separarse de la comitiva. Pero Quiroga lo contiene diciéndole que sea cual fuere esa partida le ha de servir de escolta hasta Córdoba.

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Manda preparar algunas armas con su asistente y se duerme como si esta noticia a fuer de muy sabida no mereciera mayor prevención. A la mañana siguiente se dirigen Quiroga, Ortiz, un negro asistente, dos correos, un postillón y un niño en dirección a Sinsacate. Como dos leguas antes de llegar a este punto, a tres leguas de la estancia de Cerrillos o Totoral, que administraban los Reinafé, y hasta donde llegaban las partidas del curato de Tulumba, del cual era comandante don Guillermo Reinafé, en el lugar indicado de Barranca-Yaco, la galera en que iba Quiroga es rodeada por una partida armada al mando del capitán Santos Pérez. Al verla, Quiroga saca la cabeza por la portezuela y pregunta: “¿Qué significa esto? Acérquese el jefe de esta partida”. En ese instante recibe un balazo en un ojo que lo deja muerto; y Ortiz y todos los que lo acompañan, incluso el inocente niño del maestro de posta, son bárbaramente sacrificados y saqueados, y sus cadáveres arrojados en el bosque próximo donde Santos Pérez había espiado el momento de cumplir la consigna que tenía recibida. (4)

 

Así acabó Quiroga; víctima de una temeridad sin ejemplo, y cuando según sus propias declaraciones y los hechos que quedan apuntados, se preparaba a ejercitar su influencia en el interior para trabajar la organización constitucional de la República.

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