Cinco caras bonitas Cinco

Autor: Pablo Etchevehere

La abuela Perla tiene 96 años y una memoria cibernética, chiquitita, toma mate frente al televisor todas las tardes. Está cuidada por una joven paraguaya que la acompaña permanentemente y la visitan regularmente el hijo que queda, los nietos los bisnietos y un pequeño tataranieto.

La abuela Perla es una anciana feliz. A veces se pone triste y se acuerda de su juventud en las primeras décadas del siglo XX. – Sabes hijita, le dijo a una periodista que la vino a visitar: – que fui bailarina, jajaja, bataclana dicen por allí. Quería ser lo que eran Tita Merello y la negra Bozán. Quería bailar en el Chantecler o en el Maipo, pero solo conseguí bailar en un cuchitril de mala muerte llamado “RE-FA-SI” En el año…, haber, 33, si la primavera del 33, bailaba en el “RE-FA-SI” junto con veinte chicas, “veinte caras bonitas veinte” voceaba un sujeto en la puerta del teatro, -”

Pasen y vean señores, las mejores chicas de Buenos Aires, las mas descocadas se los aseguro” Allí bailaba yo, actuaban un cómico, que imitaba a Sandrini, le decían Pepito, un mago y Margot Mellián, una primera figura que bailaba y cantaba tangos como Asucena Maizzani. Un día que estábamos ensayando la nueva revista “Cantando y bailando en primavera” llegó al teatro un empresario paraguayo el señor Fretes. Este hombre era amigo o socio de Samuel Kilesky, nuestro empresario. Fretes pidió cinco bailarinas para realizar una gira de un mes por Paraguay. La finalidad era animar a los heridos de guerra que estaban alojados en el hospital de sangre de Asunción. Muchas chicas tenían hijos, unas pocas eran casadas y al final fuimos elegidas cinco solteras y la mujer del mago, Gerta, una misteriosa alemana que apenas hablaba español.

Nosotras seis, la cancionista Margot Mellian, una chilena que cantaba como un pajarito tangos, y el empresario Fretes nos embarcamos una mañana en el vapor Ciudad de Rosario y partimos a la guerra. Cuando llegamos a Asunción, por entonces una urbe provinciana llena de heridos, soldados, comerciantes y prisioneros bolivianos que limpiaban las calles o simplemente pedían limosna, nos esperaba en el puerto la mujer de Fretes Madame Petra, una polaca entrada en años que quien sabe por que infortunio de la vida fue a parar a Asunción.

De allí nos trasladaron en tren a Paraguarí a poco más de una hora de la capital, donde se encontraba el campamento de Cerro León, el histórico gran cuartel militar del Paraguay. Allí en infinidad de tiendas de campaña se reponían los guerreros que eran evacuados enfermos o heridos del campo de batalla en el Chaco Boreal. En una gran tienda pudimos ver decenas de camastros alineados, donde encontramos heridos graves casi todos con miembros amputados o ciegos quemados por los gases y los lanzallamas que los alemanes vendieron inescrupulosamente al gobierno de Bolivia. Un herido me aferró la mano.

Fretes se paró en medio del salón acompañado por un médico que bajo su guardapolvo blanco llevaba el uniforme de coronel paraguayo. Dijo algo así como soldados y oficiales les presento a las cinco caras bonitas de Buenos Aires cinco, y a continuación mientras nos aplaudían sin mucho entusiasmo, médicos y enfermeras, entró a la carpa un grupo de músicos de mediana edad uniformados que comenzaron a tocar tangos y foxtrot.

Nosotras bailamos, bailamos y por un momento nos olvidamos donde estábamos. Al atardecer nos llevaron a un hotel, donde la policía militar tuvo que custodiar los desmanes de cientos de borrachos que sabedores del alojamiento de las bailarinas cerca de los regimientos, decidieron asaltarnos con vaya a saber que intenciones.

Al día siguiente en vapor partimos para Puerto Casado, la población más cercana a las línea de combate que se extendía a unos cien kilómetros de esa población, final de las vías ferroviarias que la unían con Isla Poí, el epicentro de la guerra y asiento del Estado Mayor paraguayo y su comandante el General José Felix Estigarribia.

 En Puerto Casado, nunca vimos tantos solteros. La Maga Gerda se prendó de un Oficial Ruso blanco exiliado, que hablaba alemán y servía al ejército del Paraguay como Ingeniero buscador de agua en el desierto del Chaco. La maga hizo desaparecer como por arte de magia el recuerdo de su propio marido Gustav, ex oficial alemán en la Gran Guerra, quien disimulaba su brazo vacío bajo la capa de Mago.

El resto de las chicas se fijaban en los jóvenes oficiales guaraníes siempre sonrientes pero valientes hasta la temeridad. Un herido me pasó un papelito que decía: “Marcio López, Cadete”. Era un chico de mi edad, no más de 18 o 19 años, sus manos eran finas y la herida en el hombro había cicatrizado. Me acerqué a él y hablamos. El Cadete me contó que estudiaba en el Colegio Militar de Asunción, cuando fue movilizado con todo el cuerpo de alumnos a la batalla de Boquerón y allí estaba, pensando que pronto le ascenderían a subteniente. Le di la dirección de mi madre en Adrogué y me fui, porque me sonrojé, en el momento que Marcio me dijo que cuando la guerra terminara me iría a buscar a Buenos Aires.

Pasaron tantos años. Claro, luego de un mes volvimos a la Argentina, con la experiencia fuerte de haber bailado a metros de la guerra. Y me dediqué al cine, me casé y luego me separé de un actor de tercera categoría quieme dio un hijo, Carlos el mayor de los tres retoños que alegraron los días de mi existencia. en 1948, ya había muerto mi madre y yo andaba por los treinta y pico. Un día bariendo la vereda se acercó un hombre, me preguntó si era Perla, le dije que si, me dijo soy Marcial el cadete de Puerto Casado. Lo invité a pasar y hablamos. Me contó que recién llegaba a la Argentina para buscar trabajo. Que luego de la guerra siguió la carrera militar hasta Capitán, pero que una revolución perdida lo había dejado fuera del Ejército y que sobrevivía haciendo changas. Dos años después nos casamos y vivimos juntos 40 años, hasta que falleció.

Tuvimos dos hijos muchos nietos y bisnietos. La guerra del Chaco Boreal que a tantos separó, a nosotros nos unió; cuando cinco caras bonitas, cinco, alegraron un ratito a cientos de heridos en un campamento lejano del misterioso Paraguay.

El Escritorio del Jefe de Estación. 102 años despues.

El Escritorio del Jefe de Estación. 102 años despues.

fotografia del libro (*)

Juan Carlos sabia que aun existía, la distancia no era un impedimento para poder encontrarlo y adquirirlo.

Viajo a Buenos Aires iniciando  la solicitud correspondiente  ante el actual  concesionario del Ferrocarril  del Oeste

¡Que significaba un viejo escritorio para una empresa administradora de un ramal ferroviario que ya no circulaba.¡

Tramites, entrevistas que  lo llevaron por el laberinto burocrático del  absurdo.

Juan Carlos volvió a su país de residencia sin dejar de pensar en la forma de poseer su tan preciado escritorio. Sigue leyendo

Teresita y Santinito

Teresita y Santinito

Cuento.

Hemos escrito varias historias sobre gente sin historia.

Siempre pudimos rescatar del paso por la vida  de estos  personajes, acciones, hechos notables, momentos en la  vida familiar, su desempeño  en la comunidad,  actividad laboral, social. Glorias y pesares que los marcaron e hicieron trascender.

Seres amados,  o recordados por sus acciones. Sigue leyendo

Las carátulas en el subte

Las carátulas en el subte

Ese martes,  parecía un martes 13,  pero no lo  era,  yo  llevaba puesta mi carátula,  la que escondía mis preocupaciones, asuntos pendientes para arreglar, temas de familia, pensamientos orientados a  tratar de adivinar el futuro. Claro, conocer  el futuro es un poco producto de la imaginación. Si sos optimista lo veras iluminado  por el sol y con  hermosas fragancias, el pesimista lo ve gris, nublado, lluvioso y lleno de precipicios.

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María y Catalina, salida de sábado

María y Catalina

Viudas ambas, amigas y vecinas de años, no hay sábado que no salgan a pasear.

Este 11 de febrero, luego de leer varias veces las carteleras de espectáculos de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron ir a visitar las Galerías Pacifico. Allí en el centro cultural Borges verían un espectáculo musical, “Bien de Tango”. Sigue leyendo

Los cuentos de la Abuela Irma

La Pelota sin dueño

Autora : Sra. Irma Agara Sosa

Ciudad de Buenos Aires

cumple de Nino.

Es un camino  largo, largo…… que va de Buenos  Aires a Córdoba  por el que  pasan muchos ómnibus, autos y camiones sucedió  algo que les voy a contar: Sigue leyendo

Una bruja en la Montaña

Una  bruja  en la Montaña

Cuento por Jorge Gabriel Robert

Camarones- Chubut

Se llamaba Secundino Linares el hombre que partió desde esta casa situada en un valle en la montaña.

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Cuentitos de la Abuela Irma

El Peligroso Paseo de la Momiaaaaaaa

Cuentitos de la Abuela Irma

Una vez  una Momiaaaaaa, salió de una de las Pirámides donde la habían puesto unos sacerdotes egipcios, para que estuviera allí por muchos  muchísimos  años, mas años que los que puede vivir un elefante.

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DETRÁS DEL CRISTAL

DETRÁS DEL CRISTAL

Por María de las Mercedes (1)

Dedicado a Elsita y Jorge Robert

EL CUENTO DE HOY

Las gotas resbalan formando hileras con espacios suspendidos; una tarde más de lluvia del verano que agoniza. Inútil lucha, del deseo opositor. Las noches ya traen los fríos, en las puertas del otoño.

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Detrás del cristal, cansados los ojos de miradas robadas al tiempo, Juana hurgaba en el recuerdo, que se le negaba.

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