Hemeroteca de la sección “historias de gente sin historia”

—–Hola quien es ?…

—–Hola abuelo, soy Ignacio ayer fuimos a la fiesta de casamiento del amigo de papá, en un salón en la terraza de un edificio de 34 pisos.

—— ¿Te asusto la altura? 

——Nooo, mamá me dijo que ahí estaba la Panificación donde vos trabajabas

——Si  es cierto, cuántos recuerdos….. Me gustaría contarte.

——Bárbaro, mañana  sábado voy a tomar unos mates contigo.

——Te espero.

Ese sábado:

—-¡¡¡A bueno¡¡¡ con factura y todo, te voy a invitar más seguido.

—–Dale,  dale contame que me interesa.

—–Bueno, recién había cumplido los 19 años y me despidieron de una empresa importante, imaginate, con novia y sin trabajo,

—–Era linda la chica.

—–Muy linda ….es tu abuela, bueno sigamos, un  día sin laburar,  y ya estaba loco, le cuento a un amigo y al otro día me presenta a su jefe en Panificación Argentina.

Me  hacen unas pruebas de escritura y caligrafía y me dicen el lunes empieza, yo contento pero no entendía nada, mi amigo (Néstor Pérez) me dice:

—- ¿no querías trabajar, ya está?

Llego el lunes, eran las seis de la mañana, (en el mismo lugar donde fuiste a la fiesta entonces se llamaba Canalejas.)   Me explican mi tarea, se trataba de realizar una libreta del recorrido de los repartidores de pan donde figuraban todos sus clientes para que en caso de ausencia del repartidor los clientes no se quedaran sin pan.

 Yo debía ir sentado en el carro al lado del vendedor y escribir todos los domicilios donde entregaba sus productos, lo que más me gustaba de esto es que estaba nuevamente cerca de mi amigo El Caballo.

Hacer una libreta de recorrido no era muy sencillo, no podías perder detalle, desde que salías del corralón hasta su vuelta, por ejemplo, comenzaba así: carro sale de (sucursal) toma a la derecha por calle larrazabal hasta el número 991 a la derecha Emilio Castro  cruza la avenida Gral. Paz,  sigue por Marconi al Nro.1299 a la derecha Av. San Martín  toca bocina en el 2532, varios clientes, sigue  en la primera a la izquierda,  1ª derecha Cerrito, 1ª Esq. Frente al Nº 2312 bocina, varios clientes, carro atrás ,1ª derecha, y así todo el recorrido, era lo que ahora llamamos GPS.

Vale señalar que la mayoría de las calles eran de doble mano y que el tráfico no era el actual, también en la libreta se colocaba el horario.

—–Abuelo, ¿ese fue un laburo de poco tiempo?

—–No, los repartos fueron mas de 600  en  mas de 10 sucursales y estaciones de carga, y algunos repartidores tenían un recorrido lunes, miércoles  y viernes  y otros los demás  días

También había repartos muy largos que la libreta las hacia en 2 días .Era lindo y me pagaban muy bien, lo único que los sábados trabajaba a veces hasta la ocho de la noche.

 A me olvide de algo, los carros que su verdadero nombre es jardinera (luego te explicare la diferencia) era tirados en casi todos los casos por un caballo o yegua y según las zonas de barro o repartos muy largos era ayudados por un mulo que atado a un balancín colaboraba cuando fuese necesario.

La confección de las libretas demando casi tres años, conocí gente, lugares y peripecias sobre todo los días de lluvias con anegamientos donde las jardineras se hundían en el barro y resultaba muy difícil continuar.

Te hablé  de sucursales y estaciones de carga, y  te cuento, en las sucursales a las 6 de la mañana llegaba la carga en furgones semirremolque con puertas en ambas puntas y se procedía a bajar  el pedido que se  cargaban en las jardineras y salían a su zona.

Estaciones de carga le llamábamos a lugares alejados de las sucursales donde los camiones de la empresa acercaban la mercadería. Estas estaciones eran los domicilios de los repartidores en donde guardaban las jardineras y los animales que en la mayoría de los casos eran de su propiedad, en estos casos la comisión resultaba distinta.

En casi todos los casos el carro resultaba chico y entonces se implemento el segundo servicio que consistía en acercar después del mediodía por medio de camiones a un lugar determinado un agregado al pedido,  algo revolucionario para la época .

Me acuerdo cuando esperaban el segundo servicio se juntaban varios repartos  y el primero en llegar (siempre el mismo) asaba unas tiritas  de carne., por el pan no teníamos problema.

Bueno se acabo mi trabajo en  la confección de libretas ¿y ahora? – Pedí al gerente ya que había quedado conforme que me diera algún trabajo en la sucursal Liniers en la calle Larrazabal 475, dado que yo vivía a pocas cuadras. Me lo concedió y al poco tiempo fui instructor de repartidores.

—¿Instructor?,  En que consistía…..La gente rotaba mucho, algunos pensaban que ganarían mucho en poco tiempo otros no se adaptaban, lo cierto que no parábamos de capacitar a los nuevos tanto en la venta de los productos como en el cuidado de los animales.

Lo que más me gustaba era el trato con los caballos, me recordaba a  la venta de frutas desde los 10 años, luego de hielo, las corridas con el tarro de leche, donde las casas estaban abiertas,  entrábamos hasta la cocina  y dejábamos la leche en el jarro que la señora había dejado sobre la mesa,  (que tiempo, si dan ganas de llorar).

Volvamos al tema…luego se implementó algo que mejoro todavía más las ventas, a cada instructor nos adjudicaron la responsabilidad de 12 repartos y un repartidor suplente al cual mandábamos un día con cada reparto para que en el caso que faltara el titular, utilizando la ayuda de la libreta no quedara nadie sin pan

Se daba muy seguido y en  los casos que faltaran 2 entonces salíamos los instructores al reparto, lo que nos convenía pues estaba además la comisión de la venta. 

Pero no era todo alegría, recuerdo algo muy triste, un día lunes muy lluvioso, en la zona de González Catan tenia que cruzar el arroyo donde solo se veían las barandas del puentecito, faltado unos 30 metros el tordillo perdió pie y cayó, a pesar de todo lo que hice murió ahogado por no tener un cuchillo para cortarle la barriguera, algo que me duele después de más de 50 años. Cuando el agua bajó vi que  el puente no estaba, el tordillo me salvó la vida.

Algo mas alegre  sucedía cuando al no salir a repartir debía contestar la queja de algún cliente en su domicilio, al  cual iba  con un sulky muy liviano con mi yegua trotadora, y al terminar pasaba por mi casa (a tomar unos mates con mi suegra, ya me había casado).

En algunas oportunidades sobre todo  época de invierno  que oscurece temprano cruzaba con el sulky la plaza Santogiani y haciendo sonar un silbato asustábamos a las parejas que estaban en conversaciones amorosas ,te puro travieso (que malo).

Pero todo se termina, llego la prohibición de la tracción a sangre  y la venta de panes sin envoltorio….En junio de 1969 salio el ultimo reparto y todos los que teníamos relación de dependencia pasamos a la Central en Caballito, donde ahora esta el edificio con que comenzamos este relato.

Imagínate la tristeza de los muchos trabajadores que tenían relación con los carros y los caballos, a los caballos se le enseñaba a trabajar en terrenos cercanos,  por nosotros mismos , en cuanto a los carros que se fabricaron en la misma empresa y ahí mismo se reparaban todos estos ESPECIALISTAS se quedaron sin trabajo.

A partir de ese momento se incremento la propaganda de los panes envasados entre ellos el famoso Pan Lactal  que serian comercializados por medio de un camioncito con forma de pan que tocaría un timbre en las esquinas mientras que un grupo de propagandistas nos adelantábamos  cien metros llamando a las puertas y entregando un vale gratis para retirar un Lactal en miniatura.

Lo hicimos durante alrededor de un año, pero no dio resultado, entonces la empresa opto por la venta a almacenes, despachos y algún supermercado que iba apareciendo.

De nuevo la incertidumbre (ya tenia una hija, tu  mamá)  ahora ¿que trabajo me darían?.

Todo ese cambio en la comercialización requería de una oficina de control a la cual denominaron  Oficina de Control de Ventas, allí fui a parar no muy a gusto porque el cambio fue muy notorio, de estar todo el día en la calle a encerrado en una oficina, pero mi jefe (un sabio) lo dedujo y me enviaba a los reclamos de facturación y yo contento. También  se abrió una sucursal en Mar del Plata y cada 2 meses iba a tomar el inventario

Pasaron unos años y llego el premio, El subjefe de la sección se retiraba y me recomendó para ese puesto.

Fue un trabajo muy  agradable, mucho trabajo pero muy agradable, se trabajaba en equipo y contra reloj, cada uno tenia su tarea, se  trataba de la facturación de los repartos que ya se realizaban con camiones a los cuales denominábamos reventas.

La facturación debía estar lista antes de las 12 hs.

Si  alguien por alguna razón se atrasaba, los compañeros le ayudaban, éramos la envidia de las otras secciones.

Como mi horario era de 7a 14 Hs., Comencé a hacer extras en la sección costos y luego en compras, por  varios años.

—-Abuelo y cuando empezaste a sacar fotos? 

—–Más o menos para ese tiempo, fue  el 9 de Julio de 1971, tu mamá estaba en el jardín, salita  de 3 y le avisaron a tu abuela que le darían  la bandera nacional, imagínate la bandera nacional y yo de foto nada.

 En ese momento mi jefe en compras (Atilio Falseti) que  era el fotógrafo de la iglesia Buenos Aires, lo consulto, y no solamente me asesora sino que me presta una cámara y me salen unas fotos bárbaras , luego con la ayuda de el (me llevaba a casamientos) fui adquiriendo práctica y hasta el día de hoy no paré como fotógrafo.

—-Bueno dale cambia un poco de yerba y seguimos, ésta  es brava.

Habíamos armado con todo el personal una biblioteca en una oficina que al poco tiempo nos resulto chica, nos dieron otra mucho más grande y la otra quedo vacía y olvidada.

Yo había decidido estudiar peluquería de caballeros en el momento de la incertidumbre laboral y tenia unos pocos clientes en mi casa  a quienes atendía luego de la cena,  y me dije, de  las 13 a las 15 los jefes no aparecían y arme mi propia peluquería (de contrabando) en la oficinita que estaba vacía. Luego me entero que las chicas también tenían su peluquera.(Titi) Los sábados el horario era hasta las 18 hs, y la tarifa era a voluntad, sacaba  mas que mi sueldo

Esto duro 5 años, hasta que nos mudamos a San Martín..

Para esta fecha ya había nacido tu tía Valeria.

En San Martín cambio todo, la empresa compró marca, edificio, y personal que al pensar que seria despedido estaba a la defensiva ,se trabajó durante largo tiempo con mucho recelo.

Cuando las cosas se normalizaban cayo el balde de agua helada, Panificación Argentina vende, Fargo compra,todos nuevamente soldados rasos, a ganarse el puesto con feroz competencia.

Pasa el tiempo. Entre otras cosas me encargo de pagar los sueldos, se abonaba en efectivo, mensuales y quincenales  se ensobraba el dinero que traía Juncadela a las 3 de la mañana. Quedo como 2º jefe en el año 1985 y a los dos años se jubila el jefe de la sección  y gran amigo Américo Aliberto y quédo como encargado  de intendencia.

Intendencia….Una sección importante, entre  sus tareas estaba, pagar  sueldos mensuales, quincenales  anticipos, entrega de ropa y calzado a todo el personal, pañol  de librería y formularios a todas las secciones, impresión de algunos formularios por medio de rotaprint.

Bien esto es más o menos lo que ocurrió hasta el año 1999.

Llegaba la crisis, el  grupo inversionista Exxel compraba acciones de varias empresas y para achicar costos,  “lo  mejor ” era despedir personal” .Fargo despidió alrededor de 700 personas.

La idea era que cada jefe de sección eligiera a quien arruinarle la vida, como no lo lograron despidieron por edad, de  mayor a menor, como en mi sección hacíamos los certificados para el anses.a mi me dejaron para el final  29 de Abril de 1999, día del animal.

Luego de 38 años,  quedarme sin trabajo me pareció el final de la vida pero Dios me hizo ver que no era así, después  de varios días de estar como boleado me asesoró que con los años de aporte que tenía no debía preocuparme por seguir aportando y eso algo me tranquilizó.

Ahora tenía igualmente que hacer algo para mantener la cabeza y el cuerpo en movimiento, y siguiendo el  consejo de un gran amigo continué  con la fotografía, esta vez nuevamente con mis amigos los caballos.                                      

Comencé en la feria de mataderos gracias a algunos gauchos que luego fueron grandes amigos, entre ellos Horacio Canda y Oscar Denegri.

Gracias a Dios sigo en la huella hasta el día de hoy.

                                                    

Alfredo P. Gualdi.

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Matilde.   (Mujer  guerrera y fuerte) Cuento.

A ciento treinta y cuatro años de su nacimiento, tratar de buscar algún rastro que permita  saber cómo fue  la vida de una persona, es una misión casi imposible.

Tirando  de la punta de un hilo pude llegar  a comunicarme con   la nieta de Matilde., casualmente llamada también Matilde.

Reacia  y  cautelosa al principio,  o posiblemente poco interesada en  traer a la luz una historia del pasado  que no le  era prioritaria.

Con esta barrera tuve que ir  sonsacándole  información, idas y vueltas que llevaron muchos meses para un pobre resultado.  Lo   recopilado  no fue suficiente pero con habilidad,  imaginación, sobre aquellos tiempos, se pudo  armar la  vida,  y descendencia de Matilde. Una vida que comenzó en 1885.

Su padre Rodolfo Guillermo, nació en Alemania   1851. Se radicó en Poznan Polonia,

 Años después ocupa  un cargo en la delegación de Alemania en España. Allí contrae matrimonio con Ascensión Ramírez  Medina, y viajan a la Argentina, arribando al país en 1882 donde nace su primer hijo varón.

Tuvieron antes una hija Llamada Luisa  nacida en  Malaga España en 1880  quien falleció  siendo muy niña.

Inicialmente se radican en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, y allí probablemente, haya nacido Matilde en 1885.  

A los pocos meses del  nacimiento de  Matilde, se trasladan a la ciudad de Mendoza.

Poco tiempo  después la familia se establece  en la   villa Malargue.  Don Rodolfo es uno de los fundadores de la villa  en 1886.  Fue contador de la estancia Orteguina  propiedad del  General Rufino Ortega Molina, quien fuera jefe de la  cuarta división expedicionaria  al desierto entre  los años  1884 y 1887.

La  infancia de  Matilde transcurrió  en el campo  al igual que la de su hermano Ernesto  Quien ya contaba con 3 años. 

En Julio de 1888 nace su hermana  Elena, y en 1889 Sofía.

Don Rodolfo dedica dos años a la explotación minera en la zona de Malargue. En 1892 deja la villa y se radica en Buena Esperanza San Luis  para dedicarse a la ganadería.

Los cuatro hermanos comienzan la escuela primaria  en Buena Esperanza.

En Febrero de 1900 la  familia  se radica  en el pueblo  Laboulaye Córdoba, nombre dado Por Domingo F. Sarmiento,  en homenaje a un ilustre  amigo suyo que vivía en Francia, que tuvo ese privilegio aun sin conocer las pampas Argentinas.  Hubo por esta zona, años antes  un caserío llamado “La Cautiva” que bien merecía haber sido el nombre del pueblo.

Rodolfo ingresa como administrador de campos de una sociedad Belga  en el paraje Colonia la Providencia,  sin desprenderse  de la  adm.  Ganadera  en San Luis.

Matilde, la “Alemana” como la llamaban los vecinos de la Colonia,  recién había cumplido los 15 años. Ayudaba  a su madre en las tareas del hogar, la huerta, cuidado de frutales y aves. Al ser la mayor de las hermanas debía también ocuparse de la atención de Elena y Sofía.

Durante las tardes luego del descanso de la siesta obligatoria  Matilde conversaba extensamente con su padre. Este le  había enseñado muchas palabras en alemán, y  algunas canciones típicas.  Ella las cantaba en las reuniones familiares o en algún acto en el pueblo o escuela rural  de la Providencia. También amaba la lectura y la pintura.

Escuchaba  atentamente como Don Rodolfo le hablaba  de quien fuera su padre, Ernest. Un gran patriota y luchador en  conflictos ocurridos en  1848 en Polonia.

Don Rodolfo le leía las cartas que Ernest, su padre enviaba a su abuelo Antón Ferdinand, relatándole los acontecimientos vividos durante la lucha.

Lo que más la angustió a  Matilde es saber que durante estas luchas , y para prevenir  algún  ataque a  la familia de Ernest , este debió  pedir a su esposa Mathilde Johanne Luise Mab, que dejara su vivienda  de Polonia  y se  radicara en casa de  uno de sus hermanos  en Alemania.

Provisiones al campo.

Una mañana del 1907  llegan Don Alberto y su hijo Vicente de  27 años, en un carruaje trayendo bolsas de harina y galletas desde una panadería del pueblo de Laboulaye para cumplimentar el pedido semanal  de la estancia.  Las tres hermanas  se quedan cerca de la casa observando a los recién llegados. Vicente  carga la bolsa de harina y  la lleva  a la despensa  de la casa,  pasando muy cerca de  Matilde como  para poder admirarla y sonreírle, tan ajeno estaba  de lo que hacía,  que por mirarla golpea la bolsa contra un horcón que sostenía la galería y rompe la bolsa. Matilde se ríe al ver a Vicente  lleno de harina.  Don Rodolfo reprende a las niñas y las manda al interior de la casa.

El reparto de harina  se  hacía cada semana, siempre los  viernes.

En la siguiente entrega  no vino Don Alberto, su hijo lo convenció que él podía llevar el encargo y arreglarse solo.

No llego a pasar  un mes cuando  Vicente habla con   Don Rodolfo y   su esposa solicitando visitar a su hija como pretendiente.  Aceptada esta primera solicitud, no pasa mucho tiempo para pedir a matrimonio a  Matilde quien  recién cumplía 22 años.

Todo fue muy rápido. Asunción acompaño a su hija hasta el pueblo y allí  eligieron todo lo necesario para la próxima boda.

Celebrado el casamiento  por civil e  iglesia  se reúnen en  una  sencilla  fiesta  familiar en  la Colonia La Providencia… El matrimonió se trasladó a  una vivienda que la familia de  Vicente tenía  contigua a la Panadería  las Flores en el pueblo de Laboulaye.

A mediados de   1909   Matilde tiene su primer hijo, quien en bautizado con el  nombre de Vicente.

Matilde  aprende rápidamente los secretos de la panificación y repostería  atendiendo la panadería junto a su hermana  Elena  que se destacó en la parte de masas finas.

Matilde fue muy solidaria frente a la necesidad de la gente A diario se acercaban a la panadería a pedir pan del  día anterior. No solo se llevaban pan, también les daba harina, recortes de masa, y factura sobrante.

Acompañaba a su esposo en el reparto de harina y pan por las estancias vecinas,  el reparto se hacía   con  carro cerrado  tirado por un caballo.

Había varias familias de aborígenes, que luego de  la campaña del desierto de Roca,  habían quedado  dispersos y sin recursos,  esta familias habitaban  un par de hectáreas de  tierras  de  bajo rendimiento  que eran en su mayoría bañados  cercanos a la laguna  la  amarga, no explotadas ni se conocía a sus dueños .

A estas personas Matilde les dejaba harina y pan en forma gratuita, muchas veces les llevaba tarros con leche, ropas, frazadas,  para los niños.

Gestionó  el ingreso de estos niños a la escuela primaria cercana ayudando con libros y útiles escolares.

Hablo con  estancieros de los campos vecinos para que den trabajo rural  a los aborígenes. Esta solicitud no fue recibida con agrado, pero debida a la amistad y trato comercial con los dueños de la panadería del pueblo, logro ubicar a los más jóvenes en trabajos del campo. Con el tiempo y observando su dedicación, los estancieros permitieron que esta pequeña población, no más de 20 familias se alojaran en  viviendas rurales como puesteros.  Cada familia tenía su propia huerta, frutales y  aves de corral.  Mejorando la forma de vida, alimentación y crianza de sus hijos.

Todo esto en forma anónima. Gracias a  la rubia del pan como los originarios  la conocían.

Si bien ni Matilde ni Vicente comentaban  en Laboulaye  estas acciones solidarias,  la murmuración o  chismes en los pueblos chicos se saben.

Luego de algunos años y con motivo de un aniversario de la llegada del ferrocarril y fundación del pueblo, el intendente  Juan Macé  organizo una reunión en el salón de la sociedad de Fomento    invitando a las damas Benefactoras  del pueblo,  a los ciudadanos Ilustres  pioneros y también a todos aquellos que hicieron con su esfuerzo  la transformación de Laboulaye.

Entre los invitados se incluyeron a los primeros herreros, alambradores, carniceros, ordeñadores, dueños de bares hoteles, Almacenes de ramos generales, tiendas molinos harineros  y peones rurales.

No falto una tarjeta invitando a la Sra. Matilde y su esposo Vicente panaderos del pueblo  como vecinos  protectores de la comunidad indígena.  A quienes  se les hace entrega de espigas de trigo  metálicas doradas, enmarcadas con madera de  lanzas, en agradecimiento.

Presidian el acto  Las damas de beneficencia  vestidas de largo con enormes sombreros adornados de  flores y plumas.,  Quienes al ver ingresar a los trabajadores del campo, no pudieron fingir beneplácito  viendo como  el intendente los  iba recibiendo  y dándoles ubicación  cerca de la autoridades.

Lo  que más les molestó a  estas  damas, fue la distinción otorgada a  “Los Panaderos”  apodo que ellas les habían asignado. 

La Panadería fue creciendo y  debió ampliarse, llegando a ser la más  importante del pueblo, por la calidad en la elaboración de panes y tortas. Los repartos se hacían con furgones motorizados, y el negocio familiar se  amplió  también con la distribución de harinas de un molino harinero de la zona.

Matilde tuvo cuatro hijos  y continuó viviendo  en Laboulaye.  Terminaron  sus  continuas mudanzas a las que se había acostumbrado por las obligaciones de su padre.

Al  haber estado  desde niña muy cerca de los indios, debido al trabajo de su padre  y los relatos que escucho  sobre la vida  y costumbres de los  nativos fue por ello que   la ayuda otorgada  no significo un obligación , sino una elección que la llenó de felicidad.

Luego de fallecimiento de su esposo Vicente siguió  al frente de la panadería.

Trabajo en ella con la valiosa ayuda de Elena, su hermana soltera y de su segundo hijo Alberto.

En 1965 y a los 80 años falleció Matilde.

La Panadería  siguió algunos años más y luego  cerró definitivamente.

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Autor: Pablo Etchevehere

La abuela Perla tiene 96 años y una memoria cibernética, chiquitita, toma mate frente al televisor todas las tardes. Está cuidada por una joven paraguaya que la acompaña permanentemente y la visitan regularmente el hijo que queda, los nietos los bisnietos y un pequeño tataranieto.

La abuela Perla es una anciana feliz. A veces se pone triste y se acuerda de su juventud en las primeras décadas del siglo XX. – Sabes hijita, le dijo a una periodista que la vino a visitar: – que fui bailarina, jajaja, bataclana dicen por allí. Quería ser lo que eran Tita Merello y la negra Bozán. Quería bailar en el Chantecler o en el Maipo, pero solo conseguí bailar en un cuchitril de mala muerte llamado “RE-FA-SI” En el año…, haber, 33, si la primavera del 33, bailaba en el “RE-FA-SI” junto con veinte chicas, “veinte caras bonitas veinte” voceaba un sujeto en la puerta del teatro, -”

Pasen y vean señores, las mejores chicas de Buenos Aires, las mas descocadas se los aseguro” Allí bailaba yo, actuaban un cómico, que imitaba a Sandrini, le decían Pepito, un mago y Margot Mellián, una primera figura que bailaba y cantaba tangos como Asucena Maizzani. Un día que estábamos ensayando la nueva revista “Cantando y bailando en primavera” llegó al teatro un empresario paraguayo el señor Fretes. Este hombre era amigo o socio de Samuel Kilesky, nuestro empresario. Fretes pidió cinco bailarinas para realizar una gira de un mes por Paraguay. La finalidad era animar a los heridos de guerra que estaban alojados en el hospital de sangre de Asunción. Muchas chicas tenían hijos, unas pocas eran casadas y al final fuimos elegidas cinco solteras y la mujer del mago, Gerta, una misteriosa alemana que apenas hablaba español.

Nosotras seis, la cancionista Margot Mellian, una chilena que cantaba como un pajarito tangos, y el empresario Fretes nos embarcamos una mañana en el vapor Ciudad de Rosario y partimos a la guerra. Cuando llegamos a Asunción, por entonces una urbe provinciana llena de heridos, soldados, comerciantes y prisioneros bolivianos que limpiaban las calles o simplemente pedían limosna, nos esperaba en el puerto la mujer de Fretes Madame Petra, una polaca entrada en años que quien sabe por que infortunio de la vida fue a parar a Asunción.

De allí nos trasladaron en tren a Paraguarí a poco más de una hora de la capital, donde se encontraba el campamento de Cerro León, el histórico gran cuartel militar del Paraguay. Allí en infinidad de tiendas de campaña se reponían los guerreros que eran evacuados enfermos o heridos del campo de batalla en el Chaco Boreal. En una gran tienda pudimos ver decenas de camastros alineados, donde encontramos heridos graves casi todos con miembros amputados o ciegos quemados por los gases y los lanzallamas que los alemanes vendieron inescrupulosamente al gobierno de Bolivia. Un herido me aferró la mano.

Fretes se paró en medio del salón acompañado por un médico que bajo su guardapolvo blanco llevaba el uniforme de coronel paraguayo. Dijo algo así como soldados y oficiales les presento a las cinco caras bonitas de Buenos Aires cinco, y a continuación mientras nos aplaudían sin mucho entusiasmo, médicos y enfermeras, entró a la carpa un grupo de músicos de mediana edad uniformados que comenzaron a tocar tangos y foxtrot.

Nosotras bailamos, bailamos y por un momento nos olvidamos donde estábamos. Al atardecer nos llevaron a un hotel, donde la policía militar tuvo que custodiar los desmanes de cientos de borrachos que sabedores del alojamiento de las bailarinas cerca de los regimientos, decidieron asaltarnos con vaya a saber que intenciones.

Al día siguiente en vapor partimos para Puerto Casado, la población más cercana a las línea de combate que se extendía a unos cien kilómetros de esa población, final de las vías ferroviarias que la unían con Isla Poí, el epicentro de la guerra y asiento del Estado Mayor paraguayo y su comandante el General José Felix Estigarribia.

 En Puerto Casado, nunca vimos tantos solteros. La Maga Gerda se prendó de un Oficial Ruso blanco exiliado, que hablaba alemán y servía al ejército del Paraguay como Ingeniero buscador de agua en el desierto del Chaco. La maga hizo desaparecer como por arte de magia el recuerdo de su propio marido Gustav, ex oficial alemán en la Gran Guerra, quien disimulaba su brazo vacío bajo la capa de Mago.

El resto de las chicas se fijaban en los jóvenes oficiales guaraníes siempre sonrientes pero valientes hasta la temeridad. Un herido me pasó un papelito que decía: “Marcio López, Cadete”. Era un chico de mi edad, no más de 18 o 19 años, sus manos eran finas y la herida en el hombro había cicatrizado. Me acerqué a él y hablamos. El Cadete me contó que estudiaba en el Colegio Militar de Asunción, cuando fue movilizado con todo el cuerpo de alumnos a la batalla de Boquerón y allí estaba, pensando que pronto le ascenderían a subteniente. Le di la dirección de mi madre en Adrogué y me fui, porque me sonrojé, en el momento que Marcio me dijo que cuando la guerra terminara me iría a buscar a Buenos Aires.

Pasaron tantos años. Claro, luego de un mes volvimos a la Argentina, con la experiencia fuerte de haber bailado a metros de la guerra. Y me dediqué al cine, me casé y luego me separé de un actor de tercera categoría quieme dio un hijo, Carlos el mayor de los tres retoños que alegraron los días de mi existencia. en 1948, ya había muerto mi madre y yo andaba por los treinta y pico. Un día bariendo la vereda se acercó un hombre, me preguntó si era Perla, le dije que si, me dijo soy Marcial el cadete de Puerto Casado. Lo invité a pasar y hablamos. Me contó que recién llegaba a la Argentina para buscar trabajo. Que luego de la guerra siguió la carrera militar hasta Capitán, pero que una revolución perdida lo había dejado fuera del Ejército y que sobrevivía haciendo changas. Dos años después nos casamos y vivimos juntos 40 años, hasta que falleció.

Tuvimos dos hijos muchos nietos y bisnietos. La guerra del Chaco Boreal que a tantos separó, a nosotros nos unió; cuando cinco caras bonitas, cinco, alegraron un ratito a cientos de heridos en un campamento lejano del misterioso Paraguay.

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La Pampa  Indómita

Foto  de  portada:   MARIO GUSTAVO FIORUCCI ( El Calden)

Había caído la tarde en  el  campo de Telen.

Don Ernesto se sentó  en un tronco de caldén que había tallado con hacha y  machete para su uso.-

Su forma semejaba un  sillón con asiento y respaldo,  un cuero curtido de oveja  lo hacían más confortable.

Su mirada se perdía  en los caminos que una vez fueron las rastrilladas indígenas. El crepúsculo era el único momento que tenia para recordar.  Se sumía en esos recuerdos  y seguramente hacia un  reconto de su vida. (más…)

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Caballito, inmuebles  recuperados.

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(*) Ubicado en el corazón geográfico de la ciudad de Buenos Aires, el barrio de Caballito no fue hasta la primera década del siglo XX sino un barrio periférico, refugio de los porteños en búsqueda del descanso de sus quintas.  A mitad de camino entre el antiguo casco colonial de Buenos Aires y el tradicional poblado de San José de Flores. Fue la llegada del subterráneo en 1914 lo que lanzó una carrera de progreso y transformaciones, que elevaron a este barrio a la categoría de céntrico.  (más…)

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La Canasta de Don Paco

Historias de vida

canasto de almacen

En el terreno de la esquina teníamos un sector para quemar hojas y cosas en desuso.

El terreno lindaba con dos casas y tratamos siempre  de mantenerlo limpio y prolijo

Una mañana se acerca mi vecina  * Ana Cubero, y me dice:

—-te dejo esta canasta para que cuando enciendas fuego la quemes.

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Historias de gente sin historia.

El legado de Francisco, el albañil.

francisco

La puerta azul:

Una cosa trae la otra.,  Luego de  algunos años de clausuras y demoras, se continuó la obra de ampliación de  la que fuera la casa de Nicolás Giardelli, vecino de caballito.

 

Solo queda para recuerdo la puerta azul, aquella que fuera la entrada a la casa chorizo.Repasamos algunas fotos del antes y después y sin irme por las ramas como acostumbro entraré   en el relato de la Historia de gente sin Historia, a la  cual llego luego de ver el trabajo de estos albañiles (más…)

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Viajando desde las antiguas cartas de amor a los mails.

Por Yolanda Noemí

Caucete

San Juan

cartasamarillas

foto de portada (*)

Quiero relatarles algo que marcó mi vida en mi adolescencia.

No deseo caer en una improductiva  nostalgia., No estoy aferrada a lo antiguo, pero  soy observadora de conductas o acciones relacionadas con lo afectivo del presente que me espanta.

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Mi Amigo “El Ciruja”

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Como es mi costumbre, antes y después de hacerles  conocer  al principal protagonista de este relato, los ubicaré en el tiempo, y lugar en la cual se desarrollaron  los hechos., destacando,   personas y personajes de esa época. (más…)

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Don Ernesto, por  tierras de secano.

Carlos von Zedtwitz

La importancia de llamarse Ernesto es una comedia de Oscar Wilde, que trata sobre las costumbres y la seriedad de las personas.  Su traducción literal sería La importancia de ser “serio.”

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José y Alicia. Timba y Amor

Autor: Carlos von Zedtwitz

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Sin ánimo de inmiscuirme en la vida pasada o presente de las personas, considero que cada ser humano deja  algo bueno o malo  en su  paso  por este mundo,  que podemos  relatar.

Así es, y continuando con   mi costumbre de acercarme a las Historias de gente sin historia, les voy a contar sobre esta pareja de otros tiempos que NO  llegó a ser un matrimonio, sencillamente porque ella era separada y “sin voluntad de unirse”

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Historias de Gente sin Historia

Hoy.  Sra.  Catalina Marino

Recuerdo aquel  4 de marzo del 2010, cuando el amigo Jorge Gabriel Robert nos envío  una nota que comenzaba así:

“Eran dos hermanos; Feliciano y Antonio. No sobresalían en nada. No tenían pasta de héroes.”

Y que mejor que titular esta nota como Historias de gente sin historia,

A partir de ese momento irían apareciendo muchas historias mas que cabían perfectamente en este rotulo.

Profundizando el contenido, nos dimos cuenta que estos seres, casi anónimos escondían un riqueza de vida que nunca había trascendido  hasta el momento de darles con esta sencilla publicación, el lugar que debían ocupar por sus cualidades. (más…)

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Historias de vida

Alfredo Gualdi

Muchas historias las hemos desarrollado basándonos en  personas que transitaron el camino de la vida sin haber llegado a la fama o a ser ilustres en algo.

Las llamamos “historias de gente sin historia.”

Pero si nos detenemos y repasamos los hechos de cada una de ellas,  nos daremos cuenta que no fue necesario que su recorrido por la vida hubiese llegado a un libro, a la radio, el cine, teatro  o televisión.

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«Historia de Gente sin Historia»

CHUÑA” el del BOMBO

Autor:  Miguel Angel Retrivi.

Lito de Bernal

Hoy les voy a “ Narrar”, una pequeña historia de vida, lo de pequeña es según, como uno entienda la misma, esta tiene algo que ver con mi “Ciudad-Pueblo”…¡ Bernal ¡…y….la misma me trae recuerdos de mi niñez…¿Saben por qué?…Porque tiene que ver, con el “ Batallón de Exploradores de Don Bosco” (más…)

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