COREANOS, UNA MIRADA

Autor Ricardo Andresik promocion 53 año 1964

RIcardo Andresik

Hace unos días fui invitado a recibir un reconocimiento de la Policía Federal en mi condición de ex agente conscripto (decreto Nº 18.231/50), también conocido como “coreano”.

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Ese día me sentí “bien”, fue algo así como un reencuentro con parte de mi historia. No puedo pasar por alto mi sincero agradecimiento a quienes hicieron posible ese acto. No se me escapa el esfuerzo puesto de manifiesto para disponer de la Escuela de agentes y suboficiales, completa, con bandera y banda. Además la presencia respetuosa de oficiales superiores y la calidez que demostraron todos los policías que nos atendieron.

Por esto manifiesto a la Policía Federal Argentina mi profundo agradecimiento.

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Pero aquí no termina la cosa, estos sentimientos que estimo compartieron otros ex “coreanos”, me hicieron reflexionar sobre cuál era la razón de ese sentir.

 

Creo que no todos los que pasamos ese año como agentes necesariamente sientan lo mismo, añoren las mismas cosas, recuerden cosas similares y guarden algún sentido de pertenencia a la institución. Para ello influirán infinidad de motivos, entre los cuales me parece advertir la actitud con que cada uno encaró ese año, creer que era una oportunidad de servir a la sociedad al tiempo que se cumplía con un deber cívico, algunos ya vislumbraban seguir su carrera en ese ámbito; otros, tal vez, buscaron pasarla lo mejor posible, otros ingresaron animados de un espíritu crítico. Otro factor que puede influir en el recuerdo es el destino que a cada uno nos asignaron; así quienes estuvieron en Guardia de Infantería, tal vez no hayan experimentado el contacto con la gente como quienes pateábamos adoquines por las comisarías, por ejemplo.   Ahora bien, pasado ya bastante tiempo que dejamos de ser “canas” estimo que podemos mirar atrás y tomar debida medida de nuestra experiencia.

 

Según la mirada hacia atrás que cada uno haga, dará una explicación del sentir que, como el mío, será resultado de la vida vivida. Tengo la convicción de que, quienes pusimos lo mejor de nosotros – con nuestras debilidades, nuestra inexperiencia pero también con nuestra sana juventud-, como dijera algún colega “quien fue coreano un año, será Coreano toda su Vida”.

 

Aunque parezca arriesgado, trataré de aportar alguna idea acerca del por qué me atrevo a llamar “la mística del coreano”. Esto es, la consideración particular, distinta del común de los ciudadanos, sobre la Policía Federal.

 

La incorporación a una fuerza policial de jóvenes que en su mayoría no permanecerían, como carrera de vida, parecería no ser lo ideal para la institución. Ahora bien, ese grupo de gente que convivió con policías de carrera y percibió dificultades de la labor policial creo que contribuyó a mejorar la relación de la PFA con la comunidad. Recuerdo que una revista publicó una vez un largo artículo sobre la cuestión definiendo que los coreanos terminaban siendo la mejor oficina de relaciones públicas de la policía.

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Siempre buscando alguna explicación a esta corriente de afinidad con la actividad policial, tal vez un factor que logra este efecto es haber compartido las mismas experiencias con “los efectivos”. Las heladas, los plantones, las lluvias, las intervenciones ante delitos o accidentes, me parece que hacen aflorar los sentimientos humanos más profundos movidos por la solidaridad. No podemos tampoco dejar afuera el riesgo potencial que todos teníamos sobre nuestra humanidad. Si bien los tiempos no eran tan complicados como los actuales y las tareas que nos asignaban no eran las más comprometidas siempre el riesgo existía

 

Alguien recuerda a “…Carlitos Maneiro…” caído en el cumplimiento del deber. A mí no se me olvida Juan Lino Barrionuevo caído en 1955, como dijera alguien, “…lo mataron porque estaba allí”; aclaro que custodiaba la iglesia Santiago Apóstol en Núñez. Justamente, se conserva una placa en el lugar, en su memoria. Creo, si no es errónea mi información, que sería el primer coreano caído.

 

Una explicación simple podría aplicársele a este fenómeno atribuyendo todo a la nostalgia de la juventud. Recordemos que una definición de nostalgia nos lleva a una “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”(RAE). Posiblemente así sea, que estemos recordando una dicha perdida. Pero también podemos conjeturar algo más. A los veinte años, cuando dejamos la gorra, nuestra vida podría haber sido intensa pero necesariamente no era extensa. Luego seguimos nuestra vida, algunos con más fortuna que otros, pero seguramente todos sobrellevamos vicisitudes, penas y glorias, que nos fueron poniendo en perspectiva los años vividos; en particular, ese año como “coreanos”. Por esto, algo especial nos habrá pasado ese año para que, con canas pero no siendo “canas”, estemos añorando o al menos recordando esa etapa de la vida con calidez y orgullo.

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Una vez dejada la fuerza, a fines de 1964, me incorporé al trabajo y al estudio, finalizando la carrera de ingeniería. En varios ámbitos que frecuentaba, empecé a notar una cierta tendencia a culpar a la policía de cuanto ocurría. Cierto es que también la institución policial sufrió los impactos de incorrectas decisiones y modificaciones de la cultura que difícilmente pueden caracterizarse como mejoras. Cuando escuchaba estas críticas infundadas reaccionaba, y reacciono, pues me pareció injusto cargar las culpas a la policía, como si fueran de otro planeta.

 

Al día de hoy sigo teniendo discusiones con quienes me identifican como cana. Una libre interpretación mía sobre esto es que hay una tendencia a echarle la culpa a otro y si tiene algún tipo de uniforme mejor. No puede negarse que, como se menciona antes, la institución policial sufrió deterioros y se vio involucrada en acciones criticables; es oportuno entonces considerar una contribución, hecha hace tiempo, por un lector de La Nación que agrego al pie de este escrito titulado “Policías y chivos”.  Es oportuno aclarar que lo que expreso aquí se refiere a la Policía Federal sin  abrir juicio sobre otras policías.

 

Tal vez, hasta el momento en que ingresé a la escuela de agentes y suboficiales para recibir mi reconocimiento de la institución, también tenía la sensación de que, contra mi voluntad, era ajeno a ella. El acto y la calidez recibida me hicieron sentir nuevamente como parte de ella. Me gustaría soñar que algún día nuestra sociedad, los hombres de bien, no se encuentren divorciados, tengan o no uniforme azul.

 

MI PRONTUARIO

Fui agente conscripto en la promoción 53, desde diciembre del 63 al mismo mes del 64. La instrucción la recibí en la Escuela de Cadetes Ramón Falcón, en Villa Lugano. No era, en aquel tiempo, el lugar preferido pero no obstante aquí empiezan aparecer los nombres. El escribiente Carrasco, morocho como pocos, cara de malo, pero lo suficientemente hábil para manejar una banda de jóvenes, el sargento De la Fuente en la guardia de prevención, otro personaje, profesor de judo y preocupado por enseñar la responsabilidad en el manejo de las armas. Los aspirantes que recuerdo Versiglia, Ratti (con quien luego compartiéramos destino en la 35), Camilo Delena, Romano, Américo Fojo, Sabella (el que manejaba el tractor), el telefonista de quien no recuerdo el nombre pero si que era diestro haciendo magia, Roncoroni, Maradelli,Tanoira, Poceiro.

Luego de la instrucción fui destinado a la comisaría 35 en el viejo edificio de la calle Núñez enfrente de la sede de Platense. Allí, parada 1 del cuarto primero, con los oficiales principal Isart, luego inspector Fernández, el jefe del servicio externo el inspector De Cesare, el oficial de guardia subayudante Sciarreta, el cabo 1º Gallo(quien era el que informaba el servicio), cabos Arias, Vega, Bagnato (ametralladorista), Rodríguez (siempre impecable), los agentes Ceballos, Oliva, Burgos (alias la bruja). Finalmente los coreanos Ratti con quien andábamos juntos desde los primeros días, Monti, Miscoria, Da Milano. Otros oficiales con quienes teníamos relación (control de automotores, etc), inspector José Nicolás, subinspectores Méndez, Fernández, Gramano, ayudante Martínez, los subayudantes Stazzone y Aybar, también el escribiente Sánchez, de quien decíamos que era de la época en que los policías usaban kepí (con pica arriba) por las historias que nos contaba. El comisario era Nicolás Paz y el sub Alberto  Parrondo.

 

De cada uno me queda una imagen con una anécdota. Por supuesto que con algunos nos llevábamos mejor que con otros pero siempre me consideré bien tratado y respetado. Generalmente, salvo rara excepción, venía la recomendación “así no agente” o como el cabo 1º Gallo decía “tené cuidado pibe”.

 

Todas las promociones, seguramente tendrán algo especial que contar, algo trascendente. La 53ª junto con la 54ª y 55ª fueron custodias del General Charles De Gaulle, este año se recordó especialmente el 50º aniversario de su visita. Fue un movimiento policial espectacular y brillante. Recordemos que el personaje venía siendo objeto de varios atentados y su físico daba muy como blanco. El despliegue y coordinación fue llamativo y entiendo que recibió el reconocimiento especial del famoso huésped, “gloria de Francia”. Otra cuestión especial que recuerdo fue el plan de lucha de la CGT que nos tuvo “ocupados” bastante; de igual forma una serie de atentados y amenazas contra instalaciones telefónicas que sufrimos con recargos y turno nocturno por un mes.

Ricardo Andresik promocion 53 año 1964

 

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3 comentarios en “COREANOS, UNA MIRADA”
  1. carlosvonz dijo:

    Estimado Ricardo, deseo agradecerte este escrito que mi hiciste llegar ya hace un tiempo.
    Como te comenté vía correo, he querido publicarlo para hacer conocer aquello que llamamos servicio militar en policía Federal.
    Esta, tu historia de vida, me recuerda otras tantas que he leído, y que me fueran enviadas por otros ex agentes conscriptos. ¿Sabes? Es como leer el mismo libro por distintos autores.
    Seguramente que esos momentos que vivimos durante un año, quedaron marcados en nosotros.
    No ayudaron a completar nuestra formación y carácter.
    Pero descubrimos también qué, sin darnos cuenta hemos fortalecido o rescatado la imagen de aquella policía Federal Argentina, como se decía “La mejor del mundo”.
    Coincido contigo que la sociedad en general ha tomado distancia de aquel policía del barrio, ese que llamábamos el agente de la esquina.
    No es momento, ahora de profundizar sobre motivos y culpas.
    Pero algo es concreto, nuestro anhelo de volver a ver a ese agente que ayudaba a cruzar la calle a los mayores, cuidaba a los niños, velaba nuestros sueños previniéndonos de hechos delictivos.
    Un poco idealista mi pensamiento, pero con esperanza de que así sea.

  2. Ricardo Emilio Scorticati dijo:

    Estimado Ing. Andresik

    Lamentablemente la placa de homenaje al primer “coreano” muerto en cumplimiento de su deber ya no existe en la Iglesia Santiago Apóstol. Unos delincuentes, como aquellos que lo asesinaron, se llevaron el inmenso homenaje que ese muchacho merecía.
    De cualquier manera el recuerdo de uds., sus camaradas, supera el ingrato acontecimiento y por nuestra parte, en la parroquia, no olvidamos que expuso su vida en épocas poco gloriosas de la historia argentina.

  3. carlosvonz dijo:

    Gracias por su comentario. Aprovecho para consultarle en que localidad está la iglesia Santiago Apostol.
    saludos coridales.
    Carlos

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