Don Ernesto, por tierras de secano.

Don Ernesto, por  tierras de secano.

Carlos von Zedtwitz

La importancia de llamarse Ernesto es una comedia de Oscar Wilde, que trata sobre las costumbres y la seriedad de las personas.  Su traducción literal sería La importancia de ser “serio.”

Ernesto partió hacia la provincia de San Luis antes del 1900.

Allí pondría  en práctica el sistema de agricultura seca, un conjunto de técnicas agrícolas que  permiten el cultivo en terrenos subaridos sin  necesidad de un importante sistema de regadío ya que sigue el principio del barbecho labrado.

Para este  requisito es necesaria la preparación del terreno, así podrá  absorber todas las precipitaciones (pluviales y nivales), esto implica, por ejemplo, roturaciones, también se provoca una ruptura de la capilaridad hídrica del suelo ya que de este modo se retarda la evaporación y se retiene la humedad lo cual suele aumentar la presencia de materia  orgánica en  el suelo así laborado. La retención de humedad permite -generalmente al año siguiente- el cultivo de las plantas

En ese entonces los grandes campos eran  tierras de secano. La  labor y posterior  resultado de la siembra,  estaba librada  a las precipitaciones pluviales anuales.

Cuando hablo de la seriedad de las personas,  en este caso en particular de Don Ernesto trato de entender su actitud en esos tiempos, su ilusión y dedicación para lograr el resultado deseado, que  posiblemente imaginó desde Buenos Aires.

Entonces un día cualquiera del año 1900 lo encontramos en Buena Esperanza, San Luis, mirando pensativo ese horizonte de alfalfares, con su  verde intenso, sus flores amarillas, naranjas, azul violáceo.

Wenceslao Jaime Molins fue poeta, escritor, historiador, periodista y publicista -además de fundador de periódicos.,  y, tal vez, el más brillante declamador que tuviera Argentina. «La Pampa», «Por tierras de secano» y «Selva y montaña» son algunas de sus muchas obras.

Molins inicia un recorrido por los campos de San Luis allá por el año 1917. Su  intención hacer un relevamiento de las tierras áridas, el laboreo, sus consecuencias y la opinión de los colonos. Esta información sería luego volcada en sus libros, un poco como manual de lo que se debe,  o no hacer y no repetir errores.

Errores que algunos habían cometido por inexperiencia, desconocimiento, otros por ambición, apuro en el logro de resultados, deseo de transformar campos arenosos en tierra fértil de hoy para mañana.

Molins llega a Buena Esperanza, allí conversa con el hacendado, José María Imatz, dueño de “La Invernada” Vasco en honradez, en laboriosidad y en cabeza dura, quiso el señor Imatz poner su predio como un tabla rasa. Arremetió sin control, contra le bosque.

…..decía José María con tono despectivo a sus vecinos….

—- ¡Los chañares! ¡Bah! ¿Que son los chañares?  ¿Acaso me van a engordar las vacas?….. Hay que meterle duro a los chañares,…. Si, si muy duro!

Y cayeron los chañares, con sus flores alegres y amarillentas, con su sombra bondadosa, su reparo familiar.

La herramienta, allanó la tierra y llevó el surco de alambrado a alambrado, volcó su simiente la sembradora y espolvoreó la rastra los terrones.

Pero vino el viento bravo y agitó el  guadal y movió las arenas deleznables y sustrajo de la indefensa tierra la semilla indefensa.

—–Yo creo—- nos dice el señor Ernesto von Zedtwitz, administrador de La María Leonor, argentino de cepa, a pesar de su sonante patronímico teutón, experimentado hombre de campo y buen filosofo,….

—-Yo creo,  que la naturaleza resiste hasta cierto punto las iniciativas de la civilización, pero no permite extralimitaciones. En esta zona se ha sembrado alfalfa todo lo que se podía sembrar. Extender los dominios del prado artificial o talar los pocos  bosques que quedan seria pueril…. ¿no le parece que la epidemia de 1916 fue un azote de la naturaleza ante la necesidad  humana, de querer superar su obra, violentando la previsión más elemental?

(Aquí el motivo de nuestra cita “La importancia de llamarse Ernesto”)

 

Dice Molins…….-

— El establecimiento de campo que mayormente me ha llamado la atención en la zona de las grandes invernadas, es, sin duda, La María Leonor de Devoto y Lesca, tanto por la extensión de sus alfalfares, como por la calidad y numero de sus ganados y las condiciones técnicas en que se desenvuelve su industria pecuaria.

Enaltecer el desenvolvimiento de la María Leonor, no importa  menoscabar  la importancia de los establecimientos de la región, máxime cuando estancias pequeñas han incorporado a sus prácticas los adelantos más modernos.

Bien, ¿como capeó el temporal La María Leonor?,  le preguntan al administrador.

—–Descongestionando sus potreros de ganado. Es decir que mientras se desahogaba los alfalfares, se precavía, evitando el pisoteo, y la propagación y avance de las dunas.

La María Leonor esta ubicada en la zona intermedia entre las líneas del ferrocarril Pacifico y Oeste, a una legua de buena Esperanza.

La María Leonor posee ocho puestos construidos de mampostería y techos de hierro galvanizado con dos piezas, cocina y corredor. Hay en todo el campo 385 kilómetros de alambrados de siete hilos, (dos de púa) con postes de quebracho y varillas de lapacho. El servicio de los tanques se realiza con 30 molinos Sampson y Aermotor.

Las dependencias de los  establecimientos se comunican por una red telefónica con aparatos en todos los puestos, con 150 kilómetros de línea, sujeta por palmeras y carillones de lapacho.

Su administrador, señor Ernesto von Zedtwitz, nos informa que tienen el propósito  de ensayar los silos de alfalfa, procedimiento que en la zona esta poco difundido.

Se ha sembrado cebada, avena, centeno, algunos forrajes de importación y algo  de maíz, todo con buen resultado.

——Con sumo  agrado he invertido una tarde entera en recorrer los campos de La María Leonor, cruzando en auto toda la extensión  de sus alfalfares.

La impresión favorable de esta estancia se recoge al trasponer, desde la primera tranquera, junto al puesto de entrada, cuyo aspecto anticipa orden y buena administración.

El edificio central es confortable, amplio bien dispuesto y amueblado con elegancia.

El jardín y la huerta se derrochan hasta donde lo permiten  los vientos y las arenas.

Un plantel de frutales, denuncia el esfuerzo cultural que ha consagrado esta convivencia de árboles en tierras de arenal.

Los ejemplares cuidados con esmero y al reparo del cerco de tamariscos,  tan propios de la zona, fueron traídos de Villa Mercedes, además de  perales, durazneros, manzanos, parras, etc.
Algunos Pinos y robles  completan amablemente el ornato forestal.

Pero la vida de esta estancia esta en sus campos, donde el alfalfar da su eterna nota verde, mientras las vacadas dóciles se desparraman por las vegas, buscan el  agua de las charcas de metal o se adormilan a la sombra seducente de los chañares..

Mucho se ha cuidado durante el traslado de animales,  respeto por los caminos, evitando que permanezcan o deambulen a doquier,  conteniendo la tropa en corrales perfectamente delimitados durante el tiempo de descanso del resero.

El constante moviendo de las pezuñas afloja los suelos y rápidamente lo convierte en arenal.

Y que mejor que recordar al resero

A Bienvenido Tolosa
aquí lo alabo y pondero.
No crean que es para todos
el oficio de resero.

Debe ser hombre tranquilo.
Para los trajines, duro.
Capaz de determinarse
en cualquier caso de apuro.

Pues si no admite floreos
y es trabajo que no luce,
responde por el estado
de la hacienda que conduce.

.

Desde la propia salida
tendrá la tropa entablada
y ha de procurar que marche
bien unida y sosegada.

 

“Anóteme un varón”

Los alfalfares y tareas del campo lo tenían muy ocupado a Don Ernesto.

Un 23 de octubre de 1914, sube a su jardinera americana y se larga para el pueblo de Buena esperanza. Aprovecharía para hacer algunas compras, retirar la correspondencia, comprar el tabaco y lo principal anotar en el registro civil el nacimiento de su cuarto hijo.

Casi sin parar la jardinera,  viendo al empleado de la oficina, como siempre lo veía, en la puerta, sentado, viendo pasar la gente y el tiempo, esperando alguna novedad, le grita.

——Anótame un varón, nació el 18 de octubre, no pude pasar antes.

Casi sin advertirlo, Ernesto apura al tordillo y  sigue su marcha…

—-espere don Ernesto, ¿como se llama el niño?

—Ernesto Rodolfo

— ¿y la madre, la misma?

—si, la misma ché. Uvaldina Ávila.

—- ¿donde nació?

—–en la María Leonor, ¿donde mas?

—-A la vuelta de los ramos generales, paso a buscar los papeles.

El empleado se quedó pensando en voz alta.

—- ¿que me falto preguntarle? Bueno ya veremos, ¡como da criollos el campo!

Mas tarde llegarían:  Jorge y  Haydee completando así los siete hijos.

Unos nacieron en La Pampa, otros en San Luis,  Cordoba, en Buenos Aires  o por donde el trabajo de Don Ernesto lo llevara.

Don Ernesto además de administrar estancias en San Luis, La Pampa y otras provincias, adquirió campos en San Luis, “apostando a la agricultura, ganadería y posteriormente al ganado ovino.

Hoy a la distancia trato de descifrar los hechos que llevaron a Don Ernesto a perder gran parte de sus campos y haciendas.

Pero eso no le restó coraje, tesón,  para volver a comenzar, una y otra vez.

Volver a soñar, tener el justo equilibrio entre un sueño  y una realidad.

Pensar, razonar,  ejecutar.

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso

Si puedes hacer un hato con  tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,


y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar de escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto La Voluntad que les dice:

«! Continuad!». Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella, y lo que es más importante,  serás un hombre.


Pero algo existía contra lo que no se podía luchar, ni en esos  tiempos.

Ni en ninguno. “La adversidad”.

Grandes  y sucesivas sequías, incendios de campos, inundaciones, langosta.

Una a continuación de la otra, a cada caída se levantó nuevamente, hasta que el tiempo y su cuerpo dijeron basta, hasta aquí llegaste luchador, te enfrentaste y desafiaste a las tierras de secano. Venciste muchas batallas, pero ¿sabes?.

Deberán pasar muchos años mas para que el riego sea más que una consecuencia climática, una estadística que asegure lluvias en, NO menos de un registro pluviométrico de 500 Mm. anuales. Menos que esto el resultado se asemeja al azar.

Ernesto, deberás aguardar la construcción de represas y canales que acercarán el agua a tu campo., pero ya no es tu tiempo, tu tiempo fue, lo que diste, la experiencia de lo hecho, para ti y para el análisis de las generaciones que te sucederán.

Tarea cumplida don Ernesto.

Sencillo homenaje a mi querido Abuelo Ernesto von Zedtwitz

1882-1961

Fuente: Por tierras de secano W.Jaime Molins.

Si: Manifiesto de Principios “SI”

Joseph Rudyard Kipling Premio Nobel de Literatura

El resero: narrador y folklorista Justo P. Sáenz

Fotografías del autor.

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1 respuesta a Don Ernesto, por tierras de secano.

  1. Luis dijo:

    La historia de su abuelo es la de muchos inmigrantes, la situación fue muy desesperante lo que llevó a algunos hasta el suicidio, al ver que no tenían para comer ni afrontar las deudas. Es un tema apasionante leer la lucha que tuvieron que afrontar los pioneros, a quienes les tocó el mayor esfuerzo físico cuando la tracción a sangre.

    Con respecto al tema de la agricultura todavía en la época de la visita de Molins a La Pampa los colonos tenían una visión optimista, aunque los más perpicaces se habían dado cuenta, que por debajo de la isohieta de los 500 milímetros la agricultura es una «lotería».
    .
    Cuando llegó la década del treinta allí se terminaron de convencer los más de la rigurosidad del clima continental, porque fue una década de grandes ventarrones, intensas y prolongadas sequías, la plaga de la langosta destruyendo cultivos y para colmo la caída en 1932 de las cenizas que dejó inutil por mucho tiempo campos en la zona norte del Territorio.

    En síntesis los pioneros fueron entusiastas y muy trabajadores, pero metieron la reja del arado en suelo poco fértil, muy arenosos y con escasos conocimientos. El resultado para la zona del noroeste de La Pampa fue dedicarse a la ganadería con una agricultura residual para alimento de ese ganado.

    Luis Roldan

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