El Escritorio del Jefe de Estación. 102 años despues.

fotografia del libro (*)

Juan Carlos sabia que aun existía, la distancia no era un impedimento para poder encontrarlo y adquirirlo.

Viajo a Buenos Aires iniciando  la solicitud correspondiente  ante el actual  concesionario del Ferrocarril  del Oeste

¡Que significaba un viejo escritorio para una empresa administradora de un ramal ferroviario que ya no circulaba.¡

Tramites, entrevistas que  lo llevaron por el laberinto burocrático del  absurdo.

Juan Carlos volvió a su país de residencia sin dejar de pensar en la forma de poseer su tan preciado escritorio.

Enterado de mi futuro viaje a La Pampa me escribió pidiéndome que encuentre la manera de comprárselo directamente a la persona que lo tenía en custodia.

¿Cual era el motivo que impulsaba a Juan Carlos para hacerse del escritorio?

La respuesta fue clara y rápida.

—-yo no conocí a mi abuelo,  el fue jefe de la estación  Santa Inés,  en los  años 1913 – 1914 y  hasta su trágica muerte acaecida en su pueblo, el 29 de enero de 1915.

——Se que el escritorio aun se encuentra en la estación abandonada de Santa Inés.

Fue fabricado en 1912 para el jefe de estación y es mi intención restaurarlo y conservarlo como uno de los pocos recuerdos de su función en el ferrocarril.

El paraje Santa Inés pertenece al partido de Carlos Tejedor y esta ubicada a

460 Km., de la ciudad de Bs.As.

Hasta Tejedor fue un camino por rutas asfaltadas.

Dejando esta ciudad se ingresa en la ruta 70, que aun sigue aguardando el tan prometido asfalto que confirmaría el titulo  de  ruta.

El camino de tierra comienza a introducirte en el tiempo pasado, ese tiempo que las vías paralelas del ferrocarril, gastadas, cubiertas de pasto, con durmientes de madera que aun conservan algo de la fortaleza  del 1900, resistiendo a las inundaciones, al sol y al fuego.

A la vista el terraplén y algunos canales que sirvieron en el 2001 para frenar el avance de las aguas, salvando  algo del esfuerzo de la gente del campo y de los pueblos.

terraplenes

Menos de 13 kilómetros y ya estoy en paraje Santa Inés, lo primero que veo es la capilla aquella que construyera en 1917, Doña María Inés Nazar cumpliendo  una promesa a Santa Inés.

iglesia santa ines

Llego a la estación, la veo desierta, solitaria, vías inexistentes, un anden que aun parece esperar el sonido  de la campana anunciando la salida del tren con destino a La Pampa.

Pero todo esto es producto de silencio que me lleva a imaginar ese escenario.

santa ines estacion

Un vidrio roto me permite mirar al interior del salón de la estación,  solo veo las telas de arañas como únicas moradoras del lugar, tachos, maderas tiradas, pero ningún mobiliario.

Gallinas y perros que indicaban que alguien vivía allí.

Acercándome a una de las construcciones ferroviarias lindantes, observo una puerta que se abre permitiendo la aparición de un hombre de mirada serena, quien me mira aguardando le  explique el motivo de mi visita a ese lugar.

cuidador de estacion

Luego de mi presentación, don Salazar  hace la suya.

—— soy encargado de cuidar la estación.

La concesionaria me permitió vivir aquí a cambio de cuidar  este lugar, para evitar  los saqueos y la ocupación.

cartel santa ines

——–Mire don Salazar, yo vengo desde Buenos Aires a pedido de un amigo que vive en Estados Unidos, este hombre me encargó que comprara un escritorio que perteneció al jefe de estación.

——-Si, el escritorio está aquí, en esa pieza, pero esta en muy mal estado,  no lo puedo vender ya que  pertenece al ferrocarril.

——- ¿puedo verlo?

Don Salazar empuja la puerta y allí aparece, viejo, gastado, repintado, cansado de esperar que alguien lo descubra. ¿A quien contarle de lo que fue testigo?, de ese coqueteo entre María  y Juan que culmino en la infidelidad.

escritorio 2

Una tarde aprovechando la tranquilidad de la infaltable siesta en el  campo María la cuñada del jefe de estación corrió hasta la oficina del ferrocarril,,,, Juan estaba escribiendo cuando sigilosamente por detrás sintió unos brazos que lo apretaban,, mucha fue la sorpresa al ver  que quien lo estaba abrazando no era su esposa.

Los encuentros en las siestas se hicieron frecuentes, la infidelidad ocurrió.

Pasó el tiempo y Juan decidió terminar esa relación.  Tal fue el despecho de María que informo a  su esposo del romance, al menos visto por ella como tal.

El final no se hizo esperar, Ricardo disparó dos balazos que terminaron con la vida de Juan un 29 de enero de 1915.

Y aquí está el mudo testigo del hecho, aquí seguirá estando hasta que don Salazar parta, y seguramente termine alimentando el fuego en una noche fría.

(*)  fotografia del libro.

Realico, la tragedia del dia 29

Despues del Olvido.

Juan Carlos Andreli – Nicolas Bompadre.

editorial Dunken

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