FERROCARRILES ARGENTINOS

FERROCARRILES ARGENTINOS (1)

Ferrocarril

La historia de los ferrocarriles argentinos es, sin disputa, uno de los capítulos más vitales e importantes de la Historia Argentina.  Las ganancias ferroviarias, cuyas sumas, algunos años, han sido ligeramente inferiores a la de Renta General de la Nación, han corrido un tiempo a “raudales para doblegar a los pocos hombres y a las pocas entidades representativas que no estaban en su radio de acción” (1), influyendo en su poder omnímodo en la obra ejecutiva del Gobierno y declarando inconstitucional cualquier intento de fiscalización.

El ferrocarril nace y se expande en un modelo de acumulación primaria de capital (período 1857-1880), en base a empréstitos suscritos por el estado nacional y las provincias. Es decir que el capital inicial y la propiedad son original y básicamente estatal.

Al origen lo podríamos identificar con la constitución de la “Sociedad del Camino de Fierro de Buenos Aires al Oeste”, Sociedad integrada por argentinos que tomó a su cargo la organización de la primera empresa ferroviaria, destinada a unir la ciudad de Buenos Aires con la zona rural donde prosperaría más tarde la agricultura. En septiembre de 1853 se presentaron al Gobierno Principal, solicitando la concesión para construir ese ferrocarril.

Es así como la Legislatura de Buenos Aires, por Ley del mes de enero de 1854, autorizó al Poder Ejecutivo a que otorgara la concesión a dicha sociedad para que construyera un ferrocarril de 24.000 varas de extensión.  Esta fue la primera Ley Ferroviaria sancionada en el país. Los trabajos de construcción se iniciaron a principios de 1855, quedando totalmente terminados, hasta los “pagos” de Floresta, en la primera quincena de agosto de 1857.  El total del capital invertido en la construcción de esta línea fue de 6.900.000 pesos de la moneda corriente.

La locomotora llegó de Londres y fue bautizada como “La Porteña”.  Venía con una gemela que fue llamada “La Argentina”.  También llegaron los vagones que completarían el tren.  Era una pequeña locomotora, que había sido construida en 1854 en Inglaterra y que a su vez era veterana de la guerra de Crimea.  Fue transportada hasta Buenos Aires en el vapor Borland, atracando en el muelle porteño en la navidad de 1856.  Unas semanas más tardes desfiló por las calles de la ciudad en un enorme carro, tirado por 30 caballos.

Llegaron también los hermanos John y Thomas Allen, contratados para conducirla, junto con el ingeniero Guillermo Brogge, encargado de la instalación de los rieles, varios capataces y 160 obreros especializados en instalaciones ferroviarias, todos ingleses.

El primer ensayo fue el 28 de enero de 1857, ente la Estación del Parque (actual Plaza Lavalle) y San José de Flores.  Las pruebas fueron exitosas y se decidió que la fecha inaugural sería el sábado 29 de agosto.  Ese día, sobre la única vía, salió de la Estación del Parque a la una de la tarde.  El tiempo acompañaba los festejos de los vecinos que vivaban la partida, en medio de flores y banderas donadas por familias de abolengo. Corría a 24 Km. por hora.  El día 30 de agosto el servicio quedó librado al público.

La formación iba en busca de La Floresta, una zona de quintas de veraneo en las afueras de la ciudad, distante diez kilómetros.  Salió así por la actual calle Libertad, y tras dos curvas y contra curvas, encaró por el trazado de la calle Lavalle.

Al llegar al Boulevard Callao, el riel hacía una curva (que es el trazado del ex pasaje Rauch) para desembocar a la avenida Corrientes y correr hasta Centro América (hoy avenida Pueyrredón).  Tras girar a la izquierda, llegaba a La Piedad (calle Bartolomé Mitre) donde se levantaba la primera estación: Once de Setiembre.  Allí La Porteña fue recibida con fuegos artificiales y la banda musical del Regimiento de Patricios.  A partir de esa estación, el recorrido era la avenida Rivadavia, y así fueron quedando atrás las humildes estaciones de Almagro y Caballito.  Más tarde, su paso fue saludado por intermitentes campanadas desde la histórica iglesia de Flores, y cuando habían transcurrido 35 minutos de viaje, ya estaba a la vista la estación de La Floresta.

Entre los pasajeros se destacaban Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Valentín Alsina, Dalmacio Vélez Sarsfield y Pastor Obligado.

Enfundados en sus trajes de gala, iban también los socios de la empresa Camino de Hierro de Buenos Aires al Oeste: Felipe Llavallol, Francisco Balbín, Benicio Larroudé, Mariano Miró, Daniel Gowland, Manuel Guerrico, Norberto de la Riestra, Adolfo Van Praet, Esteban Rams y Vicente Basavilbaso.

El maquinista John Allen y el veterano fogonero italiano Alfonso Covazzi no perdieron el tiempo para bajar en aquel breve espacio que tenía la estación, entonces ubicada a la altura de la actual calle Caracas.

Fuente

Cena, Juan Carlos – El ferrocarril es una cuestión nacional, su importancia neoeconómica.

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Hugolini, Alejandro, Pereyra, Fernando – Raúl Scalabrini Ortiz y los ferrocarriles

Portal www.revisionistas.com.ar

Esta entrada fue publicada en Historias y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.