Matilde.   (Mujer  guerrera y fuerte) Cuento.

A ciento treinta y cuatro años de su nacimiento, tratar de buscar algún rastro que permita  saber cómo fue  la vida de una persona, es una misión casi imposible.

Tirando  de la punta de un hilo pude llegar  a comunicarme con   la nieta de Matilde., casualmente llamada también Matilde.

Reacia  y  cautelosa al principio,  o posiblemente poco interesada en  traer a la luz una historia del pasado  que no le  era prioritaria.

Con esta barrera tuve que ir  sonsacándole  información, idas y vueltas que llevaron muchos meses para un pobre resultado.  Lo   recopilado  no fue suficiente pero con habilidad,  imaginación, sobre aquellos tiempos, se pudo  armar la  vida,  y descendencia de Matilde. Una vida que comenzó en 1885.

Su padre Rodolfo Guillermo, nació en Alemania   1851. Se radicó en Poznan Polonia,

 Años después ocupa  un cargo en la delegación de Alemania en España. Allí contrae matrimonio con Ascensión Ramírez  Medina, y viajan a la Argentina, arribando al país en 1882 donde nace su primer hijo varón.

Tuvieron antes una hija Llamada Luisa  nacida en  Malaga España en 1880  quien falleció  siendo muy niña.

Inicialmente se radican en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, y allí probablemente, haya nacido Matilde en 1885.  

A los pocos meses del  nacimiento de  Matilde, se trasladan a la ciudad de Mendoza.

Poco tiempo  después la familia se establece  en la   villa Malargue.  Don Rodolfo es uno de los fundadores de la villa  en 1886.  Fue contador de la estancia Orteguina  propiedad del  General Rufino Ortega Molina, quien fuera jefe de la  cuarta división expedicionaria  al desierto entre  los años  1884 y 1887.

La  infancia de  Matilde transcurrió  en el campo  al igual que la de su hermano Ernesto  Quien ya contaba con 3 años. 

En Julio de 1888 nace su hermana  Elena, y en 1889 Sofía.

Don Rodolfo dedica dos años a la explotación minera en la zona de Malargue. En 1892 deja la villa y se radica en Buena Esperanza San Luis  para dedicarse a la ganadería.

Los cuatro hermanos comienzan la escuela primaria  en Buena Esperanza.

En Febrero de 1900 la  familia  se radica  en el pueblo  Laboulaye Córdoba, nombre dado Por Domingo F. Sarmiento,  en homenaje a un ilustre  amigo suyo que vivía en Francia, que tuvo ese privilegio aun sin conocer las pampas Argentinas.  Hubo por esta zona, años antes  un caserío llamado “La Cautiva” que bien merecía haber sido el nombre del pueblo.

Rodolfo ingresa como administrador de campos de una sociedad Belga  en el paraje Colonia la Providencia,  sin desprenderse  de la  adm.  Ganadera  en San Luis.

Matilde, la “Alemana” como la llamaban los vecinos de la Colonia,  recién había cumplido los 15 años. Ayudaba  a su madre en las tareas del hogar, la huerta, cuidado de frutales y aves. Al ser la mayor de las hermanas debía también ocuparse de la atención de Elena y Sofía.

Durante las tardes luego del descanso de la siesta obligatoria  Matilde conversaba extensamente con su padre. Este le  había enseñado muchas palabras en alemán, y  algunas canciones típicas.  Ella las cantaba en las reuniones familiares o en algún acto en el pueblo o escuela rural  de la Providencia. También amaba la lectura y la pintura.

Escuchaba  atentamente como Don Rodolfo le hablaba  de quien fuera su padre, Ernest. Un gran patriota y luchador en  conflictos ocurridos en  1848 en Polonia.

Don Rodolfo le leía las cartas que Ernest, su padre enviaba a su abuelo Antón Ferdinand, relatándole los acontecimientos vividos durante la lucha.

Lo que más la angustió a  Matilde es saber que durante estas luchas , y para prevenir  algún  ataque a  la familia de Ernest , este debió  pedir a su esposa Mathilde Johanne Luise Mab, que dejara su vivienda  de Polonia  y se  radicara en casa de  uno de sus hermanos  en Alemania.

Provisiones al campo.

Una mañana del 1907  llegan Don Alberto y su hijo Vicente de  27 años, en un carruaje trayendo bolsas de harina y galletas desde una panadería del pueblo de Laboulaye para cumplimentar el pedido semanal  de la estancia.  Las tres hermanas  se quedan cerca de la casa observando a los recién llegados. Vicente  carga la bolsa de harina y  la lleva  a la despensa  de la casa,  pasando muy cerca de  Matilde como  para poder admirarla y sonreírle, tan ajeno estaba  de lo que hacía,  que por mirarla golpea la bolsa contra un horcón que sostenía la galería y rompe la bolsa. Matilde se ríe al ver a Vicente  lleno de harina.  Don Rodolfo reprende a las niñas y las manda al interior de la casa.

El reparto de harina  se  hacía cada semana, siempre los  viernes.

En la siguiente entrega  no vino Don Alberto, su hijo lo convenció que él podía llevar el encargo y arreglarse solo.

No llego a pasar  un mes cuando  Vicente habla con   Don Rodolfo y   su esposa solicitando visitar a su hija como pretendiente.  Aceptada esta primera solicitud, no pasa mucho tiempo para pedir a matrimonio a  Matilde quien  recién cumplía 22 años.

Todo fue muy rápido. Asunción acompaño a su hija hasta el pueblo y allí  eligieron todo lo necesario para la próxima boda.

Celebrado el casamiento  por civil e  iglesia  se reúnen en  una  sencilla  fiesta  familiar en  la Colonia La Providencia… El matrimonió se trasladó a  una vivienda que la familia de  Vicente tenía  contigua a la Panadería  las Flores en el pueblo de Laboulaye.

A mediados de   1909   Matilde tiene su primer hijo, quien en bautizado con el  nombre de Vicente.

Matilde  aprende rápidamente los secretos de la panificación y repostería  atendiendo la panadería junto a su hermana  Elena  que se destacó en la parte de masas finas.

Matilde fue muy solidaria frente a la necesidad de la gente A diario se acercaban a la panadería a pedir pan del  día anterior. No solo se llevaban pan, también les daba harina, recortes de masa, y factura sobrante.

Acompañaba a su esposo en el reparto de harina y pan por las estancias vecinas,  el reparto se hacía   con  carro cerrado  tirado por un caballo.

Había varias familias de aborígenes, que luego de  la campaña del desierto de Roca,  habían quedado  dispersos y sin recursos,  esta familias habitaban  un par de hectáreas de  tierras  de  bajo rendimiento  que eran en su mayoría bañados  cercanos a la laguna  la  amarga, no explotadas ni se conocía a sus dueños .

A estas personas Matilde les dejaba harina y pan en forma gratuita, muchas veces les llevaba tarros con leche, ropas, frazadas,  para los niños.

Gestionó  el ingreso de estos niños a la escuela primaria cercana ayudando con libros y útiles escolares.

Hablo con  estancieros de los campos vecinos para que den trabajo rural  a los aborígenes. Esta solicitud no fue recibida con agrado, pero debida a la amistad y trato comercial con los dueños de la panadería del pueblo, logro ubicar a los más jóvenes en trabajos del campo. Con el tiempo y observando su dedicación, los estancieros permitieron que esta pequeña población, no más de 20 familias se alojaran en  viviendas rurales como puesteros.  Cada familia tenía su propia huerta, frutales y  aves de corral.  Mejorando la forma de vida, alimentación y crianza de sus hijos.

Todo esto en forma anónima. Gracias a  la rubia del pan como los originarios  la conocían.

Si bien ni Matilde ni Vicente comentaban  en Laboulaye  estas acciones solidarias,  la murmuración o  chismes en los pueblos chicos se saben.

Luego de algunos años y con motivo de un aniversario de la llegada del ferrocarril y fundación del pueblo, el intendente  Juan Macé  organizo una reunión en el salón de la sociedad de Fomento    invitando a las damas Benefactoras  del pueblo,  a los ciudadanos Ilustres  pioneros y también a todos aquellos que hicieron con su esfuerzo  la transformación de Laboulaye.

Entre los invitados se incluyeron a los primeros herreros, alambradores, carniceros, ordeñadores, dueños de bares hoteles, Almacenes de ramos generales, tiendas molinos harineros  y peones rurales.

No falto una tarjeta invitando a la Sra. Matilde y su esposo Vicente panaderos del pueblo  como vecinos  protectores de la comunidad indígena.  A quienes  se les hace entrega de espigas de trigo  metálicas doradas, enmarcadas con madera de  lanzas, en agradecimiento.

Presidian el acto  Las damas de beneficencia  vestidas de largo con enormes sombreros adornados de  flores y plumas.,  Quienes al ver ingresar a los trabajadores del campo, no pudieron fingir beneplácito  viendo como  el intendente los  iba recibiendo  y dándoles ubicación  cerca de la autoridades.

Lo  que más les molestó a  estas  damas, fue la distinción otorgada a  “Los Panaderos”  apodo que ellas les habían asignado. 

La Panadería fue creciendo y  debió ampliarse, llegando a ser la más  importante del pueblo, por la calidad en la elaboración de panes y tortas. Los repartos se hacían con furgones motorizados, y el negocio familiar se  amplió  también con la distribución de harinas de un molino harinero de la zona.

Matilde tuvo cuatro hijos  y continuó viviendo  en Laboulaye.  Terminaron  sus  continuas mudanzas a las que se había acostumbrado por las obligaciones de su padre.

Al  haber estado  desde niña muy cerca de los indios, debido al trabajo de su padre  y los relatos que escucho  sobre la vida  y costumbres de los  nativos fue por ello que   la ayuda otorgada  no significo un obligación , sino una elección que la llenó de felicidad.

Luego de fallecimiento de su esposo Vicente siguió  al frente de la panadería.

Trabajo en ella con la valiosa ayuda de Elena, su hermana soltera y de su segundo hijo Alberto.

En 1965 y a los 80 años falleció Matilde.

La Panadería  siguió algunos años más y luego  cerró definitivamente.

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Un comentario en “Historia de Gente sin Historia”
  1. carlos dijo:

    Prueba control funcionamiento.

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