Historia de gente sin Historia (lechero)

Historia de gente sin Historia (lechero)

Sentado debajo de los tilos, en una tarde de invierno, que mas parece de primavera, mis pensamientos me llevaron hasta los años 60.

El canto de la calandrias, y la cercanía con los horneros que buscaban un poquito de tierra mojada me daba una inmensa paz que me permitió el recuerdo.

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Esos horneros, ante mi quietud, casi me ignoraban, mientras llegaban a mi, momentos vividos muchos años antes..

“Bien temprano reunía junto a mi madre, las ramitas para encender el fuego.

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Mi madre salaba la carne y la ponía sobre una tabla para cuando yo la necesitara.

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Ella le ponia algunos condimentos, un poco escondidos para que yo no los viera, bien sabia que el asado lo quería sin chimichurri.
Ya en la mesa, debajo de los árboles la mesa estaba dispuesta para recibir un asadito jugoso, a todos nos gustaba a punto.

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Escuchamos que se detiene frente a la puerta un carrito lechero.
Rápidamente, Mateo, ingresaba por el portón sin candado, y en unos pocos trancos, estaba allí junto a nuestra mesa con un tarro de leche esperando le alcancemos un olla, un jarro o lo que tuviéramos a mano para dejar un par de litros de leche fresca con pocas horas de ordeñada..

Su cara roja, pañuelo al cuello, bombachas batarazas, alpargatas de lona y planta de yute., allí paradito estaba don Mateo Vaca, si así se llama, y lechero era su oficio.

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Nos miraba, pero mas que a nosotros, a la jarra de vino llenita de tinto, no dejábamos pasar un instante, y le preguntamos, solo para cumplir con la consulta, sabiendo ya cual seria la respuesta.

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—– ¿ Don Mateo, toma un vasito de vino?
—–y bueno, si no es molestia, sabe “el calor me esta matando”
En invierno la repuesta era similar…..
—–viene bien un vinito, se me están enfriando los garrones, ¿sabe?

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Julio de 2008.
Me habían contado que don Vaca, aun vivía por la zona, y preguntado, preguntado, llegue hasta su casa, cerquita de la iglesia de Nuestra señora de Pompeya en Merlo.
Me encuentro con una casa de material, grande, con galpones al fondo, allí bajo la galería verdeando había un hombre., camisa bordada, boina, bombachas de campo, botas de cuero, pañuelo al cuello.

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—- ¿Es usted don Vaca?
—–Pa lo que guste amigo.

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Me presento., Rápidamente me recordó.
—-Ahh, ¿vos sos el vecino de enfrente de la casa de Don Antonio y Estella?
—-Si ese soy.
Le pedí me cuente un poco sobre su vida y como había comenzado el oficio.
Aquí va el relato de Mateo Vaca.

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“Mis padres nacieron en España, vinieron a Argentina, allá por el 1905, se tentaron con Argentina al enterarse que aquí había muy buenas posibilidades para la ganadería.
Mi viejo se metió como peón en una estancia de General Acha, en la Pampa, y mi madre como cocinera.

El estaba encargado del ordeñe de las vacas, hacia la manteca, crema y quesos.
Con el tiempo se compro una vaquitas holando y las tenia allí pastando.
Un día aparece por el campo, un rematador de Buenos Aires ofreciendo en venta chacritas de 4 hectáreas en Merlo Bs.As, las daban a pagar en tantisimas cuotas y sin anticipo, solo había que meterse.

La vieja quería estar más cerca de la capital, yo ya estaba encargado dentro de ella, eso los decidió.
Libreta del lote en mano, metieron las vaquitas y dos caballos en un viejo camión, partiendo para Buenos Aires.

La chacrita no tenia nada, ni árboles, ni casa, ni agua, nada de nada.
La suerte por un lado, que estaba cerca del Reconquista, apenas unos metros.
De a poquito nos hicimos el rancho, perforamos el suelo, tuvimos agua buena y pudimos comprar un carro viejo, el cual preparamos para el reparto de leche.

La vida aquí era muy dura, inviernos fríos, veranos muy calurosos y el reconquista que cada crecida grande nos obligaba a mover los animales para otros sitios más altos.
De chiquito salía con mi padre a juntar las vacas, separar los terneros, yo me ocupaba de atarlo al pie de la vaca, para que ella bajara la leche.
Llenábamos los tarros, y el viejo salía al reparto.

Al colegio solo pude ir un par de años, eran otros tiempos, primero trabajar, luego estudiar cuando se podía.
Así se paso el tiempo, me case, tuve 4 hijos tres varones y una chancleta.
Con mi trabajo pude darles estudio a todos, los varones terminaron la escuela, dos de ellos siguieron estudiando y gracias a dios hoy están muy bien en sus cosas.

La mujercita le escapaba a los libros, buenita ella, pero no servia pal estudio.
Si supo ser una buena mujer y buena madre, me dio cinco nietos.

Los domingos, nuestra diversión era jugar a las bochas en lo del Vasco. Algunos jugaban por plata, yo por la vuelta de vino.
Los milicos nos visitaban muy seguido, había que contribuir con la comisaría.

Yo mas de una vez veía madres con muchos hijos, solas, que no tenían ni una moneda para comprar la leche, no pedían nada, me miraban, yo les decía……
Vamos doña traiga el balde, me pagara cuando pueda, pero no deje de alimentar a sus hijos.

Bueno esta es mi historia, una vida feliz, de trabajo, de familia y bendiciendo a esta Argentina que nos abrió las puertas y nos permitió prosperar, eso si, con mucho esfuerzo, por eso soy agradecido a este país.”.

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6 respuestas a Historia de gente sin Historia (lechero)

  1. carlosvonz dijo:

    Si lito es asi, eramos aprendices, pero algo se aprendia, al menos cebar mate.
    Pero si hubo otros comercios en los cuales aprendias , claro no te pagaban casi nada , solo habia que prestar atencion y algo quedaba en nuestro recuerdo como oficio.

  2. miguel angel retrivi dijo:

    Hermosa historia, sin lugar a dudas…¿ Me creen si les digo?…que este fué uno de los tantos trabajos, que tuve de niño..
    Digo de niño, porque a los doce años, uno todavía es un niño,…¿ O me equivoco’…Y por aquellos años, el pretexto que se tenía, para que no se nos considerara…¡ Explotados!…Jaaaa, nos tomaban de » Aprendices» en los distintos » Talleres o Fabricuchas» y lo que más te enseñaban, era a barrer y cebar mate…¿Era asi o no ?…

    Por eso a mi siempre me gustó » La calle «, asi fué que trabajé de » Lechero» con » Don Licari», que asi como cuenta la historia de Carlos, siempre la «Yugó» para su familia, asi aprendí este » Oficio» en la ciudad, con caballo de reparto y …¡ Hermoso carro » Fileteado», ya sabía el caballo donde parar y doblar, para hacer el recorrido y cuando nos dirigiamos hasta la Estación de Lanús, para esperar el » Tren Lechero», su trote era vigoroso, como si dijera …¡ Abran cancha !… que aquí vengo yo…Ja,Ja,..

    Cuando bajabamos los tarros de veinte litros del tren, para llenar los del reparto, nos peleabamos para ver quién se comía la crema, que » Flotaba» en los mismos, la cual se formaba por la calidad de la leche y el » Traqueteo » del tren ayudaba, a escondidas siempre se llevaban, unos tarros que contenian » Agua»…¡ Es que la leche, venía muy espesa «Doña» !…
    Ja,Ja,….

    Lesdejo Medio Litro y mañana vuelvo…

    LITO de BERNAL

  3. jorge gabriel dijo:

    Cuentan que hace muchos años en tiempos de la colonización había un solo lechero, de origen vasco, como dice María de las Mercedes. Muy querido por toda la comunidad valletana,repartia en Gaiman, y en Trelew. Se llamaba Martín Iturriberrigoycocorroycocorrocotochea. Su carro era siempre tirado por un burro; pero un dia, se bajó a descargar su leche a un cliente en las chacras y en el verano los tábanos molestan a todo ser viviente y esta vez el burro atacado, disparó con el carro por lo que un policia que andaba de facción, detuvo al pobre vasco por desorden público. En la comisaría el vasco vociferaba en su descargo: » comparación comparando!!!, vos burro, yo tabáno, yo picando en traste a vos, vos disparando, tarro volcando, leche desparramando. ¿ Todavía cobrando multa?
    La anécdota, de origen policial, circuló por muchos años hasta que el olvido la cubrió con su manto.
    El vasco fué eximido de culpa y cargo para satisfacción de todos sus clientes.
    Un verdadero Arcón del Recuerdo.
    Jorge Gabriel

  4. Maria de las Mercedes dijo:

    Historias del campo y la ciudad, es «El lechero» personaje cotideano y necesario, que ha sabido alentar relatos como estos, tan amenos. Dando vida a historias, mostrando la trastienda, donde merced al esfuerzo familiar, hacia posible que esa leche espumosa, blanquisima llegara a los hogares. Aportando detalles ,sobre aquellos que se dedicaban a tan digna tarea.
    Fue parte del paisaje de Bs As «El carro lechero» que conducia, montado en dos ruedas (por disposicion urbana), de buena madera, luciendo porteño fileteado , acorde a la personalidad del dueño. Tirado por uno o dos caballos, avanzaba por las calles aun empedradas, cargado con sus tarros. El repiquetear de los cascos, alertaba el paso, para festejo de los niños que corrian tras el. El lechero, de origen vasco -o descendiente-, vestía boina, camisa blanca, bombacha, faja y alpargatas negras. Generalmente, llevaba de acompañante un mozo adolescente (la mayor de las veces su hijo o algun contratado)-para que lo ayudara, cuando detenía su paso para la venta.
    Mas hay algo, que se va a destacar casi ininterrumpidamente, cuando citamos historias de nuestros inmigrantes, «el teson al trabajo», » el madrugon con la helada», «la Fe», «La Esperanza», «el ahorro», «las ganas, que trajeron, con la que educaron a sus hijos, agradecidos a esta tierra extranjera, que supieron hacer propia.
    Estas notas sobre «Ellos», compiladas en el recuerdo, permiten levantar la tapa del Arcón, conducidos por Carlos Vonz, para tratar de saber transmitirlas como fueron aprendidas y la cuota de riqueza que nos dejaron.

    Cordialmente
    M.M.

  5. yolanda dijo:

    Es como una poesia , pero luego se convierte en una historia real de la vida del repartidor de leche.
    En mi pueblo Santa Rosa, en los años 50 llegaban los lecheros con la vaquita y al pie el ternero.
    Las señoras salian de sus ranchitos con las ollas y compraban esa leche recien ordeñada.
    Que hermosos recuerdos
    Yoly

  6. carlosvonz dijo:

    comentarios:

    Silvana dijo…
    Me causan inspiración, este tipo de relatos. En tiempos como los que vivimos, donde no hay tiempo para hacer las cosas con detalle, donde nos corre el día, nos corre la noche, es lindo ver cómo la gente hacía las cosas con esmero, con verdadero amor al trabajo y con esfuerzo, pero con la seguridad de que iba a ser bien recompensado.
    Hoy mucho de eso se ha perdido: se han perdido las ganas, las esperanzas. Por eso es lindo, cuando uno piensa que las cosas no dan para más y que no hay soluciones, cerrar los ojos un rato e inspirarnos en hombres como estos, en nuestros padres, nuestros abuelos y en sus mujeres también, que sin su apoyo, muchas de estas cosas no hubieran sucedido.
    Hermoso relato !!

    21 de julio de 2008 07:01
    http://www.grupoloslanceros.blogspot.com dijo…
    Carlos: hoy me he tomado el tiempo para leer sus hermosos relatos. Cuentan nada menos que las cosas que ha vivido. Envidio su memoria! Lo felicito por dar a conocer tantas vivencias, buena falta nos hace recordar el pasado, conocer de dónde venimos, rescatar identidad.Saludos cordiales. Lydia

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