Juana Azurduy

Juana Azurduy

Juana Azurduy nació el 12 de julio de 1780 en el cantón de Toroca, cerca de Chuquisaca, actualmente en Bolivia. Fue una patriota del Alto Perú que luchó junto a su marido, Manuel Padilla, en las batallas por la independencia del Virreynato del Río de La Plata de la Corona Española.

Se crió en una familia bien posicionada. Trabajaba en el campo y gracias a esa experiencia pudo conocer a los habitantes originarios de la zona y a los campesinos. De este modo aprendió a hablar quechua y aymará, y a relacionarse con ellos.

Desde su adolescencia mostró una personalidad fuerte que la llevó a confrontar con el conservadurismo que reinaba en su familia. Por estas diferencias fue enviada como interna al Colegio Santa Teresa, donde se reveló contra la estructura que predominaba. Allí organizaba reuniones donde leía sobre la vida de Tupac Amarú, entre otros revolucionarios. Finalmente, las autoridades del colegio decidieron expulsarla. Cuando regresó a su ciudad natal, Azurduy conoció a Melchor Padilla y mediante él, conoció a su hijo Manuel Padilla, con quien comenzó una relación de la que nacieron hijos.

La pareja tuvo un buen pasar económico. Manuel se sumó a la resistencia durante la revolución de Potosí, en 1809, desatada tras la caída de Fernando VII bajo el yugo de Napoleón. Juana tuvo que quedarse a defender su casa de los realistas, debido a que no permitían que las mujeres se incorporaran a las filas revolucionarias.

La lucha armada
Poco después, Potosí fue ocupada por los españoles y Padilla decidió organizar una resistencia. Fue así como sumó también a su mujer. Tras varias batallas, en 1816, Juana y su esposo, con un ejército de 6000 indios, sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca. Los realistas pusieron fin al cerco, y en Tinteros, Padilla fue muerto.

Entonces el comandante Manuel Belgrano nombró, mediante una carta a Azurduy con el cargo de teniente coronel. La cabeza de su marido se exhibió en la plaza pública durante meses hasta que el 15 de mayo de 1817, Juana con su ejército la recuperó.

Más tarde, la revolucionaria intentó reorganizar las tropas sin éxito y, por ello, se trasladó a Salta para combatir con Martín Miguel de Güemes durante tres años hasta la muerte del caudillo. Con problemas y sin recursos para regresar a su ciudad natal, se quedó durante muchos años en la provincia norteña.

Finalmente, y tras haber perdido la pensión que cobraba por sus servicios a la patria, Azurduy murió olvidada y en la pobreza, el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años. Cien años más tarde, sus restos fueron exhumados y descansan en un mausoleo construido en su homenaje.

¡Canta a los aires, Pachamama de nortes,
tu historia mártir y luchas libertadoras!
¡Blande tu espada al león real enemigo
que fue verdugo de cielos y blancas auroras!

Fiera implacable de las tierras de la plata.
Generala de plumas, lanzas y escudos.
Tu incansable rebenque golpeará corceles
de oro que galoparán bajo crepúsculos.

¡Quien osa quebrantar tan valerosa
alma con la muerte de flores y soldados!
Tal lágrima de hierro corre por tu rostro,
de mujer fuerte con carácter marcado.

Juana Azurduy, reina de diosas,
que cruzas pantanos llenos de parcas,
por mas que mengüe el cansancio tu aliento
no tendrá cobijo el temor, en tus arcas.

Señora de las Américas tropicales,
quien robe tu vida dura y admirable
no será digno de tu briosa mirada:
de persona honrada, justa e impecable.

Coronada de laureles terminó tu lucha,
en los tiempos de caudillos y nuevas patrias,
por más pobre y olvidada que estés,
eres, mi querida Juana, Sargento de Almas.
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Copywright © Juan Cruz Horn 2005

fuente: http://www.lagaceta.com.ar

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