“ La Hora de los Juegos “

Autor:  Carlos von Zedtwitz

Los años pasan y los juegos infantiles de aquellos años, van quedando solo en el recuerdo de los mayorcitos de 60.
Hoy no vemos a los chicos jugando en las veredas como antes.
La calle esta casi prohibida, los tiempos han cambiado.

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Pero Algo se ha perdido, se perdió la creatividad, los juguetes artesanales que aprendimos a construir gracias a lo que nos enseñaban nuestros padres o los niños mayores.
Hoy todo se compra y luego se tira en un rincón.

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Trato de hacer memoria y recuerdo algunos juegos de mi infancia.
Luego de los deberes, era la hora de salir a Jugar.
Primero llamar a los amiguitos del barrio, muchas veces no era necesario, ya sabíamos a que hora encontrarnos.
Previa reunión, sentados en el cordón de la calle, planificábamos el juego del día.

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Había llegado al barrio un vecinito nuevo, Damián.
Lo primero que hicimos era comentar con la barrita las características de Damián.
Bajito, de anteojos, bien vestido, zapatos lustrados y un moño en el cuello.
Como nos reíamos cuando el salía de su casa.
Nos miraba, pero su timidez le impedía iniciar un dialogo.
Ninguno de nosotros tenía más de diez años.
Así pasaron los días, debo reconocer que cuando el salía, hacíamos comentarios y nos reíamos un poco.

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Pero llego el momento de la decisión, debíamos hablar con el.
Raúl era el más decidido y fue designado para ir a su casa a invitarlo a Jugar.
La primera vez cruzo la calle y toco el timbre, nosotros, sentados bien lejos observábamos la acción., Raúl solo espero unos instantes y salio corriendo, nosotros lo imitamos y espiábamos desde la esquina.
La Madre de Damián, salio y miro para todos lados, detrás de ella su hijo hizo lo mismo.

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El próximo turno era para Jorge.
Cruza la calle y toca el timbre, todavía recuerdo la calle y el número, Larrea 345.
Esta vez la sorpresa fue grande, inmediatamente se abrió la puerta y doña Dolores pregunto en voz muy alta —–“¿Que quieren aquí? “
Jorge, se quedó duro de miedo, casi no podía hablar…..
—–“Venimos a invitar a su hijo para jugar con nosotros”.
La expresión de la cara de Dolores cambio,——“Bueno, ahora va”
Damián apareció rápidamente y con su gran timidez, dándose vuelta, mientras caminaba observaba a su madre y luego a nosotros.

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Carlitos era el más chico, pero enseguida tomo la decisión de proponer el juego del día.
——-“¿Que les parece si jugamos a la carrera de autitos?”.
Osvaldo el mayor, tomo una tiza y comenzó a dibujar en la calle la pista.
Rectas y curvas la distancia era de un tramo de pavimento, de brea a brea.
Cada uno corrió a su casa a buscar los autitos.
Los autitos eran de plástico, les dejábamos adelante solo el eje con una rueda al medio, y rellenábamos con masilla toda la base, algunos le poníamos una tuerca para que tenga mas peso y no vuelque.

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Damián no tenía auto, así que le asignamos uno medio viejito que teníamos de repuesto y sabíamos que nunca ganaba.
El reglamento era el siguiente:

No vale chocar, no vale salir de la pista y luego entrar, hay que respetar el turno de salida, si chocas, vuelves a la largada, si sales de la línea, al menos con una rueda, vuelves a tu última posición.
Si vuelcas, pierdes un tiro.
Este era uno de los tantos juegos, terminábamos cuando caía la tarde y luego del saludo cada uno a su casa.

 

Bueno chicos, será hasta el próximo juego.

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