La huerta familiar

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Una costumbre que solo se mantiene vigente por los mayores que aun pueden hacerlo sin padecer dolores de espalda, “La tierra siempre estuvo  muy baja”

La huerta es algo prácticamente desconocido por otras generaciones.

En muchos colegios hacen participar a los niños en  cultivos, esto es muy bueno para despertar en ellos el amor a la tierra y privilegiar esta práctica.

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¿A qué viene esto? –“Viene a que hace muchos años que no encuentro aquel saber fresco que tenían las frutas y verduras”, sean tomates, lechugas, mandarinas criollas, y sigue la lista.

Solo por ahora se van salvando las papas.

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Recuerdo cuando iba de visita a la casa de mi abuela en Lomas de Zamora Tenia  un terreno de cuarenta metros de fondo.

No sé como hacia sola, (ya con muchos años) para trabajar la tierra, plantar, sembrar y mantener además un gallinero y algunos frutales.  Desde ya plantas de higos, ciruelas, manzanas y cítricos.

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Años 50.
La visita a la casa de mi abuela era una fiesta para mí.
Llegábamos con mi madre y mientras madre e hija hablaban de sus cosas yo corría hacia el fondo, podía comer los tomates recién cortados de la planta, así como estaban, sin lavarlos, los limpiaba en mi pantalón corto y al buche.

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Entraba al gallinero sigilosamente para que las gallinas no gritaran y la abuela se diera cuenta de mi visita, ella decía que a las ponedoras no se las debía molestar.

El galpón otro lugar para disfrutar, allí había de todo palas rastrillos, tarros faroles, semillas de maíz, tambores con kerosén, carbón.
Levanto la vista y colgado de un gancho de carnicero una tira de cáscaras de naranja, no sé bien que utilidad le daba la abuela,
de pronto descubro un fuentón de aluminio tapado con una vieja puerta de heladera., retiro la puerta, ¿y qué encuentro allí?, cientos de caracoles comiendo harina de maíz y trepando por las paredes del fuentón, por detrás de mi  viene la abuela, me explica que la harina de maíz era para purgarlos, así poder cocinarlos sin que tomen sabor amargo.

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En un estante había frascos con dulces caseros, ella los tapaba con un lienzo previamente pintado con clara de huevo, decía que era para que estuvieran cerrados herméticamente

Como buena italiana, la familia, el techo y la alimentación era lo más importante.
A la hora de preparar la comida, tiraba harina sobre la mesa de madera, una madera acostumbrada a la masa para fideos.
Ese día estiró la masa, tomó una aguja de tejer, la espolvoreó con harina por encima y envolvió sobre ella la masa que había cortado en tiras, el nombre de esta pasta casera “Fuchiles”.

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Otros días pizzas, de postre pastelitos, masitas, dulces, a pedido había de todo.
Recuerdo que todo se aprovechaba, queríamos comer gallina, allí íbamos al gallinero, con la abuela corríamos las gallinas, ella agarraba la más grande, un tirón del cogote, la revoleaba y quedaba colgada de las patas en un árbol, cabeza hacia abajo para que con la sangre en el cuello se hiciera algo así como una morcilla, las patas iban a la cacerola, se hervían sirviendo de picada antes del almuerzo., corazón hígado todo se aprovechaba.

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La acompañaba a la quinta, allí ella sacaba las flores de zapallo que no tenían el zapallito detrás, como no servían las pasaba por huevo harina y a la sartén, algo riquísimo como una milanesa.
Las cáscaras de papa que tenían brote, volvían a la tierra, las plantaba para así crear una nueva planta de papas.

Las hojas de lechuga y acelga o zanahorias chicas o que se fueron en vicio, y todo resto de comida iba a parar al gallinero, unos puñados de maíz completaban la comida.

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Las semillas de las sandias, zapallos o melones mas lindos, se dejaban secar y a los dos años de nuevo a la tierra.

Como no extrañar todos estos sabores. Voluntad y costumbre que arribó con ella desde Italia hasta su llegada a La Argentina.

 

 

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Un comentario en “La huerta familiar”
  1. maria del carmen hernandez dijo:

    LA VERDAD, CARLOS, CASI LO MISMO QUE SE VIVÍA EN MI CASA. LAS ARVEJAS TIERNAS Y FRESQUITAS DIRECTAMENTE DE LA PLANTA, MIENTRAS RECORRÍAMOS LA QUINTA. LAS FLORES DE ZAPALLO, EXQUISITAS! HOY, NO SABEN LO QUE SON, SALVO LOS AFICIONADOS A LA COCINA. LAS ZANAHORIAS, TIERNITAS, LAVADAS EN EL BOMBEADOR Y COMO DECÍS, AL BUCHE! ES MARAVILLOSO QUE HAYAMOS VIVIDO TODO ESO, PORQUE, A TRAVES DEL RECUERDO, COMO LO HACÉS VOS, ALGO SE PUEDE RECUPERAR. UN ABRAZO, AMIGO! MARÍA DEL CARMEN HERNANDEZ

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