Los barrios de antes y de ahora.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Por María Elena Gallera

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¿Por qué la gente dice: “Todo tiempo pasado fue mejor“? Yo creo que porque éramos jóvenes o porque tenemos buenos recuerdos de la niñez o porque la niñez de antes tenía de cómplice al barrio: casas bajas, calles empedradas de doble mano, el farol y el vigilante de la esquina parecían plasmados en un cuadro.

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En el silencio imperioso y obligatorio de los domingos, se oía el “tan…tan” del tranvía y en los atardeceres cálidos, después de la consabida siesta, decenas de chicos poblaban las veredas cuidados por las abuelas que sacaban a la calle la infaltable sillita de vigilancia; escondidas, manchas, “rango” bolitas, figuritas y griterío poblaban las aceras del barrio en el encuentro cotidiano, casi festivo de sus habitantes.

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 Todas las estaciones, en esa época estaban bien delimitadas: caída de hojas en otoño, ropa de media estación; árboles pelados en inviernos crudos donde se escarchaba el agua del cordón, teníamos sabañones y el querosén no alcanzaba para abastecer las estufas; primaveras luminosas, florecidas, alegres, con desfiles en la avenida Santa Fe y mariposas en los dibujos del cuaderno de clases; veranos sofocantes con Navidades de frutas secas que no respetaban el calor y se imponían por la tradición, acompañadas de los ravioles caseros y los pollos del gallinero o del mercado que las madres desplumaban para poder cocinarlos o mandarlos al horno de la panadería junto con un lechón adobado.

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Todo era más tranquilo, con mucha menos gente, trabajos y diferentes ocupaciones para los grandes, madres en casa cocinando y esperando a sus hijos de la vuelta de la escuela, menos robos, menos violencia, más respeto por las normas: “prohibido escupir” y no se escupía,” prohibido pisar el césped ” y no se lo pisaba porque el guardián de la plaza tocaba el silbato y te corría para sacarte. “prohibido jugar a la pelota en la calle”, pero se jugaba y la policía llevaba a los chicos a la comisaría (previa denuncia telefónica de una vecina molesta) y los padres tenían que ir a buscarlos. Allí volaban coscorrones y retos por doquier pero igual se reincidía porque la pelota era una pasión incontrolable para cualquier pibe del barrio.

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Prohibido era una palabra común en esa niñez donde los mayores se imponían sin dar explicaciones. “Dije no y es no” ¿Por qué? Porque no y sanseacabó. Esas frases resonaban en todos los barrios , porque se repetían en todas las casas y en todas las familias; y, a pesar de los no y las prohibiciones de la sociedad del momento! Qué lindo ser niño cuando los grandes son adultos! Y esos adultos mandones nos daban también muchas satisfacciones porque organizaban el carnaval de la cuadra: a la tarde jugábamos “al agua”, con pomos y baldes y a la noche cortaban la calle para comenzar a transitar el corso de la cuadra.

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 Todos los chicos y algunos grandes lucíamos los disfraces que nos habían confeccionado “made in casa” y desfilábamos para lucirnos y ganarnos los premios, bailábamos hasta tarde y comíamos muchas golosinas, algo que no era habitual en esa época en que pasaba sólo el pirulinero. ¿ Y las fogatas de San Pedro y San Pablo? Todo el mes juntando ramas o robándoselas a los chicos de otro barrio para luego almacenarlas celosamente en alguna casa cuyos habitantes tenían lugar y se apiadaban al ver nuestras compungidas caras de desesperación “Dele Doña, sea buena eh?” y cuando llegaba el día, “voilá”, una montaña enorme lucía en su cima un gran muñeco vestido con las ropas viejas de algún papá . Espectáculo impresionante su encendido, el mirarla consumirse, un deleite y la papa asada del final, todo un acontecimiento inigualable.

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Hoy los barrios tienen otro olor y otro sabor para los que somos grandes. Un olor y un sabor que no volví a encontrar, salvo en mis recuerdos y en los miles que como yo, añoramos esos barrios para nuestros nietos, por la sencillez del vivir, por la creatividad en el jugar y por el acompañamiento y apoyo permanente de los grandes, quienes ricos o pobres veían realmente en los chicos, los sujetos del futuro, los continuadores de su obra y los herederos de las propiedades de esos barrios pujantes y florecientes, que se convirtieron en otros iguales y diferentes, de ayer y del hoy, de lo mejor del pasado insertado en un presente populoso, original, caótico, ruidoso y extraordinario. “Cien barrios porteños, barrios de amor” como dice el tango, están guardados en mi recuerdo y mi memoria como una fotografía que el paso del tiempo no podrá nunca desgastar.

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Fuente:

El Adán Buenosayres

 

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Un comentario en “Los barrios de antes y de ahora.”
  1. maria del carmen hernandez dijo:

    Lindos recuerdos! seguramente hacen el deleite de los mayores-mayores, como fueron mi deleite. Gracias Carlos, por recrear estos momentos! Un abrazo, María del Carmen Hernández

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