Los cuentos de la Abuela Irma

La Pelota sin dueño

Autora : Sra. Irma Agara Sosa

Ciudad de Buenos Aires

cumple de Nino.

Es un camino  largo, largo…… que va de Buenos  Aires a Córdoba  por el que  pasan muchos ómnibus, autos y camiones sucedió  algo que les voy a contar:

Un camión que llevaba de carga muchos juguetes, para  entregar en jugueterías, se apartó de la ruta, porque el chofer, quería descansar un rato porque estaba muy cansado de tanto manejar.

Estacionó en la banquina bajo un árbol y se bajó para caminar y revisar el camión.

No se dio cuenta que una rama del gran árbol que le daba sombra, había roto la lona del acoplado; haciendo una abertura que hizo que después por el camino se fueran cayendo algunos juguetes, que transportaba.

Una de las cosas que cayó fue una pelota,que rodando  se fue a la banquina, y rodó y rodó, hasta un camino de tierra, que estaba cerca de la ruta.

Allí quedó medio escondida entre unos pastos altos  que la atraparon y dejó de rodar.

Pasaron tres días y la pelota seguía allí,  ya que nadie la veía.

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Pero por ese caminito de tierra, pasaba siempre un nene  en bicicleta, iba a un supermercado, que estaba allí cerquita, porque  tenía que comprar, lo que su mamá le encargaba; leche, pan, fruta, y a veces también se compraba un heladito, que era el premio que su mamá le daba por ser tan colaborador

Habían pasado, como les dije  tres días y  Manuel, que así se llamaba el nene, iba en su bici por ese camino de tierra hacia el supermercado, pero…….. mas despacio que de costumbre…… porque estaba mirando el pasto, a ver si encontraba un sapito, que había escuchado croar la noche anterior, y quería llevarlo a su casa, para ponerlo en su jardín  y que se comiera los bichitos que se alimentaban de las plantitas y las dañaban.

Así fue que vio un brillito entre los pastitos, y OH!!! Sorpresa, en vez de sapo, encontró una pelota, y de fútbol !!!

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Se dio cuenta que hacía días que estaba allí, porque estaba cubierta de tierra  y también rocío; decidió llevársela, y la puso en el canasto de su bici.

Manuel llegó a su casa, le contó a su mamá lo que había pasado y ella también pensó que esa pelota no tenía dueño, porque la tierra y humedad que tenía mostraban que  hacía días que estaba en ese lugar, en ese camino.

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Pocos eran los vecinos que pasaban por allí, pero igualmente le preguntaron a la Sra. del supermercado, si alguien buscaba una pelota, y se la mostraron y Doña Elena que así se llamaba la Sra. les contestó que no, que nadie había preguntado, ni buscado una pelota; de manera que dijo:

— Manuel podés quedarte con ella, porque esa pelota no tiene dueño.

Se imaginan lo contento que estaba  Manuel, tenía una alegría inmensa!!!

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Con su mamá volvió a su casa y  empezó a jugar con la pelota, tratando de embocarla en un tanque, o de pegar entre dos palos, que hacían de arco, y de hacer juegos, pegándole a la pelota  con la cabeza, los pies, manos y rodillas.

Al día siguiente venían 2 amiguitos a jugar como lo hacían siempre y se encontraron con la novedad de la hermosa pelota de fútbol, y empezaron a jugar, a patear  penales, a gambetearla, a jugar con ella de todas las formas posibles.

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Uno de los amiguitos  trajo un cesto de básquet que tenía en la casa, y después  competían  también, para ver quién la embocaba mas veces en el aro, y se divertían y se divertían, y también peleaban y discutían, porque los tres querían ser ganadores……con esa pelota que ahora si tenía un dueño;  Manuel!!!!!

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abuela Irma

4 comentarios en “Los cuentos de la Abuela Irma

  1. He leído todos los cuentos de la abuela Irma, y en ellos encuentro que en cada uno deja algo para que “nos ocupemos”, nos esta diciendo “algo” con nuestros niños “para” nuestros niños. Al ser el juego el modo, en que los niños viven y transmiten los acontecimientos de sus vidas. Nos muestra la forma de compartir su lenguaje, sus intereses, de atraer su atención, de construir historias nuevas. De orientar su pensamiento a través de las historias. Como ella dice se aprende con la practica del contacto con los niños, sumado al interés que como ella debemos dedicarle a los niños.
    Y eso es lo que encuentro en cada entrega de estos cuentos que son sin duda, algo más que solo lindos.
    Yo he citado muchas veces aquí a mis abuelos y seguramente me queda mucho por decir de ellos. Iluminaron, alegraron y orientaron mi niñez. Fue bueno que nos enseñaran a pertenecer a un grupo, a respetar un orden para expresarnos, al ser tantos.
    Todo lo importante e invalorable, que han sido esos relatos, donde amorosamente se tomaron el tiempo de dedicarnos. Recuerdo las ruedas de nietos, con nuestra mirada fija en ellos donde no “volaba ni un suspiro”.(según expresión de mi abuelo pero en italiano)
    También recuerdo en esa actividad a mis padres. Cada uno de todos ellos, se inclinaba por una clase diferente de cuentos. Desde los tradicionales, a los construidos por su propia imaginación, que hacían crecer a la nuestra.
    Que decir de nuestra tía Carmen, (hna menor de mi mama), que se sentaba a contarnos cuentos acompañada de un plumero, porque no necesitaba levantarse para imponer silencio, (mas por impresionar que otra cosa), cuyo batir el aire y la atajada correspondiente, (siempre lucían los varones, ) liberaba nuestras carcajadas.
    Sus relatos iban a acompañados de su desempeño teatral, demás esta decir que las tramas eran de una fantasía, que superaba lo inimaginable, manteniendo nuestras bocas abiertas de principio a final. (hay varias de esas personalidades, con anécdotas singulares en la familia, locos fenomenales) Lindos tiempos sin tanta TV ni tecnología.
    ¡Como olvidar las famosas pegatinas!, donde sintiéndonos artistas una vez concluidas, reclamábamos a la abuela que las colgaran tipo murales y así permanecieran en el tiempo. (mientras ella intentaba afanosamente, que la goma no llegara al empapelado de las paredes)
    Sin renegar de los tiempos idos “eso era pura creatividad”. Tijeras, papeles, goma de pegar, pinturitas, ¡prohibido las acuarelas! en esa reuniones multitudinarias, para evitar los “excesos de arte” sobre los tapizados. Porque entonces los sillones y “otros” eran de 40, 50 o más años atrás, regalos de casamiento o herencia.
    Lindos tiempos que nos dieron tanto y que no debemos olvidar de traerlos renovados para disfrutarlos con los hijos y los nietos. ¡A leer cuentos para ellos entonces!

    Cariños
    M.M.

  2. Que lindo, que el cuentito, te hace evocar lindos e imborrables recuerdos!! espero que alguien sepa de «Casa Saler»
    un saludo Irma

  3. Este Arcón del Recuerdo siempre tiene algo para recordar (valga la redundancia) Habiamos llegado del campo. yo iba por primera vez a la escuela, trajimos hasta una chivita rosilla que daba 4 litros de manera que teníamos asegurada la leche para el invierno. yo entraba con 9 años y a segundo grado, algo sabía, leer, escribir y todas las cuentas. Pero como la abuela Irma habla de pelota de futbol, lo que yo quiero es contar que mi padre encargó por contra reempolso para que jugaramos en la escuela, un futbol n 3 con tiento para cerrarlo luego de inflado. No se pueden imaginar la alegría que quedó impregnada en el colegio, yo parecía un héroe. los chicos iban luego a jugar a casa pero no había problema, los solares era 50 X 50. Ahora pido si alguno de Uds. porteños, se acuerdan de Casa Saler
    ahí se hacían los pedidos y de ahí vino el futbol. El catálogo era con artículos pero no con imágenes.

    Bueno, yo quería hacer un comentario y no me salio nada más que eso. Un cariño grande a la Abruela Irma.

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