Memorias a los 93: el día que llegué a Estación América

Memorias a los 93: el día que llegué a Estación América

Por: Ernesto von Zedtwitz

publicado en : http://weblogs.clarin.com/puebloapueblo/

Octubre de 2008

Hace unas semanas, llegó a nuestra dirección de e-mail (historias.pueblos@gmail.com) ,esta nota del señor  Carlos von Zedtwitz para publicar en estos días la historia de su padre.

Se trata de Ernesto Rodolfo, quien cumplió este 17 de octubre 93 años y, aunque ya pasaron casi 70 de su paso por América, desea compartir con Argentina Pueblo a Pueblo su recuerdos de esa ciudad ubicada en el partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires.

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Estación América, año 1938.

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Su sólo nombre trae a mi memoria, si es que ella me ayuda a recordar, los difíciles momentos de mi iniciación como empleado bancario. Hoy rememoro con orgullo y con satisfacción lo ocurrido hace 69 años, aquello que significó para mí un aprendizaje útil en mi trabajo y necesario en todas las tareas que me tocó realizar de allí en más.

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Mi llegada a Rivadavia

En 1938, recién casado y con 24 años cumplidos, tuve la suerte de poder rendir un examen de ingreso en la casa central del Banco de la Nación Argentina como postulante a cubrir un puesto de auxiliar administrativo en esa prestigiosa institución bancaria. Dicho examen parecía sencillo, pero tenía unos complicados problemas matemáticos que, gracias a todo lo aprendido durante mi bachillerato en el Colegio Nacional Mariano Moreno y sus buenos profesores, logré resolver.

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Días después me llamaron y me dieron el nombramiento. En ese tiempo el banco solicitaba una garantía documentada de 5000 pesos para confirmar el ingreso del personal. Debí recurrir a relaciones que tenía un familiar con el propietario de un campo, quien accedió a firmar dicha garantía.

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Allí me enteré que la sucursal del banco no sería en la Capital, podía ser desde el Chaco hasta la Patagonia. Finalmente fui destinado a América, en la provincia de Buenos Aires, un pueblo ubicado tres estaciones antes de La Pampa.

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Partí de la estación de Once del Ferrocarril Sarmiento en octubre de 1938, viajando en segunda clase y sentado en los duros asientos de madera, tipo de plaza. No logré dormir en toda la noche, mi mirada estaba dirigida a los campos y a esos caminos de tierra que corrían a la par de las vías. Esas vías que me llevarían a la aventura de una vida que aún no había imaginado.

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Arribé a la estación América a las ocho de la mañana. Al bajar del tren estaba muy cansado y con sueño. Sin perder un momento, consulté sobre un hotel para alojarme. Mi esposa, Irene, se había quedado en la Capital hasta que yo tuviera una habitación para matrimonio, acorde con nuestras modestas posibilidades económicas.

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Logré conseguir alojamiento en el hotel España, cuyo propietario era el señor Marcelino López. Deseaba descansar, pero mi ansiedad y curiosidad me llevaron a acercarme y conocer el banco en el cual me desempeñaría. Caminé esos pocos metros que me separaban del banco. Allí conocí la bella y tranquila plaza del pueblo, con la soledad de la mañana que también era mi soledad.

Antes de las nueve, me presenté al Contador, quien ya tenía conocimiento de mi arribo. No sabía cómo, pero en los pueblos las noticias corren rápido. Le comenté que recién había llegado y que deseaba presentarme al día siguiente, debido a que estaba sin dormir por el viaje. Allí advertí mi primer error al escuchar al señor contador Cersosimo decirme:

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-“No, señor. Usted toma servicio ya, en este mismo momento”.
Señaló una mesa de escritorio, me acercó un libro y dijo:
-“Ya mismo se lee todo el libro, que contiene las disposiciones vigentes del banco, y estudia muy bien”.

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Como podrán imaginar, poco es lo que me entró en la cabeza. Tantas disposiciones y artículos del manejo bancario. Pasaron las horas y nunca llegaba la hora de salir. Entonces, cometí mi segundo error: con disimulo levanté la vista y miré el gran reloj de pared. Ya eran las 20 horas. Al contador que no se le pasaba nada, me dijo:

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-“Aquí no se mira el reloj. La hora de entrada y salida las determino yo”.
Rato después vino esa tan esperada hora de salida, recibiendo este comentario: “Mañana a las ocho, aquí”.

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No estaba en el libro de disposiciones, pero pronto me enteré de que allí no había horarios ni existían los feriados, salvo rara excepciones, las cuales también eran determinadas por el contador. Se trabajaba de lunes a sábado incluido, todo el día. Hombre autoritario pero correcto el contador, así que a obedecer.

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A mi regreso al hotel, la plaza estaba algo más concurrida, si bien no había mucho para ver en ella.

La vida privada era también vigilada por el Banco: no se hablaba ni intervenía en política para nada. Las visitas a los cafés o bares, lo mismo que a las casas en las cuales se jugaba a las cartas, estaban vedadas y se consideraban una falta gravísima. Solamente eran aceptadas las reuniones en el club Independiente o el América, al que luego me asocié con mi esposa.

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Se debía mantener una conducta intachable dentro y fuera del banco, tanto uno como la esposa.

Sorpresa grata fue enterarme que se daban amplios créditos a empleados bancarios sin más garantía que el hecho de pertenecer a esa institución. Además, los médicos no querían cobrarnos la visita. Había allí tres médicos: Dr. Gropo (pediatra), Dr. Pustilnik (cirujano), y Dr. Sorocco (clínico).

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La edificación era de buena calidad y los alquileres resultaban económicos. Aunque el agua de las napas era casi intomable; la mayor parte de las casas tenían aljibe para recolectar agua de las escasas lluvias de la zona.

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El tren pasaba tres veces por semana con destino final a la punta de riel que era Genera Pico, La Pampa. El hecho de ver el paso del tren era motivo de reuniones en el anden. A la gente le gustaba ver quién llegaba o se iba a Buenos Aires. Una vez que partía el tren la estación volvía a su soledad.

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Los carritos de reparto de leche visitaban los barrios y algunas veces los lecheros llevaban sus vacas ofreciendo la leche recién ordeñada, pura y tibia. Había que acercarse con el recipiente para llevarla a casa.

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La dotación del banco estaba constituida por el Gerente, el contador, el tesorero, cuatro auxiliares, y dos ordenanzas. Al segundo día en el banco, se me asignó la tarea que estaba a mi cargo: la mesa de giros y remesas. Tras unas muy breves instrucciones del empleado a cargo, éste se retiró a otras funciones y tuve que arreglarme por mi cuenta.

Al poco tiempo me pasaron a Caja de Ahorros. Recuerdo que todas las anotaciones debían realizarse a mano, pues no se aceptaba ninguna maquina de sumar, solamente las manos y la rapidez para los cálculos. Esta tarea me resultó más fácil, pronto sumaba a más velocidad que cualquier máquina.

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Dos meses más tarde, fui trasladado a Cuentas Corrientes. Luego, a Documentos Descontados, donde la responsabilidad era mayor, pues debía atender la ficha por cliente donde constaban las renovaciones parciales o totales a que recurrían. Dos renovaciones totales significaban una mala calificación para el cliente a quien se lo advertía.

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Mi sueldo Inicial era de 160 pesos, que estaban en relación con el costo de vida. Al dejar el hotel, alquilamos una casa que costaba 25 pesos mensuales. Deseoso de traer a mi esposa cuanto antes, me informé de un señor llamado Matías Morelli, quien tenía casas para alquilar. Visité varias decidiéndome por una modesta y barata, no lejos del banco. No necesité garantía, sólo la confirmación de que pertenecía al personal bancario para poder habitar la vivienda.

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Avisé a Irene, mi esposa, que ya podía venir. Ella viajó en forma inmediata, tal como yo lo hiciera, en segunda clase. Con Irene nos casamos cuando ella tenía 18 años. Mientras el tren se alejaba de Buenos Aires, trataba de ir ordenando sus pensamientos, casada y a punto de llegar a un pueblo desconocido, en el cual formaría su hogar junto a su marido.

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*********

Irene en el pueblo se sentía muy sola, principalmente durante el día, mientras esperaba mi regreso.

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Una mañana, se asomó a la puerta de la casa, escoba en mano para sacar la arena que había tapado la entrada, y se encontró con una vecina, Luisa Comparetti, quien la invitó a visitar su casa. Luisa era la esposa de Andrés, un empleado del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Mientras tomaban un café, Luisa le comentó todas las costumbres del barrio, cómo eran sus vecinos y sus proveedores, cómo estaba formada su familia… Tan interesada estaba Irene escuchando, que no entendió que el tazón enorme de café era compartir, cosa que le hizo saber Luisa. Fue un alivio para Irene que no podía concluir con el mismo.

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Luisa era la esposa de Andrés. Un matrimonio que nos brindó toda su amistad y ayuda. A partir de ese momento la amistad con los Comparetti fue para siempre y siguió hasta los últimos días de ellos, a pesar de nuestros distintos destinos.

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A los seis meses, todo empleado debía conocer el trabajo de todas las mesas para poder reemplazarlas en caso de ausencia de cualquier otro empleado. Para esto, tanto el contador como el gerente estaban al tanto de la capacidad y desempeño de sus colaboradores.

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Mi actuación dejó satisfecho al gerente y a mi “amigo”, el bueno del contador señor Cersosimo. Ese trato inicial tan duro había cambiado totalmente. Tal es así que el contador, quien vivía a cuadras de mis casa, me pidió como una deferencia que todas las mañanas pasara a las siete y media. Me entregaba las llaves del banco para que yo retirara los libros y los colocara encima de cada mesa de trabajo.

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El gerente me pasó a la secretaría privada, donde la tarea era bastante compleja. Yo debía recibir a aquellas personas que querían hablar con él por razones crediticias. Previa consulta permitía el ingreso a los visitantes. Debía también requerir y estudiar los balances que presentaban..

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En más de una oportunidad y ante la falta de ellos, por tratarse de pequeños negocios, debía realizarlos, tarea para la cual no estaba preparado dado que mi título era de bachiller y no de perito mercantil.

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Tuve que estudiar mucho, actualizándome con las instrucciones que enviaban de la casa central sobre la materia. Finalmente logré hacerme eficiente en esta tarea. Lo más importante era el análisis de esos balances, para poder contestar los informes que venían de clientes mayoristas, de los que se abastecían los clientes.

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La respuesta era lacónica cuando el cliente satisfacía todo lo necesario respondía: “Buen concepto y cumplimiento puntual”.

No todo era trabajo: los domingos concurría con mi esposa Irene al club América. Fue allí donde ella aprendió a nadar y yo hice mis primeras armas con el juego de bochas. Entablamos amistad con varios vecinos del pueblo.

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En las fiestas patrias, la Intendencia tenía como invitados principales, además de las autoridades, a las maestras y empleados bancarios. Las estancias nos agasajaban con una invitación a comer un asadito. Nunca faltaba un payador y guitarrero para amenizar la fiesta. Así conocimos los establecimientos de Sixto Adolfo Ristarini Arriola, la estancia de Ana Massetti de Buso, las instalaciones de remates feria de Garre Sole y Cía, y las cabañas y estancias Mitikile en Arenaza de la familia Lacau.

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Rápidamente la vida se me hizo más confortable. Pudimos rodearnos de amigos, compañeros y vecinos. Pronto nos adaptamos a las costumbres de la zona, haciéndonos una vida feliz en el pueblo.

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El balance de fin de año

La sucursal debía elaborar su balance anual. Para ello, una vez terminada la jornada del 31 de diciembre, cada sector elaborada su balance y se confrontaba con el tesorero. Una tarea compleja que nos llevaba más de una vez a continuar trabajando hasta pasada la media noche. Justo a las doce de la noche, llegó el gerente con una botella de sidra e hicimos un descanso para brindar, y luego a seguir con el balance.

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Una vez concluido, se debía pasar un telegrama a la central a la hora que sea. Si el correo estaba cerrado, se pasaba por telégrafo desde la estación del ferrocarril. Recién después de esto, nuestro muy merecido descanso.

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En 1941, al igual que todos los empleados, recibí una medalla conmemorativa, al cumplirse el 50 aniversario del Banco de la Nación Argentina. Hoy la conservo con mucha satisfacción e íntimo orgullo.

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Una vez al año, recibíamos la visita de un inspector de la casa central del banco, con un secretario encargado de estudiar y calificar el desempeño de los empleados. Las buenas calificaciones reiteradas y sin interrupciones a través de los años, traían consigo la posibilidad de recibir un aumento, en mi caso de 20 pesos.

Otra de las diversiones era salir a cazar perdices. Para ello me habían prestado una escopeta del 12 chica de dos caños. De noche, partíamos con rifle a combatir las liebres que eran plaga para los sembrados. Lo hacíamos con una chatita con busca huellas para localizarlas. Los dueños del campo nos permitían ingresar, pero siempre en los lotes en los cuales no había ganado.*

En una oportunidad sólo habíamos cazado una perdiz, cuando vimos a un cazador que traía colgando de su hombro más de una docena. Le preguntamos cómo había hecho, y éste sin decir nada señaló a su perro.

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Mi compañero de caza le consultó: “¿Mañana podrá prestarme el perro?”. El cazador rápidamente le respondió: “A mi mujer puede ser, pero el perro no se presta”. Al tiempo nos enteramos que este hombre tenía un prostíbulo en las afueras del pueblo.

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Andrés Comparetti siempre hacía alarde de que el Banco Provincia era el que más clientes tenía y mayores movimientos de cuentas efectuaba, dejando al Nación muy atrás. Claro, el Provincia jugaba de local y Andrés contaba las operaciones de cobro de impuestos como una operación de banco, cosa que en el Nación no la tomábamos como operación bancaria, sino como cobro de servicios.

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Otra pasión de Andrés era el Turismo Carretera. Admiraba al entonces principiante corredor Marcos Ciani, pero debió esperar hasta abril de 1950 para verlo ganar su primer TC en la vuelta de Olavarría.

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En una oportunidad se presentó un cliente a pagar un impuesto. En esos casos le pedíamos la boleta anterior, y esto ocurrió:

-¿Trajo la vieja?
-La tengo en el sulky. Espere un momento.

No pasaron más de cinco minutos, cuando regresó con su esposa. “Aquí está la vieja, ¿puedo pagar ahora?”, preguntó.

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El contador fue trasladado a otra sucursal y en su lugar llegó otro, un señor de apellido Figueroa, quien resultó ser un excelente funcionario. De buen carácter, pronto se ganó nuestro cariño y amistad. Mis compañeros eran Martínez, Donamaria y Cima. Luego se agrego Suiffet. El gerente vivía en el primer piso del Banco.

Luego de recibir mi aumento anual, se me informó que como mérito a mi labor, próximamente sería trasladado a la casa central de Buenos Aires. Fui designado a la Junta Nacional de Granos, la cual dependía en ese entonces del Banco de la Nación Argentina. Esto por un lado me alegró al ver que mis esfuerzos habían tenido sus frutos, pero me causó una pena muy profunda al tener que dejar a mis amigos, más en el momento en el cual ya estábamos arraigados a la tranquila y feliz vida en América.

*

Hoy con 93 años deseo, si mi salud me lo permite, volver a visitar América y revivir esos años que fueron tan valiosos para mí. Agradezco a ese pueblo de entonces, ciudad hoy, el haberme permitido ser feliz durante mi permanencia junto a mi esposa y a mi primer hijo, nacido allí.

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7 respuestas a Memorias a los 93: el día que llegué a Estación América

  1. carlosvonz dijo:

    Otros comentarios. en blog
    Comentarios

    16 Enero, 2010, 12:00
    Ruben Dario Suarez dijo
    Un Saludo muy grande a toda la gente de Amèca. A pesar de vivir solamente 4 an˜os en esa hermosa ciudad, siempre la recuerdo.Que en este 2010 se cumplan todos los deseos de los Rivadavienses.
    SALUD !!!
    Ruben “Pehua” Suarez desde Concordia – E. Rios

    13 Abril, 2010, 11:30
    olga noemi issetta dijo
    Estamos viviendo a pleno el centenario de nuestro distrito,y es un mimo al alma el leer las notas de a quellas personas que vi- vieron en este lugar, a traves de uds. revalorizamo
    s lo nuestro.
    Es mi deseo que aquellos nostalgiosos puedan regre
    sar para celebrar nuestro centenario.
    Don Ernesto: gracias por hacernos conocer las costum
    bres y formas de vida de otros tiempos, donde las normas de convivencia y va
    lores eran otras. un abrazo!!!!!!!!!!

    18 Mayo, 2010, 17:36
    marta diaz dijo
    hola amigos siempre tengo en mis recuerdos todas las lindas cosas vividas en ese lugar rodeada de gente linda- Me fui joven para formar una familia en otro lugar pero siempre volvi porque me quedaron mis amigos de la adolescencia, esos que no se olvidan nunca.Ahora estàn mis planes ir para el centenario del partido,mando un abrazo a todo el que me recuerda- Soy Marta Diaz (peluquera

  2. miguel angel retrivi dijo:

    Querida Silvana: Ya vi una foto tuya, en la cual resalta tu belleza femenina y angelical,…pero…siempre hay un pero… ¿No?..

    Al leer tus notas y esta en especial, me muestra que en tú interior, ..¡ Querida Muchacha !…Hay aún más belleza que la exterior…¡ Sin lugar a dudas!…Siempre me emociona leer tus notas, las cuales estan escritas con el …¡ Corazón !…

    Te mando un Gran Beso y toda la feilicidad para vos y tú Familia.

    Cariñosamente
    LITO de BERNAL

  3. silvonz dijo:

    Hoy, 7 de Mayo se cumplen dos meses de la partida de mi querido Abuelo Ernesto. Deseo compartir con ustedes a través de esta página en la que con tanto esfuerzo y amor escribe mi padre, el recuerdo de la persona que escribió este artículo y que tantas emociones despertó.
    Muchas veces, cuando parte un ser querido, uno siente que no dijo todo lo que tenía que decirle o que les faltó tiempo. Soy inmensamente afortunada de haber disfrutado tanto de mi abuelo Coco y siempre tuve la tranquilidad de saber que nunca le escatimé el reconocimiento que merecía. Llegó a cumplir 95 gloriosos años en esta tierra y desde el fallecimiento de mi abuela, se convirtió más en mi «bebé» que en mi abuelo. Lo cuidaba como a un niño y el se dejaba llevar por cuantas cosas quisiera hacerle. Le cortaba el pelo y a veces aprovechaba para hacerle un peinado raro mientras lo tuviera mojado. Le llevaba juegos de ingenio y artículos que sabía que serían de su interés. Lo llamaba casi a diario y realmente llegué a pensar que era inmortal. Su mente y sus recuerdos se mantenían intactos, y su avidez por el conocimiento era algo admirable.
    El día llegó y hoy, dos meses después, me parece mentira pensar que no está entre nosotros, porque pienso en él constantemente.
    Él vive en nuestra familia gracias al maravilloso legado que nos dejó.
    Y con orgullo puedo decir que mi abuelo fue la persona más inteligente que conocí.
    Gracias Abuelo por haberme querido tanto, siempre estás en mi corazón.
    Silvana von Zedtwitz.

  4. carlosvonz dijo:

    Gracias Lito, y fijate que cosas ocurren, la nota la reedite un dia antes de su fallecimiento.
    Un abrazo
    Carlos

  5. miguel angel retrivi dijo:

    Querido Carlos: Esta historia que ya conocía con anterioridad, nos da una muestra cabal, de la extraordinaria lucidez de tú querido » Viejo «….Lamentablemente se ha ido fisicamente…Pero siempre estará presente espiritualmente…¿ quizás la Virgen María ?… se enamoro de él y opto por llevarselo a su regazo, para que le siga contado tan queridas anecdoctas…¿ No te parece ?….
    Me sumo a tú dolor querido amigo y te acompaño en el sentimiento, en tanto elevo mi oración por él y tú querida familia..
    LITO de BERNAL

  6. carlosvonz dijo:

    El dia 7 de marzo de 2010 a la edad de 95 años fallece mi padre.
    Ernesto Rodolfo von Zedtwitz
    Gracias por todo lo que luchaste por tu familia y descansa en paz.

    Carlos von Zedtwitz

  7. carlosvonz dijo:

    Comentarios recibidos sobre esta nota en «pueblo a pueblo»

    Comentarios
    Muy linda historia… espero ansioso el proximo capitulo.
    felicitaciones
    roberto

    Publicado por: roberto abadi | Octubre 18, 2007 7:43 PM
    De este hermoso relato, surge enseguida la duda de si todo tiempo pasado fué mejor, para la persona que lo vivió obviamente tiene un valor indescriptible porque fué y es su vida y tendrá su propio juicio de valor mas que positivo, con llegar a los 93 años con esta claridad y ganas de contarlo para deleite de nosotros.
    En lo personal, menos mal que la naturaleza no da la posibilidad de elegir tiempo y espacio, sino como escribí al principio sinceramente no sabría cuál elegir.
    quedo ansioso a la espera de la parte II.

    Publicado por: jorge scala | Octubre 19, 2007 12:45 PM
    Me gustan muchísimo estas historias personales.Para mí, que vivo en España , me resulta muy enriquecedor conocer las vivencias de otro pais. Más aún en esos años que se ve a Argentina prosperar , mientras que España se iba sumiendo en la pobreza y la hambruna debido a la terrible Guerra Civil Española( 1936-39 ).
    Es de entender que, con ese control del Banco sobre la vida personal de sus empleados, se les considerase personas de intachable reputación.
    El lunes leeré el desenlace.Lo espero con muchísimo interés.
    Felicidades ,Don Ernesto , por esa mente tan privilegiada a sus 93 años y también por su reciente cumpleaños.
    Un saludo desde España.

    Publicado por: Teresa | Octubre 20, 2007 8:44 PM
    Tengo 37 años y hace meses que no estoy bien de ánimo, paso de la absoluta tristeza a la rabia contra el mundo. Quería transmitirle que mientras leia me hizo esbozar constantemente una sonrisa y a pesar de que es la 1 am me pasaría leyendo sus anécdotas hasta que salga el sol. Pensé que le gustaría saber que hace felíz a alguien con sus relatos. Siga deleitandonos con sus relatos por favor!!!!!

    Publicado por: Sonia | Octubre 21, 2007 1:19 AM
    Me encantó la historia, mientras la leía escuchaba Edith Piaf así me interiorizaba mas en la época. Prueben y les va a gustar mas…
    Espero la segunda…
    Saludos!
    Brenda

    Publicado por: Brenda von Zedtwitz | Octubre 21, 2007 12:42 PM
    Muy buen comienzo, desafiando al tiempo los recuerdos suenan claros y precisos. Espero ansiosa la continuación de su relato, apasionante sobre su propia vida.
    Hasta la rpóxima

    Publicado por: noemi | Octubre 21, 2007 6:39 PM
    Una historia, muy bien narrada, entrañable, en la que muchos encontramos puntos de contacto. Esos pequeños pueblos tienen tantas vivencias, tanto para decir…..Felicitaciones

    Publicado por: Irma Agara | Octubre 21, 2007 7:08 PM
    Qué bueno saber de América! Mi madre nació allí, y de chico iba a visitar a mi abuela (en la casa de Rivdavia 44)y a mis tíos y primos. Allá están mis tíos José (el imprentero)con su esposa Pirita, Zulma (la enfermera) y Lina. Mis primos Aníbal y Ana Lía (maestra) y sus hijos e hijas. Yo vivo en Mardel y en diciembre la voy a llevar a mi mamá a pasar las fiestas con sus hermanos. También tengo una tía en Carlos Tejedor. Todo el pueblo me recuerda la infancia y mis raíces; la mitad de lo que soy; cuando mi apellido materno (CARRIZO) deja de ser una palabra y se convierte en una historia, en una familia, en un pueblo.

    Publicado por: Osvaldo Rodriguez | Octubre 21, 2007 11:56 PM
    Felicitaciones, muy interesante la nota sobre nuestra querida América, descripta con una sencillez y una ternura extraordinaria, constituyendo un documento valiosísimo las fotos que la acompañan.- Aunque nací en 1947 (en América, por supuesto) las fotos me retrotraen a mi infancia y los relatos de las situaciones vividas por el autor nos refrescan la memoria porque se describen las formas y las maneras de actuar en las que se resaltan el valor de la palabra, el valor de la amistad, el respeto y la cultura del trabajo.-

    Publicado por: Miguel Angel | Octubre 22, 2007 3:15 PM
    Hablé con mi madre y me dijo que en el 38 la operaron de apendicitis, y que había sido el dr. Pustilnik.
    ¿Cómo le escribo a la familia de Carlos von Zedtwitz?
    Gracias!
    Publicado por: Osvaldo Rodriguez | Octubre 22, 2007 4:30 PM
    ¿Qué puedo decir del artículo que escribió una persona que es un referente en mi vida?. Alguien que me produce una admiración tan profunda como el amor que siento por el?

    Pero la respuesta de la gente me lleva a concluir que esto va más allá de los afectos y que lo que yo puedo sentir como orgullosa nieta de mi abuelo, es tan real como el interés y la curiosidad que despierta con sus historias en cualquier persona ajena a la familia.
    Y lo mejor de todo es que esto es la punta del iceberg: uno de los tantos cuentos con final feliz (y otros no tanto), que conforman la vida de alguien que luchó aferrándose a la vida y teniendo como guía principal el amor de una mujer que lo supo acompañar en cada triunfo y sostener en cada caída. También le dio una hermosa familia y aunque ya no podamos abrazarla físicamente, lo hacemos desde nuestros corazones.

    Alguien (entre los comentarios), hablaba sobre si “todo tiempo pasado fue mejor”… a mis 24 años, lamento ver que los valores con los que mi abuelo consiguió las cosas dignamente, hoy están casi extinguidos.
    Pero sigo apostando a ellos, como lo hacemos muchos argentinos: a seguir luchando dignamente por un futuro mejor para sus nietos… como él lo hizo, pensando en mí.

    Publicado por: Silvana von Zedtwitz | Octubre 23, 2007 9:57 AM
    Silvana, (soy la persona que escribio si «todo tiempo pas….) Tu abuelo tiene gracias a Dios o a quien sea, esas cosas que podriamos llamar incunables
    supera a la educación y a la inteligencia, vos le pones de nombre valores , puede ser , también podría ser valores + actitud, actitud frente a los hechos que le presento la vida, no debe haber sido facil irse a los 24 años, solo tan lejos y menos en aquella época,
    adaptarse al medio al principio un poco hostil,
    y luego afianzado tener que volverse, es mas la linda actitud de hacernos conocer esta sencilla historia, pero cargada de
    valores y ejemplos mas que necesarios en estos tiempos que corren, con todo respeto comunicale a «Don Ernesto»
    que estaría bueno un America III.

    Publicado por: jorge_scala | Octubre 23, 2007 3:29 PM
    Respondo a la consulta del señor Osvaldo Rodriguez.
    Puedes agendar nuestra direccion de correo.

    carlosvonz@yahoo.com

    Publicado por: Carlos von Zedtwitz | Octubre 24, 2007 4:32 PM
    Yo naci en américa, y algunos de los nombres que alli figuran se los oí a mi padre, y el hijo del Dr. Groppo, Dr.Enrique Groppo(fallecido) fue mi medico y profesor de anatomia en la escuela secundaria. Mi abuelo, Simón Díaz tenía a media cuadra de la estacion de ferrocarril una confiteria-patelería, por esa época

    Publicado por: Edgardo Díaz | Octubre 25, 2007 1:09 PM
    Muchas veces relaté a mi familia y amigos mi actuación primaria en América.
    No sabía que había un lugar en el cual yo podía escribir estos recuerdos.

    Un día viene mi hijo con una notebook y trata de convencerme de lo fácil que era su uso me dijo “es algo así como una maquina de escribir”., tal como vino, así salio el y su notebook.

    Dejó pasar unos días y nuevamente a la carga, llega a mi casa con una antigua maquina de escribir.

    Lo que más me decidió, fue el pedido de mi nietita Silvana, quien siempre estuvo interesada en conocer hechos de la vida de sus abuelos.

    Asi fue que a pesar de tener alguna dificultad con el teclado pude redactar la nota completa.

    Entendí que la tarea de llevar al papel esos recuerdos no era sencilla, pero tal como iban llegando los escribía., en dos días ya estaba lista la nota.

    Días después al leer los comentarios de los lectores, los cuales me emocionaron profundamente por las respuestas sinceras de gente que todavía lee y se interesa por los demás, me llevan a responder con total sinceridad y gradecimiento las amables palabras con las cuales respondieron a la nota.

    A mi edad significa mucho.
    Esto me da fuerzas para pensar que mis relatos pueden interesar aun, y en algunos casos, hacer sonreír a alguien que no esta pasando por un buen momento en su vida.

    Gracias a todos los que conocen América, también a los que no la conocen. A los que continúan viviendo allí, y para aquellos como yo que dejaron esa ciudad tan hermosa para seguir distintos caminos que les trazó o la vida.

    A mi nieta no tengo palabras para agradecer su emocionado comentario., y a la web clarín pueblo a pueblo que me dio la facilidad de poder llegar a ustedes

    Ernesto Rodolfo von Zedtwitz

    Publicado por: Ernesto von Zedtwitz | Octubre 25, 2007 8:51 PM
    Estoy muy emocionada de saber que existe gente que todavia se acuerda de mi querida America despues de tantos años , yo soy nieta de Maria Ines Mateo de Gatti( Pirucha)dueña en ese entonces de Casa Mateo donde se fundó el Club Barrio Norte . Si bien el mundo, la gente y la voragine hizo que todo cambie aca seguimos siendo un PUEBLO grande como el que fundaron nuestros abuelos

    Publicado por: Cecilia Gatti | Octubre 31, 2007 5:37 PM
    Felicitaciones por la nota Señor Ernesto,aunque no lo conozco realmente nos hace bien sentirnos reflejados en esta hermosa nota.

    un abrazo grande de todo el pueblo de América.

    GRUPO DE ADMINISTRACION DE EL GANADO

    Publicado por: CLAUDIO | Octubre 31, 2007 5:39 PM
    Hemos escuchado de nuestros mayores tantos relatos de nuestro pueblo que a veces lo tomamos como rutina, por eso, Sr Ernesto, al leer su historia de vida y la frescura de sus palabras me viene a la memoria el rostro de mi abuelo y sus anécdotas, soy nieto de don Luis Fungo, y sobrino nieto de María Ester fungo, quien estuviera casada con el Sr Donamaría, mencionado por Usted en el relato.
    Muchas gracias por guardar en su corazón y en su memoria su paso por nuestra querida América, y tenga por seguro que si vuelve por estas tierras será más que bienvenido y tratado como lo que usted muy en su interior debe sentir, un hijo más de este suelo.
    de nuevo, muchas gracias.

    Publicado por: Marcelo Fungo | Octubre 31, 2007 7:01 PM
    Muchas gracias al Sr. Ernesto y todos los que habeís escrito tantos relatos.

    No nací en América, pero tengo allí mis mejores recuedos de niñez, pues mis tios; Pablo Marchelli y Armanda Bó, me recibían cada verano a mediados de los años ’60s.

    Recuerdo muy bien que la siesta «era sagrada», que a las últimas horas de la tarde pasaba el «camión regadera» y los niños esperábamnos su paso para correr atrás y mojarnos con sus chorros de agua salada.

    Resulta inolvidable «las noches de cine al aire libre» en el Club Español, allí vi por primera vez Gigante una película mítica con nada menos que James Dean, Elizabeth Taylor y Rock Hudson.

    En aquella época los teléfonos eran «con telefonísta» y recuerdo que en la panadería del Sr. Pollo tenía el Nª 4 y su «terminal», así le llamaríamos ahora, era de madera, fijo y con el auricular sujeto a un cable, pero con el «micro fijo».

    Si bien mál no recuerdo éste Sr. Pollo era suegro del Sr. Harguindegui, hermano del que fuera Ministro del Interior, en la «época del tristemente famoso proceso… «.

    No puedo dejar de mencionar la esquina de Douperoú, para mí con tan sólo diez años era un lugar mítico, además lo frecuentaba diariamente pues en aquelo años trabajaba el «Beto» Milani, un tipazo fuera de serie estaba casado con mi prima «Petete» Marchelli.

    Tampoco es justo que me olvide de Ademár Viguetti, que como el Sr. Ernesto llegó a Ameríca como primer destino a la Sucursal del Banco Nación y se quedé, no en el banco, pero sí en el pueblo a vivir para siempre al casarse con mi otra prima, Cielo. Hoy Ademár con más de 70 años cumplidos forma parte de la Comisión Directiva de la Biblioteca Jofré, la más importante de nuesta querida Ameríca.

    Vivo hace 25 fuera de Argentina, pero cada vez que regreso, no puedo evitar mi viajecito hasta América, ya no en tren… pues desgraciadamente los servicios de pasajeros no existen más, pero para mí es «como una droga» pasearme por esas anchas calles, ahora ya casi todas pavimentas, pero siempre tan límpias, se nota que el Intendente Sergio Buil es bueno, y recorrer los lugares de mi infancia.

    Ya mis tíos no están, Petete y Ademar siguen «resistiendo», pero son innumerables sus nietos y hasta bisnietos que viven y cren en América.

    Todos tenemos «un patio de la infancia» el mío está en América y a pesar que mi vida luego transcurrio a miles de kms. , nunca jamás me olvidaré de él.

    Ah.. supongo que el Sr. Ernesto por los años que relata, conoció al Sr. Ascencio Alzaga, que luego se casó con mi madre y que en aquella lejana época trabajaba en el Banco Provincia.

    Es que como dice el refrán: «en pueblo chicho, se conocen todos»

    Publicado por: Angela Bó | Noviembre 4, 2007 11:49 AM
    Cuanta emoción produce leer sobre un lugar lleno de historias familiares y recuerdos. Soy hija de Beba Fernandez y bisnieta de Francisco Pendáz…mi bisabuelo Pancho fue feliz en américa, mi mamá y mi tía Nelly tambien lo fueron…en la plaza hay una placa en homenaje a mi madrina,querida y genial Nelly Fernandez Pendáz. Allí queda mi querido Tio Pintín y mi tio abuelo Raúl…se que están bien.Volví a américa con mis hijos, a la plaza, despues de 37 años fue cumplir un sueño que mis hijos pisaran esa plaza. La historia de mi vida tiene guardada las historias de América de mi abuela Elvira, de mis Tías Abuelas Manuela, Maria, Susana, Celina…, de mi madre,de mi tía Nelly… aunque muchas veces la historia real es distinta que el recuerdo respeto los recuerdos de mis seres queridos. Es posible que éste Señor del que su hijo cuenta su vida en America haya sabido algo de las 7 sequías que fundieron a mi Bisabuelo Pancho, sin embargo y a pesar de aquel profundo dolor…América es un recuerdo imborrable,tierno y bello que llevo en el alma. Que bueno el encuentro con éste espacio! Los saluda
    Mariana,porteña radicada en San Martín de los Andes Nqn Patagonia Argentina

    Publicado por: Mariana Taberniso Fernandez | Noviembre 26, 2007 9:58 PM
    Como a toda la gente de América que respondió al artículo de don Ernesto, me sumo a la emoción del reencuentro y el reflejo de algunos pasajes de su vida con la mía ya que también rendí el exámen del Banco Nación en 1970, trabajo al que acudí como una beca para poder estudiar periodismo. Áprovecho este espacio para agradecer al Señor Tedesco, casado con la farmacéutica, negocio que siguió su hijo Pablo hasta la actualidad, digo que el padre de Pablo Tedesco (seguro compañero de don Ernesto, del Nación) fue quien me proporcíonó la recomendación para acceder al exámen del Banco Nación, requisito que menciona don Ernesto, a quien no tuve el honor de conocer, ya que naci en América en l951. Pero me identifico, a pesar de la distancia de los años, con la vivencias laborales y valores morales que recuerda don Ernesto en su historia personal. Yo comencé en la Agencia Monserrat de la calle Alsina al 1.300 de Buenos Aires. Recuerdo con emoción el telegrama para presentarme a trabajar en el Banco los días previos a la Navidad del 70, cuando bajaba por las escaleras de la pensión de la calle Moreno y Entre Ríos, dispuesto a trabajar en la cosecha en América. El telegrama acabó con un año de penurias de mi primer año de estudiante. Luego me incorporé a la Casa Central, en Exteriores,y finalmente al sector de Prensa, como redactor y fundador de la Revista del BNA. A los 25 años de edad, el destino me trajo a España, donde vivo desde entonces, pero regreso todos los años a América, donde conservo aún a mi padre,Julio Ares,mis hermanas Alicia casada con Genjo de la YPF, Hilda casada con el «Pelota» Jimenez, y Mabel que vive en Tejedor casada con Notario, toda una gran familia, y una pila de amigos interminable que encabeza Brunito de la Municipalidad, cuyo padre trabajó en el Correo y seguro conocía don Ernesto. El relato de este gigante de 93 años nos une a muchísma gente de nuestro pueblo. Mil gracias por existir y haber entrado en nuestros corazones. Les dejo mi correo para los que deseen comunicarse: aldoares@hotmail.com

    Publicado por: Aldo Ares | Enero 14, 2008 6:15 PM
    Mi mamá, fallecida en el 2002, Elma Esther Echeverría, nació en América. Era hija de Haydeé Quirós y Marcos Echeverría. Sus hermanos Marcos Echeverría (creo que le decían «Cepillo») y Olga Echeverría, casada con Oscar Delatorre, empleado del correo, viven en América…me gustaría saber de ellos. También me gustaría que mi hijita Malena, de dos añitos, corra por la plaza de América como alguna vez corrí yo, tranquila y rodeada de la paz de ese hermoso pueblo.

    Laura, de Marcos Paz

    Publicado por: Laura | Enero 7, 2009 10:45 AM
    No tengo palabras para expresar la emoción que me genera leer todos estos articulos referidos a mi querida América natal, en la cual he nacido y resido actualmente.Si bien es verdad que ha crecido y embellezido muchisimo..aun mantiene la frescura y la tranquilidad que siempre la caracterizó.
    Quiero agradecer a Don Ernesto por esta hermosa historia y sus bellos recuerdos, me enorgullece enormemente que tanta gente la recuerde con tanta añoranza y alegría.
    Sin más les deseo a todos una cálida bienvenida, para todos aquellos que alguna vez sientan la nostalgia de América..aquí los estaremos esperando.
    Pendás María Florencia, América Provincia de Buenos Aires

    Publicado por: Pendás María Florencia | Enero 30, 2009 10:50 AM
    lo admiro profundamente!

    Publicado por: maria norma mendez | Febrero 4, 2009 1:05 PM
    En 1938 mi padre, Domingo Arfuso, nacido en América, jugaba en esa plaza, tenía 5 años. Pocos años despues mis abuelos se mudaron a Buenos Aires, y mi padre vivió toda su vida soñando con volver a vivir allá. Su felicidad era visitar su pueblo y su sueño era construir una casita en el terreno que había comprado, cerca de la estación. Falleció a los 75 años sin animarse a cumplir su sueño. Su deseo fue que sus cenizas queden en Amñerica, le cumplí su deseo un 25 de mayo….El me enseñó a manejar en una calle en los campos….yo recuerdo con mucho amor mi infancia visitando América…

    Publicado por: Marcela Arfuso | Febrero 23, 2009 1:22 PM
    Hola America!! ahi estan mis hermanos Jose Luis «camufla» Y Omar. Mis sobrinas y sobrinos, mis cuñadas y mi hermana Etelvina Barruti, mis amigos el flaco Coppola, los hnos Videla Juan y Oscar, Arturi Juares, Flaco Ferro, Luis Molina y la barra de BARRIO NORTE, quien no se acuerda de los bailes de Independiente y Argentino. Los bailes de entrecasa de Independiente q tiempos. mmI ESCUELA nº9. Mi sueño seria viajar a AMERICA en TREN . Me acuerdo de las Flias CARO, LEDESMA, VILCHES, PESSAQUE, TOMASELLI, ARRUABARRENA, SALUDOS PARA TODOS!!!!!!!!!!

    Publicado por: JUAN CARLOS CASTRO | Marzo 7, 2009 12:21 AM
    me parecio muy hermosa tu historia, y esos recuerdos me llenan el alma de alegria. me encanto tu historia..muy conmovedora

    Publicado por: vonZedtwitz | Abril 28, 2009 10:12 PM
    Hola Don Ernesto le cuento que cuando lei su relato me hizo muy bien porque yo naci y tengo mi familia en america y mi abuela tiene hoy 104 años es doña Ana Russman seguro la debe conocer si es asi me gustaria me contara algo ya que yo vivo en la localidad de lincoln y mi abuela vive en america todavia y esta tan viejita ya que no escucha casi y no recuerda y escucharlo a usted es como si estubiera escuchando a mi abuelo aunque no lo conoci ya que el murio 4 años antes que yo naciera pero me gusta escuchar cosa de america me hace muy bien saber como se creo

    Publicado por: Alejandra | Mayo 27, 2009 7:45 PM
    En el año 1972 dejé mi querido pueblo (América) para ir a estudiar a La Plata. Volví allí muchas veces, hasta que vine a vivir a Mar del Plata y traje a mis padres a vivir conmigo. Después de eso no volví más, pero mi corazón quedó en esa, que para mí, sigue siendo mi tierra. Aún ahora, que desde hace 37 años vivo afuera, cada vez que alguien me pregunta de dónde soy, no dudo en responder orgulloso: «de América». Casualmente, estoy viviendo días de extrema nostalgia y desde hace un tiempo largo, me tortura la idea de volver a mi pueblo. Ya no tengo dudas que lo haré ni bien consiga quién me acompañe. Esa idea se alimenta cada vez que mis amigos del pueblo me envían mensajes con turistas que vienen a la Costa o directamente me invitan quienes veranean aquí. Lamentablemente hice mi vida lejos de mi tierra y mi familia no comparte conmigo ese deseo cada vez más fuerte de volver «al pago». Solamente mi hija, que acaba de volver de Europa después de 8 meses de recorrerla, me incentiva para que vayamos juntos y de paso conocer el lugar de mis orígenes. Leer el relato del Sr. Ernesto reavivó en mí ese deseo incontenible de retornar, por lo tanto invitaré a mi hermana Marta y ni bien pueda me daré el gusto. Para quienes lean ésto, les recuerdo que soy el «Negro Díaz», hermano de Marta (la peluquera), y amigo de Tachuela Alvarez, Fernando Bernal, Horacio Lema, Jorge Queles (a quien por suerte veo bastante seguido), Carlitos Robles (con quien viví en La Plata), y un montón de amigos más, muchos de los cuales dejé en el Club Atlético donde jugué al fútbol. No quisiera mencionar a algunas «amigas» porque sería ridículo producir un cortocircuito en sus familias por cuestiones sucedidas hace tantos años atrás. No nací en América, pero llegué cuando era un niño de 3 ó 4 años y pasé allí los mejores años de mi vida. Sería imposible reemplazar esos recuerdos en mi corazón. Con el cariño más sincero
    Miguel «El Negro» Díaz
    Publicado por: Miguel Angel Díaz | Agosto 1, 2009 12:25 AM
    Hola soy Susana, me he sentido muy feliz de haber encontrado esta pagina la cual cuenta la historia de América ya que mi padre nació y pase la mejor infancia, junto a mi hermano y mis padres. Bueno espero poder contactarme con Ud. ya que parte de mis mejores recuerdos están en América. Desde ya mis cordiales saludos. Susana R. Sanchez

    Publicado por: susana raquel sanchez | Agosto 5, 2009 6:13 PM
    al señor juan carlos castro le digo que yo tambien me a cuerdo de las familias Vilches don Caro Ledesma Pessque que ifancia tan feliz pase en America algunos apellidos muy familiares le mando un saludo enorme a todos y si dios me ayuda este año espero ir al hermoso pueblo de mis padres

    Publicado por: susana raquel sanchez | Agosto 5, 2009 8:18 PM
    Hola soy Norma de Carlos Tejedor, y me gustaria irme a vivir a America por que tengo toda mi familia Dufourc alla.Y les mando un saludo enorme a todos.Chau y que sigan bien.

    Publicado por: norma beatriz dufourc | Diciembre 6, 2009 11:46 PM
    Un Saludo muy grande a toda la gente de Amèrica. A pesar de vivir solamente 4 años en esa hermosa ciudad, siempre la recuerdo.Que en este 2010 se cumplan todos los deseos de los Rivadavienses.
    SALUD !!!
    Ruben «Pehua» Suarez desde Concordia – E. Rios

    Publicado por: Ruben Dario Suarez | Enero 16, 2010 12:00 PM

    Me alegro enormemente de que su vida en América fuese feliz, D. Ernesto.
    Imagino la pena que le daría tener que marcharse de allí después de haberse asentado junto a su esposa e hijo. Pero estoy segura de que con su gran capacidad de trabajo y esa facilidad para hacer amigos no tardaría en sentirse feliz en la capital.
    Le deseo , sinceramente, que pueda volver a América para poder recordar los años felices que allí vivió.Muchas gracias por compartir con todos nosotros su maravillosa historia.
    ¡Que la suerte le acompañe y reciba un cordial saludo desde España!

    Publicado por: Teresa | Octubre 22, 2007 8:01 PM
    Ernesto, leer su historia me lleno de emocion y recuerdos, no por mi, ya que estoy es esa primera etapa de construir mi vida, sino por la historia de mis abuelos, que tantas veces me han contado y principalmente de mi abuelo Alfredo, con quien tuve la oportunidad de compartir muchos años, muchas historias y eneñanzas. Le dejo por este medio mi mas sincero cariño y espero que pueda volver a su querido pueblo y reencontrarse con sus recuerdos.

    Publicado por: Luciana Clementi | Octubre 28, 2007 6:43 PM
    Querido don Ernesto: ha sido un placer leer sus vivencias, en mi querida América. Me animaría a afirmar que usted no ha pretendido con su relato, más que contar su paso por América, pero -querido amigo- usted nos ha dado (a mi modesto entender),una formidable lección del esfuerzo y de la corrección, para el logro de objetivos.¡Muy buena su historia de vida! Un abrazo afectuoso. María Angélica, una «americana» que le agradece sus conceptos para con nuestro querido pueblo (ciudad.)

    Publicado por: María Angélica | Octubre 30, 2007 6:12 PM
    Vaya mi recuerdo para America, pueblo – Ciudad – donde mi «Viejo» Don Cesar paso algunos años, recuerdo que luego que el volvio a mi casa, rapidamente insistio en ir a visitar a sus amigos de America, mi primergran viaje y aventura… tomamos el Chevallier en Once y America alla vamos !! tengo infinidad de buenos recuerdos, sobretodo el de «Don Francisco Lastra» amigazo de mi Papá, que nos atendia como a unos reyes cuando llegabamos de visita, mis primeras tardes a caballo, los tractores, la cosechadora, las anchas calles de tierra, el agua de pozo, los asados y el paso obligado de mi Viejo, el bar… en fin tantos recuerdos lindos, que en mi corazon hacen de America un lugar querido.

    Publicado por: Gastón Cvjetkovich | Noviembre 6, 2007 11:16 PM
    Sr. Ernesto. Tengo 47 años y soy la nieta de Andrés y Luisa Comparetti. Mi madre, nació en América en el año 1934. Me hizo emocionar hasta las lágrimas pues me recordó lo que me contaban mis abuelos de América. Un afectuoso saludo y si es su deseo podemos mantener correspondencia. Nora

    Publicado por: Nora Scacchi | Febrero 10, 2008 3:35 PM
    Estimada Nora.
    Hoy recién he leído tu comentario, el cual le trasmití a mi padre.
    Todos recordamos con mucho cariño a tus abuelos, a tu señora madre y a tu tío.
    Este medio no deja de asombrarme, pasa el tiempo pero los recuerdos y afectos siguen siempre acompañándonos.
    La vida en el interior brinda la posibilidad de la comunicación, el acercamiento y conocimiento de lo que ocurre a nuestro alrededor.
    Aquí en la Capital muchas veces el apuro nos hace perder esos hermosos minutos que allí dedican a la amistad.
    Puedes comunicarte con nuestra familia
    carlosvonz@yahoo.com
    Gracias por este recuerdo y saluda a tu madre.
    Publicado por: Carlos von Zedtwitz | Marzo 28, 2008 5:43 PM
    Estimado señor: me gustaria saber si me puede aportar datos para mi albun genealogico, ya que por referencias de mi padre mi abuelo tubo una fábrica de jabón allí, mi abuelo se llamaba Francisco Sathicq. Desde ya muchas gracias .
    Clelia sathicq

    Publicado por: clelia sathicq | Octubre 7, 2008 8:45 PM
    estimado don Ernesto, tengo 46 años…y hace 3 que estoy lejos de mi ciudad, exactamente en Río Gallegos..por razones laborales..gracias por este hermoso recuerdo…van mis sinceros saludos desde estos lugares tan fríos pero llenos de calientes recuerdos..y muy hermosos por cierto…

    Publicado por: juan | Octubre 31, 2008 3:26 PM
    sr ernesto le dejo mi mail clelia_28@hotmail.com
    Clelia sathicq de la Plata

    Publicado por: clelia sathicq | Noviembre 9, 2008 7:26 PM
    La verdad que recien hoy me entere de esta pagina gracias a una amiga que me la paso por mail. No le puedo explicar la emocion que senti y siento por haber leido su nota Don Ernesto, me hizo emocionar mucho, saber que existe gente que recuerda y comparte sus vivencias de un lugar tan hermoso como es el pueblo de America. Yo naci, me crie y vivo en America, no lo cambio por nada!!!!!es mi lugar, me alegra de corazon que tenga tan buenos recuerdos y que la gente lo acompañe con sus comentarios. Lo esperamos con ansias para que vuelva a recorrer las calles que le dieron abrigo aquella mañana que arribo a este lindo pueblo!!! a pesar de los cambios que le puda haber dado el paso del tiempo son las mismas!!!! Espero que a pesar del tiempo trascurrido puedan llegarle mis respetuosos saludos.

    Publicado por: Maria Josefina Perez | Enero 29, 2009 6:09 PM
    Realmente me emociono mucho leer esta historia de vida, leer que alquien se acuerde despues de tantos años, todo lo vivido en el Banco Y en América, lugar donde naci y donde he vivido gran parte de mi vida, me hizo recordar mi propia historia y vivencias.
    Yo fui la primera mujer de América que entro a trabajar en el Banco Nacuón, el 17 de enero de 1972 en la Casa Central, y tambien fue el Sr Pablo Tedesco, quien me presento .
    En esos años, no se necesitaba pagar nada, pero uno tenia que ser presentado por autoridades del Banco , quien eras responsables por nuestra actuación en el mismo, el Sr. Tedesco me recomendo a dos Gerentes de Casa Central, el Sr, Badoza, y el Sr, Hernadez,que habian sido sus compañeros, quienes firmaron como garantia.
    Recuerdo el primer dia cuando fui a Casa Central habia una cola de 3000 mujeres, durante varios meses rendimos una serie de examenes, ocho en total, y al final de las 3000 tomaron solamente 150.
    De ese total 18 fuimos designadas a Tesoreria General,
    Como eramos las primeras mujeres ibamos al baño del publico de las Cajas de Seguridad, hasta que adaptaron las instalaciones para nosotras,
    En 1980 por razones familiares solicito mi traslado a la Sucursal America, donde tambien eran todos hombres asi que fui la primera mujer que trabajo en la Sucursal, tampoco habia baño asi que tenia que ir al de los Auditores, que era una habitacion especial para ellos, que usaban una vez al año.
    Era muy distinto el trabajo en Casa Central, que en las sucursales, me costo mucho adaptarme a que no habia horarios, se terminaba cuando se terminaba el trabajo, eso seguia siendo igual que en la epoca de Don Ernesto.
    Cuando llegue a la sucursal, las operaciones de ahorros y cuentas corrientes se seguian haciendo a mano. y recuerdo que no nos podiamos retirar si no habiamos dado suma cada mesa con el tesorero Sr, Pagura quien no usaba maquina, todas las sumas las hacia a cabeza, cuantos recuerdos, que buen grupo humano, ahora que desde hace un año ya no trabajo mas en el banco trato de rescatar lo bueno y me olvido, de los malos ratos pasados con algunos personajes que prefiero no nombrar, pero eran los menos, prefiero quedarme con el buen recuerdo de los asados que comiamos los viernes, y de los buenos momentos pasados.
    y me parecieron muy valiosas las fotos antiguas, estas historias le hacen bien al alma, y los jovenes las leen con entusiasmo ya que han sido jovenes los que me mandaron la página, vaya mi felicitacion por su memoria y por sus ganas de transmitirnos sus vivencias.
    Le mando un gran cariño y gracias por estos bellos recuerdos.
    Publicado por: Juana María Farías | Febrero 16, 2009 9:18 PM
    Maria Josefina Pérez, le haré llegar a mi padre sus comentarios, los cuales agradezco sinceramente.

    El por su edad ya no sale, con gusto hubiera querido volver a América pero no fue posible.
    En el mes de mayo de 2008 fui con mi esposa a visitar por primera vez esa hermosa ciudad, llena de gente amiga y cordial.

    A Juana Maria Farias, la felicito por haber sido la primera mujer bancaria en América.
    Y gracias por lo comentado.
    Carlos

    Publicado por: carlos von zedtwitz | Febrero 18, 2009 5:29 PM
    la verdad esta página me ha hemocionado sobremanera ya que por circustancias de la vida, tube que aucentarme de mi ciudad natal, y a pesar de no estar arrepentido de dicho alejamiento, siento gran nostalgia por mi pueblo y esta gente linda que aparece por aqui me llena de satisfacciòn, pues me trae hermosos recuerdos de mis raices, de mi padre que estubo 43 años en la municipalidad (toda una vida.) don Juan Antonio Bruno que junto a el recuerdo otros nombres que hacen a la historia de América como lo eran sus compañeros de labor, Marden del pol perez, coco Rodriguez mas conocido por el Coreano, Mormón, Olegario corredera, Videla, Bocha Diaz, Bichi Maure; Lidia Carmona, el contador Tito Presta, y tatos otros que hacen a la historia de dicho municipio, y a la señora Juan Farías le mando mis saludos y le recuerdo que en algun tiempo yo tmb fui colega de ella mucho tiempo mas aqui, pues trabajè como Cajero en el Banco Birco coop. ltado..que se encotraba en el local frente a la farmacia de Sanchez=Cortesi..mis mas sinceros saludos de mi parte y de toda mi familia desde la Ciudad de Río Gallegos…Pcia de Sta Cruz,

    Publicado por: juan rodolfo bruno | Febrero 27, 2009 10:35 PM
    Hola don Ernesto le cuento que america cambio mucho desde entonces. Me gustaria que me escriba a mi casilla ya que me gustaria saber mas de america en la epoca que usted vivio halla bueno un beso chau
    Publicado por: Alejandra | Mayo 27, 2009 8:43 PM
    Alejandra, soy el hijo de Ernesto, con gusto le escribiré a su direccion de correo si ud. me la facilita
    Cordialmente
    Carlos

    Publicado por: Carlos von Zedtwitz | Mayo 29, 2009 11:13 AM

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