Mi primera Bici.

Mi primera Bici.
por : Luis Devoto

En los años 50 quien tenia  como yo  la suerte de vivir en un barrio, podía disfrutar de la calle. No era un chico de la calle, era una calle que se adaptaba a los chicos.

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Pocos autos, algunos carros de reparto, muchos niños que jugaban con juguetes inventados, o fabricadas por sus padres o ellos mismos.
Las niñas con sus sogas para saltar, jugando a sus rondas infantiles.
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Carritos de rulemanes,  zancos, patines, barriletes, luego vendría la otra etapa de las bicicletas.

Mis padres y los de otros vecinos fueron gente de trabajo que arañaba para pasar a la categoría de  clase  media.
Las bicis, eran  palabra mayor para esos tiempos, pero como todo, legarían en su momento.
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Era casi imposible comenzar con una bicicleta  pequeña, esas con rueditas para no aterrizar. Previsores nuestros mayores, sabían que ese rodado tenía un tiempo corto de vida,  no estaban en condiciones de ir comprando cada dos años otra más grande.
Quien si la tuvo fue Daniel, le duró lo  que dura una ropa cuando se va creciendo.
El asiento fue  levantado varias veces hasta que no daba mas el caño de alargue.
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El resto de los chicos se largaba con la grande que había  comprado nuestro viejo, y que servia para toda la familia. Mi madre solo andaba en ella cuando papá la llevaba en el caño, no estaba bien visto que una mujer anduviera con una que tuviera cuadro alto horizontal, creo que nunca llego a tener su bici de mujer.
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Aprender con una bici de adultos, tenia sus inconvenientes, como sentados no llegábamos a los pedales,  nos montábamos en el cuadro, parándonos  sobre ellos y  haciéndolos  girar  de a media vuelta, así se  movía  la cadena , y piñón,  media vuelta para adelante, media para atrás, ya que hasta abajo no llegábamos, no pudiendo  dar la vuelta completa.
Esto    nos permitía ubicarnos en una posición de fuerza para el próximo envión.
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Al fin pude alcanzar  los pedales gracias al crecimiento  y haber bajado totalmente el asiento.

Comenzaban las canchereadas a las bicis, ¿cual era la más pintona?
Limpiarlas todas las semanas, lubricarlas, lustrarlas,  inflar las gomas.
Colocaba figuritas entre el cruce de los rayos de las ruedas.
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Después aparecieron otros amiguitos con luces en las bicis,  ¡cuanto tiempo pasó hasta que pudimos comprar la dinamo y el farol. ¡
No andábamos de noche, si bien al caer la tarde las probábamos. Luego aparecerían los más afortunados de la bici con cambios.
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Esther, que vivía a la vuelta, fue la primera en mostrarse paseando  con una bici inglesa, aquella de los frenos da varilla y asiento ancho, todo un lujo que despertaba admiración.


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Llegaron las reuniones con nuestros rodados y comenzamos a hacer salidas mas largas,  paseos hasta el parque Leloir,,  claro siempre con el permiso, un poco forzado que nos otorgaban los viejos.


Llevábamos herramientas, gomines, parches, inflador, y hasta alguna cámara de repuesto, además de las infaltables palancas para sacar la cubierta en caso de pinchadura.


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Recuerdo cuando comencé  a presumir frente a las vecinitas,  pasaba  por el frente de sus casas, tocábamos el timbre de la bici, saludándolas con una mano en alto.
La próxima pasada la hice  ya “sin manos” en el manubrio,   como olvidar ese día, la bici, iba muy bien, yo por mirar a las chicas no vi. un ladrillo en la calle, al  pisarlo, se doblo la dirección  cayendo,  fui a parar  al piso, con tanta mala suerte que la punta del freno me dio en la frente.
Traté de no quedar mal ante las niñas, con una sonrisa, levante la bicicleta y me fui a mi casa, cuando llegue me caí sangre de la frente.
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Resumiendo, 2 puntos de sutura en el hospital cercano.
Así por hoy los despido, guardando la bici en el garage de mi casa.
Será hasta la próxima salida.  Ahhh, no teníamos bici senda., solo veredas para dar la vuelta a la manzana.

Luis

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12 comentarios

  1. Gracias jorge y tal como lo comentas, una simple bicicleta ha dado tema a bellos recuerdos de nuestra niñez.
    un abrazo
    Carlos

  2. Quiero seguir mi comentario sobre algo que parece tan simple como una bicicleta y que imposible resulta contagiar las emociones; yo tendría unos 12 o 13 años y mis sueños no alcanzaban allá por el año 40 del siglo pasado, a una bicicleta. Por suerte mi abuelo se conmovió y su coqueta librería escolar, instalada frente a la escuela de Camarones, con mi primera y única bici, se vistió de fiesta, para mi modo de ver las cosas, en las ilusiones de un niño.

    Mi abuelo era como el Sarmiento de Camarones. Había llegado de Francia su país natal, con una instrucción esmerada. Construyó su vivienda y montó una librería, frente a la escuela nacional n’ 25, formó la comisión de fomento, la primera maquina de escribir se encuentra en mi poder. Oportunamente, enviaré su imagen.

    Amigos: Esto da para escribir mucho, es una historia muy rica a través de una simple bicicleta. Agradezco a Luis Devoto su idea para el Arcón del Recuerdo.

    Un abrazo. Jorge Gabriel

  3. Quizás en el revoltijo de recuerdos que me invaden desde mi niñez, esté mi primera y únca bicicleta: Era igualita a la que muestra Luis Devoto en la portada. El primitivo dueño tambien se llamaba Luis, esta vez Rodriquez. Era uno de lo once hermanos en una familia de pioneros que poblaban la costa del Rio Chico, afluente del Rio Chubut. Luis ya se había independizado y trabajaba de peón rural en una estancia vecina.

    En una de sus incursiones por «el pueblo» Camarones, distante 35 kmts. , concurrió a la librería de mi abuelo Fernando y como buen «gallego» español, muy hablador, ofreció su bicicleta que mi abuelo adquirió y me obsequió.

    Continuará.

  4. Lito recuerdo esa red que tenian las bicis para las damas, ademas de su canasta para llevar las compras.
    Las de los varones tenian un cubre cadena de metal, para no ensuciar los pantalones.
    Algunas que carecian o se lo habian quitado, obligaba a los hombres a ponerse broches para achicar la botamanga y no engrasarla.
    Tambien aprendí a andar en una sola rueda, pedaleabamos mucho y luego levantabamos el manubrio y la rueda delantera quedaba en el aire.
    a veces haciamos detener completamente la bici, y moviendo el manubrio permaneciamos sin movernos y en equilibrio durante un rato, haciamos concurso de permanencia sin movimiento.
    Sigamos por la bicisenda de los recuerdos.

  5. …¡Que Bueno !…Que esta pedaleada en el recuerdo, que nos hizo pegar nuestro amigo Luis Devoto, nos traiga otros recuerdos, Carlitos insertó una foto de una «Bici» de Mujer, pero en mi época las de las mujeres, tenían sobre la rueda trasera, desde el «Guardabarro » de esta y hasta la «Horquilla» del cuadro, una «Redecilla» así se le llamaba a esta protección, que eran como unos elásticos de colores, que evitaban que las polleras…¡Aquellas Acampanadas!…que tendrían como dos metros de diámetro, se enredaran sobre los rayos de la rueda…¡Minga !… Iban a usar las «Señoritas» de entonces, pantalones o calzas como ahora…Sinceramente ahora que lo recuerdo…hasta para andar en «Bici», la época era más romántica…¿ O me Equivoco ?…

    Y como siempre digo en este «Nuestro Querido Arcón», una historia nos trae otra y la suma de estas, nos aúnan aún más en los recuerdos y en los sentimientos, porque estoy seguro y no creo ser el único en este «Arcón» que se emocione…y/o…»Moquee» con los recuerdos de otros…

    Como en este retazo de historia tuya, de aquel barrio «Las Cañitas», de esa Escuela que estoy seguro ya no existe, en la forma que nos narras, que además a pesar de estar en las instalaciones del » Jockey Club»…¡¡ ERA PUBLICA !!…
    Hoy no te lo creería nadie, más al hacernos conocer a todos, de semejante «Mapa» en relieve, que era por demás ilustrativo y que afirmaba aún más aquella frase China,…»…una imagen vale más que….etc, etc…»..

    ..YYY…¡Como no vas a contar!…La anecdota con Irineo Leguisamo, para que sepa la » Juventud» que lea la nota, quién realmente fue él, no era un simple «Jockey», era sin lugar a dudas una persona muy humilde…yy…¿Ves?…Que un recuerdo trae otro, si bien nunca fui un «Turfman»…o…más simplemente » Burrero»…
    Ya nadie puede ver a aquél Hipodromo de Palermo, repleto de gente como si fuera una cancha de futbol, desde «Las Populares «..hasta el » Padocck»…este reventaba de público en cada reunión….

    Y no quiero aburrirlos más, para más «Tomando» recuerdos «Prestados»…¿ Y viste ?…¡Yo tenía razón!…» Las Mamás»…
    tienen más memoria…¡Nena !…Y para mejor una que tiene…¡¡Ochenta y siete frescos añitos !!…¡Jaaa Mirá vos !…
    Que Dios, María y Jesús, la protejan siempre y que ella reciba un besote , a travez de este sistema, que pesar de ser un tanto…¿Frío ?…Sin lugar a dudas ella va a sentir el calor del mismo….

    Cariñote para ambas.

    LITO de BERNAL.

    P/D: Hace unos añitos nomás, mi » Vieja», me recomendaba siempre cuando salía de su casa, en retorno a la mía…
    …¡ Tené cuidado por la calle Nene !…Ella vivía en la esquina de casa…¡Para qué más!…¿no les parece ?…ellas son Mamá…¡Siempre !…

  6. Lito, yo fui los primeros tres años escolares a la escuela, del Jockey Club. que estaba delante de las caballerizas del hipódromo, sobre Av. Libertador. Los terrenos y el edificio pertenecía a la Institución, ellos la solventaban, la enseñanza allí, era pública y gratuita. Luego fue expropiado.
    Una escuela increíble con botánico propio, contenía especies muy variadas y traídas de diversas partes, tenían su cartel explicativo y las clases nos las daban recorriéndolo.
    Un mapa en relieve de la Argentina, situado en ese mismo parque, dentro de un enorme fuente-rectangular , lo que le proporcionaba el agua circulando por los ríos y lagos. El océano Atlántico a un lado y al oeste, la Cordillera de los Andes Chile y luego el océano Pacífico.
    Tenía un teatro real con escenario, butacas en cuero, palcos, camerinos, instrumentos musicales propios y hasta orquesta. Instalaciones tan particulares de jardin de infantes , que me llevaría varias líneas describir, y que he disfrutado. Un enorme salón comedor. Donde se servía el desayuno y la merienda, (con galletitas manon), Pileta de natación cubierta y gimnasio. Una enorme mapoteca buenísima y laboratorio.
    Todo era interesantísimo, pero mi gran placer, era trasponer el arenero de jardín de infantes, donde había una pequeña puerta baja de madera , tipo tranquera, por las que ibas a las caballerizas en compañía de tus maestras y podíamos montar los caballos de vareo, haciendo un pequeño recorrido por «el bosque», siempre por supuesto con el cuidador y la maestra. Ese bosque era el lugar preferido de juegos y fantasías infantiles.

    Al costado del comedor atravesando el predio estaba la casa de los caseros, maravilloso matrimonio, que nos conocían a todos los chicos, y si mama o papa tardaban en llegar a buscarnos, nos encontrarían esperando con ellos. A más de uno le han provisto de un tentenpie en la espera.

    Lito , me vas a hacer confesar cosas, de las que mucho no hablo y si guardo con enorme cariño. Verás, los alumnos que diariamente transitábamos por Gorostiaga, para ir a la escuela, un vecino muy especial, saludaba nuestro paso agitando su mano, Irineo Leguisamo y Sra.
    En fechas especiales nos esperaban con un regalito. Ellos a quienes la vida se desvió en la entrega de la cigueña, adoraban a los chicos. Verlos, constituía una postal cotidiana, la sra.sobre el umbral, siempre detrás de él, lo que la hacia aún más alta,sonriente amorosa ella. El flacucho, un paso adelante, sobre la vereda, como protegiéndola, sonreía y agitaba la mano al paso de cada uno. Lo cuento y es como si los tuviera frente a mí ¡¡Cooomo no me voy a acordar de todo eso aunque fuera muy chica!!! Por su cuadra -a poco de la mía- también pasé con la bici y en algún momento me “abarajó” en el zig-zag-. Por otro lado, mi padre lo quería mucho y solía conversar con él. También lo iba a ver correr con mis tíos.

    En cuanto a mama con sus 87 años tiene mejor memoria que yo!

    Cariños
    M.M.

  7. Litooooo, que bueno encontrarnos, me corrige, xq si Yo era más grande, ella también jajaj!!, no preguntes su edad, es muy coqueta! A mama le leo las notas vuestras y los comentarios , pero casi todos los míos los leen.
    Las mamas nunca dejan de ser mamás y nos retan y corrigen siempre. Casi todos mis recuerdos infantiles, van desde los tres años y meses a los nueve. Después ya es otra el tema.

    Cariños

    M.M.

  8. Querida M.M:…¡ Que suerte !… que tenes una …¡MAMAAA¨!… que te corrija….Y no digas que no es así, porque vos eras muy chiquitita…y…no te recordas bien Nena…quiero creer que así fue este dialogo con tú Mamá…

    Aparte te digo, que así como vos, tomaste prestado mi barrio de «Balvanera», para escribir tus recuerdos, también yo hice lo propio con tu barrio, …» Las Cañitas»… que ahora se lo conoce mucho más, ya que proliferaron los «Elegantes» «Restó» o cocina de autor…¡Ja…Tomá vos !…Pero yo recuerdo los paseos por el mismo, de la mano de mi Abuela «Loló», junto con mi hermana mayor Lili, eran otros años, claro está y era ella quién nos llevaba a ver las caballerizas, que existían en el barrio y las del hipódromo, ese » tú barrio» también forma parte de mis gratos recuerdos…»Las Cañitas»…Nombre que era de una..¿Quinta No ?…

    Hasta la próxima pedaleada M.M:

    LITO de BERNAL

  9. Mi mamá me corrige, dice que yo era más chica, cerca de seis años, aún no cumplidos. (El dolor no varió con más o menos años) y no fue ese el único ni el último aterrizaje tampoco.

    Cariños

    M.M.

  10. Comentario enviado por Maria de las Mercedes.

    Además de muy agradable historia, es maravilloso como los varones, desde temprana edad, tienen esa posibilidad de atesorar, todos los detalles técnicos, e ir incorporándolos en el relato con tanta precisión. Lo felicito al autor, me gustó muchísimo lo aquí, por él contado. Abre el abanico de las propias experiencias, con la “bici” y la vereda.

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    “Anécdotas de bicis”

    Si hay un elemento común para generar anécdotas, ése seguro es la “bici”, propia, prestada, nueva de segunda, o tercera mano. La bici era la “bici” y no solo para los varones sino también para las niñas inquietas, el primer medio de locomoción con que contábamos y que nos permitía disfrutar de la “vereda” en una actividad más. El otro elemento rápido para las niñas, eran los patines de cuatro ruedas.

    Hermoso bien adquirido, “la vereda”, era la mejor oportunidad para encontrarse con los amiguitos o hacer nuevos. Y aunque mi época fue posterior, al tiempo de la historia antes narrada, diré que por suerte, aún se seguía disfrutando de los juegos, en las veredas de muchos barrios. Momentos que alcanzaron a disfrutar también mis hijos.

    Mi estreno con la “bici”, no fue diferente de la otros, por el contrario tienen muchos puntos en común con la de muchos niños. En mi “haber” unos siete años, tarde con sol de primavera, esmaltada en rojo desde el patio de casa, me invitaba al desafío del estreno sin rueditas. Papá se las había retirado la noche anterior, en espera de la oportunidad propicia para hacerlos juntos. Era su tarde de cine con mamá. Pensamos con mi hermana,”total es solo hasta la puerta” y nos sentamos en el umbral. La voluntad estuvo!, hasta que pasó el chico que alentó el desafío.

    La vereda de mi casa sobre la calle Maure, iba en pendiente hacia Libertador, mi hna mayor María del Carmen, alentándome a dos manos, desde la esquina -punto de llegada- y mis miguitas/os coreando a su lado.
    Recuerdo el aceleramiento, que ya no me pertenecía, el intento de frenada, giro al – grueso caño hierro con tensor al piso, que allí se elevaba, dos vueltas a él dadas sin parada, ¡Zas!! la “bici” en la esquina de enfrente.

    De no creer la falta de oportunidad de la “roja” para elegir ¡Justo en la hermosa, blanca puerta del vecino ubicado en ochava!! Impecable, purísimo, fruto de sus desvelos, -que renovaba cuatro veces al año, por lo menos- lucía adquirido por el impacto, el dibujo de la goma delantera, que como impresa se hundió en el blanco. Yo sin elegancia alguna desparramada en medio de la calle, con el perro faldero de su señora, que me ladraba en agudo, y el vecino que a falta de uso de otro idioma, clarito se expresaba en castellano.

    Mi abuela paterna Antonina –¡cuando no juntas nosotras, diría mi padre!-, con el delantal puesto y sin tiempo de abandonar su diestra, la cuchara de madera utilizada para el arroz con leche, avanzaba corriendo hacia el pequeño tumulto que se había formado. Perceptiblemente algo alterada, según el saber de los presentes, porque a pesar del esfuerzo no se entendía lo que decía, -culpa de la media cuadra de distancia, que nos separaba-, aunque su tono no era precisamente bajo.

    Sin tiempo de quitarse los anteojos de cerca –que le magnificaban la escena-llegó a mí, agitando en la otra mano una toalla mojada, que taponó mi cara a modo de compresa. Aun conservo la nariz ligeramente ladeada con una pequeñísima protuberancia a lado izq. Lo único bueno fue que a diferencia del autor, el chico que se llevaba mis tempranas preferencias no era de mi barrio, sino de, el de mi abuela.
    La bici, terminó en el taller, demoraron meses en arreglarla por falta de repuestos, era italiana regalo de un amigo de mi padre, no era mi culpa ¡¡de siempre he sido entusiasta de lo nacional !!.

    Cariños

  11. Mi primera bici la tuve a los trece años, me la compraron con mucho sacrificio, para que fuera a gimnasia. Iba por la tarde, a contraturno de las clases de mi primer año de secundaria, a las que iba en sulky.Ya era mayorcita para ir a caballo, como lo hice en toda la escuela primaria. Cómo la mezquinaba a mi bici celeste metalizada! Se armaban tremendas peleas con mis hermanos por que no les quería prestar mi bien mas preciado y sin élla se me hacía mas difícil llegar a tiempo a gimnasia y a piano. Gracias por recordármelo.

  12. Lindo paseo Luis y gracias por compartirlo con nosotros.
    Una pena que la amiguita te vea en tan penosa circunstancia.
    Yo tambien aprendí con una de grande, si bien antes tuve el monopatin., antesala de la bici.