Notitas de color: Un baile de rancho.

Un baile en el rancho.

Autora : Sra. María del Carmen Hernandéz

descarga

Mientras era soltero, mi padre visitó algunas veces el pueblo de Copetonas. Su hermano Galo estaba casado y vivía ahí con su familia. Papá, que andaría en ese entonces por los 23 años, siempre había vivido en el campo con sus padres y hermanos. Tal vez por eso, hizo rápida amistad con Aurelio Rodríguez, también joven y soltero como él, tambien hombre del campo como él, y de buena familia. Aurelio, como papá ,vivía con sus padres y hermanos en su chacra.


Fue precisamente Aurelio quien le preguntó a Juan si le gustaban los » bailes de rancho».
Mi padre contestó que nunca había ido a ninguno, y que no sabía. Pero accedió de buen grado a acompañar a su amigo.
Así, llegaron a un rancho, en el ejido urbano de Copetonas, que fue muy conocido. (Claro, esto lo supo papá después, cuando se afincó recién casado en el pueblo, y luego cuando fue conociendo la sociedad copetonense.)

Al entrar, el dueño de casa, de voz ronca, extendió el convite a los recién llegados, convite  que venía haciendo a una rueda de hombres sentados alrededor de las paredes: en un jarro circulaba el vino tinto, mientras, muy cercana, una damajuana esperaba que la volvieran a alzar.
La luz era «tristona», pero alcanzaron a divisar a un par de mujeres, de imprecisa edad, ( flacas, según mi padre), que completaban el conjunto humano. A una le decían «Pata e´fierro».

Afuera, mientras tanto, llegaba el músico a caballo. Se apeó, clavó una estaca en el suelo de tierra, y ató el equino, que, acostumbrado, mansamente, quedaba esperando para el retorno.¡ Si habrá tenido bailongos el caballito !
El músico se llamaba Conversión Súarez. Entró al rancho, con el acordeón envuelto en su poncho, para evitar la humedad, y con estudiada parsimonia, lo empezó a desenvolver. Las miradas de los presentes, y las ganas de escuchar la música, hizo que diera la impresión de que no volaba una mosca en derredor! En realidad, – a pesar de no haber estado presente-, sospecho una secreta admiración de los concurrentes, hacia este hombre que guardaba el secreto de la música, y hacia el aparato (acordeón), con sus misteriosos sones musicales…

Se quedan con ganas de saber sobre la culminación de esta historia? Yo también, pero no supe mas!

Nota: Tomé esta estampa de Molina Campos de Internet; espero que no le moleste a nadie, caso contrario, la retiraré. Gracias.

fuente:   http://copetonaspuebloabierto.blogspot.com.ar/

Esta entrada fue publicada en musica popular, Pueblos y Ciudades y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Notitas de color: Un baile de rancho.

  1. maria del carmen hernández dijo:

    Gracias Carlos, por tu generosidad. Este relato es verídico, pero a medida que lo escribía, pensaba que era una estampa del genial Molina Campos, las situaciones, los personajes, y hasta es increíble el nombre del musiquero!. (No porque me saliera tan bien el post, sinó porque me pasaban por la cabeza imágenes graciosas, precisamente de este dibujante.) Un abrazo, María del Carmen Hernández

  2. carlosvonz dijo:

    Historias de pueblos, costumbres. Lugares como ranchos , pulperias o campo abierto, todo servia como centro de reunion de la paisanada. Infaltable el trago para alegrar la fiesta y darle coraje al gaucho para decirle al oido de su moza, cuanto le gustaba, o lo que se presente en la ocasion
    Gracias por compartirlo

Los comentarios están cerrados.