Por qué Udaquiola

Por qué Udaquiola

Por:  Irma Agara Sosa.

Ciudad Autonoma de Bs.As.

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Navegando por la Web encontré  en la página del museo del ferrocarril, la imagen de la estación  de Udaquiola.)

Ese edificio  que fue el motor y causa de que apareciera un poblado, hoy sigue en pie, solo por la nobleza de sus materiales y por su excelente construcción, pero herido de muerte, en total abandono.

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Ver estas imágenes  me movió a recordar  vivencias, anécdotas familiares, hermosísimos recuerdos que marcaron  mi primera infancia.

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Siempre era y es un tema del que se habla, todos tienen algo para decir, de manera  que hoy recordando algunos diálogos y con charlas con mi tía Amalia, decidí  evocar ese lugar y esas décadas.

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En los años 30, cuando la Argentina  tenía una de sus mas  grandes crisis económicas; que hasta un  tango  la reflejaba diciendo: “Donde hay un mango … viejo Gomez”……

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Natalio Pereyra,  mi abuelo era taxista, del grupo  que inicio el transporte colectivo, aunque es de los nombres que no quedaron registrados, pero si en la  memoria familiar.

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El había aprendido la profesión de mecánico de adolescente, cuando por propia iniciativa, “se engancho” en la Marina, institución en la que  también pudo embarcase como ayudante en sala de máquinas y viajar a las Islas Orcadas en 1911, en en la Gloriosa  Corbeta Uruguay, en un viaje de aprovisionamiento  y mas tarde  ir a Liverpool en el transporte Pampa. De Londres trajo en su brazo, tatuado un ancla, que yo miraba siempre.

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Pero en  los 30   Natalio Pereyra  ya estaba casado con Carmen Distasio

Habían nacido tres hijas, Nélida, Amalia y Ofelia que  muere siendo una beba, de un  sarampión.

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Su trabajo de taxista, devenido en improvisado colectivero, le permitía mantener bien a su esposa he hijas y organizar almuerzos y cenas para la familia, que eran  sabrosamente preparadas por Carmen. Pero su espíritu inquieto, sumado a la necesidad  de cumplir con el consejo medico, que indicaba aires mas sanos  para mejorar la salud y el apetito de su hija Amalia, lo decide a trasladarse  al campo y trabajar como mecánico de autos  y de maquinaria agrícola.

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Así fue que el abuelo y la familia, salen en un largo y dificultoso viaje en auto; transitan caminos barrosos, cruzan el río San Borombón, sobre un  precario puente de madera, los tábanos los picaban, solo el perro familiar que iba un poco en auto y un poco al trote a la par del auto, daba la nota de color.

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Llegan a  “La Estrella” un solitario paraje  en el oeste de la Provincia de Buenos Aires, en el que solo había un almacén de ramos generales de Don Antonio del Potro y unas  pocas casas, muy alejadas unas de otras.

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La escuela estaba lejos, el abuelo  llevaba a Nélida  y Amalia en su Ford a bigote,  al que llamaban patas blancas, por el color de los rayos de las ruedas.

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Pero la soledad no le gustaba a Carmen y menos aun cuando se acentuaba en las noches en que  Natalio demoraba su regreso, porque  estaba reparando  máquinas, o auxiliando algún vehículo;  la abuela no soportaba esa  inmensa soledad,  se pegaba a un ventanuco, del rudimentario rancho que habitaban y en vigilia temerosa, trataba de ver algo del afuera, pero  sin la luz de luna, todo era  negritud y sombras.

Ante esta realidad la abuela decidió que ese no era un buen lugar para vivir y volvió a la Capital,  con las niñas; durante unos meses, en los que  el abuelo  busco y encontró un lugar mas adecuado a las necesidades y costumbres de  la familia, quedaba a unas pocas leguas de donde estaban y ese lugar se llamaba Udaquiola, un pequeño poblado alrededor de la estación del ferrocarril, perteneciente al Municipio de Ayacucho.

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Llevo tiempo instalarse, construir una casa, en  cercanías de la estación; en  terreno ajeno ya que casi toda las tierras pertenecían a  uno de los mayores terratenientes del lugar, el Sr. Daniel Caimi; quien  como solía suceder en la época, no vendía ninguna parcela,  de manera que solo con su autorización se podía  construir.

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Todos allí  sabían que no eran los propietarios de su vivienda, que solo podían usarla,  a lo sumo desmontarla y si se  la dejaba seria tapera.

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La casa  estaba asentada en barro,  era tipo chorizo,  tenía techo a dos aguas, una galería a cada lado, que protegían del viento y la lluvia; los dormitorios, el comedor y el baño, se comunicaban internamente, tenía despensa, lavadero, y un depósito. La construyo Juan Elgart, que en una actitud muy pintoresca, prometía la entrega dando  día y “hora, que por cierto se postergó varias veces. .

La infaltable cocina a leña, era el eje de la vida hogareña, la que permitía, cocinar, tener agua caliente, calentar la plancha para que sábanas y cuellos lucieran almidonados.

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La abuela Carmen a parte de buena cocinera, era una experta en esa tarea, había tenido por mas de una década, un taller de planchado “a nuevo”, donde con colaboradoras, hacían que las prendas recién confeccionadas  que recibían de talleres, lucieran perfectas y bien almidonadas, para su posterior salida a la venta; por eso  en ese hogar las sábanas y otras prendas de la casa, lucían “a nuevo”.

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Udaquiola era un caserío  que tenía como  centro y eje de la actividad económica y de comunicación,  la estación, era el punto de llegada de dos  trenes diarios  que salían de Constitución y continuaban hacia Ayacucho.

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En la estación se embarcaba hacienda, en los vagones de carga,  se recibía y enviaba  correspondencia, encomiendas, telégrafo etc. y por cierto por esos años el medio de transporte de pasajeros por excelencia, el lugar al que ansiábamos llegar con mi hermana, porque cada viaje contenía un montón de hermosas y gratificantes experiencias.

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En particular recuerdo una vez que hice el viaje con la tía, Amalia, nos despidieron como sucedía siempre en Constitución con besos y abrazos, mis padres, Nélida  y Martín, mi hermana Marta  y los Frota; familia entrañable,. Durante el viaje dormimos en el asiento de cuero, para mi comodísimo y a la mañana, sucedió  lo inesperado, un rico desayuno, café con leche, tostadas con maneca y dulce, servido por un mozo, en una mesa rebatible montada entre los asientos.

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Otro viaje lo hice con el abuelo, creo que  él había viajado a Capital para controlar su diabetes. Recuerdo, los asientos de madera y la luz mortecina cuando llego la noche y la llegada a Udaquiola,  con noche de  luna. Estaban esperando la abuela y la tía, que para que yo no tuviera frío me abrigo con un tapado de ella, que yo arrastraba placenteramente por la calle de tierra y  repetía una y otra vez: “Un tapado de cola” , me sentía como una reina, caminando por una alfombra.

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Como siempre en estos poblados había un  Almacén de Ramos Generales,  frente a la estación; daba hospedaje y comidas, tenia cancha de paleta, surtidor de nafta, hasta un peluquero atendía allí a sus clientes. Además se  carneaban ovejas, para proveer a los habitantes etc.

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Pero no solo era el lugar de abastecimiento, sino que tenía que ver con la  economía familiar, ya que funcionaba como un banco para los pobladores, y la bancarrota de ese comercio, hizo que  muchos de los que tenían dinero ahorrado, lo perdieran, entre ellos mi abuelo.

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Fue un golpe para nuestra familia, y para otras también, mi abuela Carmen lo recordó hasta el final de su vida, pero a pesar de ese golpe,  nunca se opaco el recuerdo de los casi veinte años que los  vivieron  en Udaquiola.

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Había en derredor del almacén galpones, para almacenar  cereales, mercadería  y en uno de ellos estaba el taller mecánico de mi abuelo y en otro  herrería de Don José  Boriossi, persona que dejo como mi abuelo Natalio un excelente recuerdo de los años en los que prestaron sus servicios en ese poblado.

Don Boriossi vivía, cruzando las vías del tren. Su casa de madera, estaba bien construida, bonita, prolija con un jardín lleno de flores, que  cultivaba  su esposa  Luisa  conocida por todos por su apego al trabajo y generosidad..

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Udaquiola tenía escuela primaria,  construida en madera, también estaba en terrenos del Sr. Caimi; la recuerdo muy bien, porque una amiguita que la habitaba un verano me llevo a conocerla.

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Yo no había empezado el primario, y ver un mástil de cerca, un pizarrón, los dos salones, los bancos, las ilustraciones, y saber que allí habían estudiado mi madre y mi tía, casi me cohibía, recuerdo que Maria Marta mi amiguita me animaba a entrar.

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Respondía a las características de  escuela de campo, en la que un maestro  daba clases a todos lo  niños de distintas edades y en distintos momentos de aprendizaje. Pero eran los años en que la educación formal en Argentina, era la mejor de Sudamérica, y eso se veía en todo lo que aprendían y sabían  con solo cuarto grado, que era el último grado que se podía cursar.

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Hubo maestros para el recuerdo de mi madre y de mi tía, como  Victoria Iturralde que con capacidad para el dibujo, llenaba de ilustraciones el salón  y estimulaba el proceso de enseñanza aprendizaje. También  el maestro Manuel Souza que tuvo la excelente idea  de tomar fotos de fin de curso, que luego le dedicó  a cada uno de sus alumnos.

Allí se generaban amistades, que luego continuaban en el club, Si Udaquiola tenía un club social  y deportivo, era el lugar de fiestas y eventos, se reunían en las vísperas de  las fiestas patrias,  al inicio  de la primavera, fin de año. Se hacían bailes a  los que concurrían todos los jóvenes de varias leguas  a la redonda, como cuando Ana y  Celina, hermana y prima de mi padre respectivamente, hacían largo recorrido  en sulky, paraban en la casa de los abuelos para así ir al baile con Nélida y Amalia.

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Recuerdo haber visto  danzas folclóricas  y por primera vez  el malambo, deben haber sido muy buenos los intérpretes, por el silencio y los aplausos que provocaron.

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Pedro Petreigne y Pedro Agara, tío de mi padre entre ambos organizaron la biblioteca del club haciendo la primera selección de libros y autores, entre los que estaban Zola y Goethe, según recuerda Amalia..

Pero Udaquiola era realmente una comunidad, todos los que allí vivían, se conocían y en cada familia había  una persona que cumplía alguna función necesaria para el poblado.

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El jefe de la estación, era ni mas ni menos que el responsable de toda la operatividad del servicio, por esas décadas fue el Sr. Estorino, que vivía  junto a la  estación con su esposa e hijas, compañeras de escuela y luego de bailes de mi madre  y mi tía. El Sr. José Montaña, era el cambista, que también vivía en una casita  que le proporcionaba el ferrocarril.

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Otras personas importantes para la comunidad, eran los comisionistas que hacían trámites y compras por encargo; podía ser desde herramientas, maquinarias hasta un medicamento recuerdo al Sr. Alloro pelado y gordito, que cuando llegaba con los encargos, se quedaba conversando con el abuelo en la cocina.

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La leche a diario era proveída  por el  tambo de  Don Pedro Iriart  que junto a  Marie Jean “Mariyan” su esposa  además cultivaban la tierra, a la par que criaban a sus 8 hijos.

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Los Iriart eran amigos con el abuelo Natalio y junto con la familia Fuertes se reunían los domingos por la tarde para hablar de política, de la guerra civil española y de  la segunda guerra mundial. Compartían ideales de justicia y equidad.

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Don Salvador Fuertes era quien tuvo como tarea plantar  distintas especies de árboles formando  verdaderos bosques, que paliaban el viento y daban sombra a los animales.

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El venia de Galicia, era anticlerical, contaba muchas anécdotas de los abusos que  cometían algunos curas de su pueblo, que obligaban a sus fieles a compartir todos sus bienes, hasta los más mínimos.

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El abuelo Natalio escuchaba la radio, que funcionaba a batería, recuerdo el ruido de las  interferencias, y para mi era imposible descifrar, que decían esa onda corta que el escuchaba con tanta atención.

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Quien era una gran lectora de diarios era Marie Jean, la vasca que había venido sola y jovencita desde Francia, buscando un mejor futuro y que era notable como participaba de las “tertulias”

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En Udaquiola no existía el delito, la autoridad en teoría  la debía  ejercer el único policía que había en el  destacamento policial; un rancho.

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Pero hubo un hecho lamentable cuando un tal  Dominguez, el policía  a cargo, que era muy prepotente  e ignorante termino  muerto; en una pelea confusa que tuvo con gente que estaba de paso, con los que había compartido comida y abundante bebida. Fue el comentario por mucho tiempo de toda la comunidad.

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Medico no había el mas cercano estaba en Rauch a unas 10 o 12 leguas; solo en  el verano venía a su estancia el Dr. Villanueva, y atendía  algunos pacientes.

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Otros personajes de paso eran los vendedores ambulantes, con sus carromatos, grandes como los de un circo, tenían  la característica de ser simpáticos y conversadores, y así  lograr vender sus productos.

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Ciertamente en los alrededores había  estancias, en las que había familias que trabajaban cumpliendo distintas tareas, capataces, tractoristas, cosecheros, peones.

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El abuelo tenia  contacto con mucha gente por su trabajo, que era mucho, todo el día estaba en su taller, por ese motivo siempre tenía un aprendiz ayudante, y en el año 31 un cliente suyo llamado Juan Agara, le propone a un sobrino, para esa tarea: Martín Agara mi padre.

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El tío Juan supo orientar al  sobrino, vio la oportunidad de que aprendiera algo distinto a las tareas rurales, ya que  manifestaba que no le gustaban, para hacerlas de por vida.

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Cuando lo hable con mi  padre, me dijo, que lo que no quería era recibir tan poca paga por cosechar, o por sembrar, trabajos que el había hecho, y deseaba un mejor destino a lo que ese medio le ofrecía.

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Papa estuvo unos tres años, con el abuelo, aprendió el oficio y ya con 21 años de ed

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Natalio mantenía amistades con talleristas, Jorge Cardiello, era uno de ellos, que venía de caza todos los años  y lo recomendó a su amigo  que lo tomo como mecánico, recibiendo  sueldo, casa y comida, y de yapa  una hermosa amistad, que pudo cultivar  con Agustín Cardiello el hijo mayor  de Jorge, que era mecánico también.

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Martín a la par de ir conociendo Buenos Aires con Agustín, viajaba a Udaquiola y Rauch, por esos pagos tenía a sus padres, hermanos, tíos, primos  y amigos de la primera juventud, que seguían  viviendo  por la zona.

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En uno de sus viajes  se reencuentran Nélida la hija mayor de Natalio ya cumplidos sus 16 años y comienza  el noviazgo y luego como era estilo el compromiso matrimonial, allá por el 40, mencionado en el diario Alem.

En febrero del 41 es la boda en Ayacucho, con una breve luna de miel en Tandil.

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Pasan un par de años y nacimos las  2 hijas Martha y yo, las nietas que pudimos vivir los placenteros viajes a Udaquiola, que siempre hacíamos por separado, “sino mamá y papá quedaban muy solos”. La abuela nos dedicaba un tiempo precioso, nos entretenía, nos hacia muñecas de trapo y mientras planchaba, jugábamos a la visita.

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Nos estimulaba en largas conversaciones, ella sabía muy bien que era ser abuela, y que paradójicamente por ser hija de inmigrantes italianos, no había conocido a los propios.

El gallinero con la abuela, era un lugar espectacular, donde vimos nacer pollitos y matamos algún otro, al presionarlos con torpeza infantil, buscábamos los huevos de las ponedoras, entre matas de pasto y  a diario y “ayudábamos a darles  el agua y el alimento”.

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Siempre había una hamaca, en el jardín o en la galería,  que yo defendía a capa y espada, cuando alguna cliente de la tía que era modista, traía algún  niño, al punto que una vez le reclame a una  cliente “señora  por favor no traiga mas a ese chico”

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Cuando comienzan los 50, los abuelos deciden mudarse a Buenos Aires, porque  la diabetes lo estaba afectando mucho a Natalio, que recibía dosis diaria  de insulina, de manera que comienzan los preparativos, levantar y desmantelar  taller y  la casa para llevar lo que podía  ser útil, para construir  una casa y taller en el nuevo destino, que resulto ser Lanús.

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Con mis padres también fuimos a Lanús y allí nace otra hermana, Patricia, para regocijo de los abuelos.

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En  Lanús Natalio trabajó unos pocos años mas como mecánico, seguía luchando con su enfermedad, con voluntad de hierro. Muere en 1962.

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A mediados de los 60,  un poco de casualidad, de manera improvisada con Amalia y Ricardo visitamos un par de horas Udaquiola, fue en un desvío que hicimos volviendo de Mar del Plata. Nos recibieron con alegría  La Negra Estorino y su esposo, que manera de hablar!!!

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Amalia volvió para  un aniversario de la escuela, hoy N° 27  José Hernández.

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Vivió  hermosos reencuentros pero…  con mucha nostalgia pudo ver  que donde estaba la casa de los abuelos, solo quedaba un inmenso laurel que había plantado Don Fuertes.

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22 respuestas a Por qué Udaquiola

  1. mario jose silvestri dijo:

    tengo muy lindos recuerdos de mi infancia en Udaquiola me acuerdo cuando paraban a pescar en la laguna de mis abuelo en la estancia LA COMPANIA y de mis años en la escuela 27 .Los ultimos años los pase en la estancia SANTA CLARA de los Caimi gracias por recordar estas historias..

  2. Junto al de Godofredo Voney y otros tantos escritos por allí, forman parte de la historia de mi pueblo. Creo Irma que en alguna oportunidad cruzamos algunos e-mails.
    Un saludo desde Ayacucho y gracias por compartir estos relatos, da placer su lectura.

  3. Irma Agara dijo:

    Gracias Enrique por tu comentario, es muy gratificante provocar recuerdos queribles.
    Te escribiré a tu privado.
    Irma

  4. enrique vaquer dijo:

    Me emocionó encontrar en la web estos relatos de vida en Udaquiola. Gracias Irma
    Voy a hacer mis aportes a los recuerdos de este paraje(o pueblo se puede decir)
    Recuerdo con cariño los viajes a caballo al almacén y panadería «La Monona»(hoy funciona todavia!) con su horno gigante, para aprovisionarnos luego de una lluvia que hacia «intransitables» los caminos de tierra. Pocho (el maestro panadero un grande. Azucena, su mujer tenía una mini libreria en el fondo de la panadería que nos salvaba de algún lápiz o cuaderno q pudiera faltar
    Los multitudinarios bailes de carnaval en el Club Social y Deportivo (que fue presidido por papá en los primeros años 70º). Papel picado, cachiporras de plástico, el sube y baja giratorio donde mas de uno se dio un porrazo y la pista de baile donde siempre me costó bailar en circulos, calculo que la fuerza centrífuga, ja
    Me acuerdo de la Tota Morandi, nos invitaba a comer y a ver sus ultimas mascotas (nutrias, zorrinos, peludos y por supuesto todos los tipos de animales de granja que uno se pueda imaginar) y desde donde salíamos «mareados» por el rosado con soda que bebíamos durante el cálido almuerzo.
    El viejo Eloi atendiendo el almacén, hacia que el acelere con que uno llegaba se transformara en paciencia y comprensión.
    Las arreadas de decenas de yeguas criollas con crías al pie sobre las ya asfaltadas calles de Udaquiola. Del tren solo vagos recuerdos, ya que cuando fue levantado (creo que en 1978) yo tenia 6 años.
    Bueno, algunos aportes a la memoria de Udaquiola.

  5. irma Agara dijo:

    hola Patricia,me da gusto saber que mi pequenio’ relato les ha llegado e incluso emocionado. En este momento estoy viviendo una situción muy difícil, por prob de salud mios y de mi esposo, no he podido investigar nada sobre lo que vos te estás preguntando, ni tengo posibilidades de hacerlo proximamente.
    Seguí adelante …. en lo personal en cuanto pueda me sumaré a las búsquedas sobre la querida Udaquiola…

  6. Patricia Caimi dijo:

    Soy Patricia Caimi, bisnieta de Daniel José Caimi. Buscando datos acerca de la fundación de Udaquiola, mi padre; Daniel Oscar Caimi, leyendo su relato, se emocionó mucho ya que la localidad de Udaquiola esta próxima a cumplir 100 años; según datos esto sería el 2 de junio, pero averiguando otras fuentes encontramos Julio de 1911. Por este motivo mi padre quería averiguar bien la fecha de su fundación, primer tren del ferrocarril Sud que llegó a Udaquiola ect. Me gustaría poder ponernos en contacto y de esta manera intercambiar información, siendo mi padre el actual propietario de Santa Clara.
    Desde ya muchas gracias y felicitaciones por su relato.

  7. Irma Agara dijo:

    Hola Emma
    Me da placer , que cada tanto alguien se hace eco, de lo que escribí sobre Udaquiola.
    No recibí la foto, pero Carlos Von Zedtwitz, me enviará tu mail privado y podrás envirmela.
    Que interresante que la escuela está conectada a internet!!!
    Sabía de la ceación del secundario, pero me interesa conectarme con vos, por mail privado y que me cuentes sobre como se gestó la escuela.
    un abrazo
    Irma Agara

  8. Emma Susana Sosa dijo: Tu comentario está pendiente de aprobación.
    18 Diciembre, 2010 a las 20:41
    Hola..Irma A Sosa autora de Por qué Udaquiola….Maravilloso lo que he leído.Un buenísimo aporte para un proyecto escolar que denominamos Patrimonio Cultural de Udaquiola. Conozco familiares de algunas personas que nombras en el relato. Creo que para tu sorpresa, el FC. se fue pero ahora Udaquiola tiene escuela secundarias se llama Escuela de Educación Media N°2 “Juana Azurduy”, soy su directora y tengo la satisfacción de haber ayudado a organizarla desde el primer dïa. nació como iniciativa de la comunidad en el año 1993 y hoy oscila entre 90 y 100 alumnos.Empezó a funcionar en la cantina del club y hoy tiene edificio propio. Tenemos internet satelital desde hace 15 dias. También hay jardin de infantes además de tu recordada escuela 27 José Hernández. Que bueno haber encontrado alguien que escribe sobre nuestra querida Udaquiola que a partir de tener todos los servicio educativo empezó a progresar : tiene además de delegación Municipal, destacamento de bomberos Voluntarios, sala de primeros auxilios etc.También continua el almacén y desde hace unos días estan construyendo la Planta Potabilizadora de agua y esta en camino el proyecto de electrificación. Te aseguro que se convertirá en la segunda población urbana de Ayacucho.Envio foto del seundario

  9. Emma Susana Sosa dijo:

    Hola..Irma A Sosa autora de Por qué Udaquiola….Maravilloso lo que he leído.Un buenísimo aporte para un proyecto escolar que denominamos Patrimonio Cultural de Udaquiola. Conozco familiares de algunas personas que nombras en el relato. Creo que para tu sorpresa, el FC. se fue pero ahora Udaquiola tiene escuela secundarias se llama Escuela de Educación Media N°2 «Juana Azurduy», soy su directora y tengo la satisfacción de haber ayudado a organizarla desde el primer dïa. nacio como iniciativa de la comunidad en el año 1993 y hoy oscila entre 90 y 100 alumnos. Tenemos internet satelital dedse hace 15 dias. También hay jardin de infantes ademas de tu recordada escuela 27 José Hernández. Que bueno haber encontrado a agluien que escribe obre nuestra querida Udaquiola que a partir de tener todos los servicio educativo empezó a progresar : tiene ademas de delegación Municipal, destacamento de bomberos Voluntarios, sala de primeros auxilios etc.Tambien continua el almacen y desde hace unos días estan construyendo la Planta Potabilizadora de agua y esta en camino el proyecto de electrificación. Te aseguro que se convertirá en la segunda población urbana de Ayacucho.

  10. Irma Agara dijo:

    Hola Nestor, si quieres contactarte con personas que estuvieron por Udaquiola, en los años que mencionás podés escribirle a Godofredo Voney, posiblemente se conozcan.
    godoney@opcionestelmex.com.ar

  11. carlosvonz dijo:

    Hola Nestor te damos la bienvenida al Arcon del Recuerdo.
    Carlos
    Editor

  12. Nestor dijo:

    Entre los años 1955 y 1960, más o menos ibamos con mi abuela María a pasar los veranos al campo de unos familiares de ella, los Sanchez Diez. Salíamos de La Plata en tren hasta Brandsen. Allí tomábamos el que venía de Bs. As. hasta Udaquiola, donde nos esperaban para ir en carro hasta el campo. Tardábamos 45 – 50 minutos. Recuerdo los bailes de fin de año en el club de Udaquiola. Ibamos todos en dos carros (nos juntabamos unos 15 entre los mayores y los jovenes y niños). Los bailes eran muy animados, llegábamos de todos los alrededores a la tarde y volvíamos al campo casi al amanecer. También recuerdo ir al pueblo de compras cada 15 días más o menos. Tantos años la memoria nos traiciona. Mi abuela murió pronto en 1962 y perdimos todo contacto con sus parientes.

  13. miguel angel retrivi dijo:

    ….Que Bueno Irma!….Noooo si nuestro » Arcón», es…¡ UNICOOOO!… Ya que crea este tipo de situaciones o contactos, con gente de remotos lugares y/o como en este caso, querida Irma, el reencontrarse con «Parientes Lejanos»…

    …¡ Mis Felicitaciones!…para ambos, por este encuentro…

    Los Saluda con Afecto.

    LITO de BERNAL.

  14. godofredo dijo:

    miguel comentale a la sra parra si se acuerda de la familia voney que estuvo en el hotel san agustin en los años 60

  15. Irma Agara dijo:

    Les comento a todos, que estamos en contacto con Godofredo y hemos descubierto, que somos parientes, ya que nuestras bisabuelas Doyharzabal eran hermanas…
    todo gracias al Arcón!!

  16. miguel angel retrivi dijo:

    Yo tambien te doy la …¡ Bienvenida » ….Estimado Godofredo,…¡ Hermoso nombre!….Me suena a aquellos nombres de cuentos para chicos por ejemplo, los de los Hermanos Grimm, seguro a de ser de algún lugar de Europa, me suena decía, de tú nombre, a esos personajes..¡ Tremendamentes Bonachones !…Que existian en aquellos cuentos infantiles….

    …Y…¿ Sabes qué?…Al emocionarte con este nota, de nuestra Querida Irma Agara, más aún te pareces a esos personajes, con los tiempos que corren, no son muchos los que se enternecen, con estas «Historias de gente sin Historias»….

    Desde ya, que mucho me gustaría, que vos nos siguieras enternciendo, con algunos de tus recuerdos allí en UDAQUIOLA…

    Te Saluda con mucho afecto..( El que aún no entró a ese pueblo )

    LITO de BERNAL

  17. carlosvonz dijo:

    Hola Godofredo, bienvenido al arcon del recuerdo.
    Le he avisado de tu comentario a la autora de la nota.
    Te saluda
    Carlos
    Editor

  18. godofredo voney dijo:

    sra. no sabe la emocion que tengo al leer estas nota, la mejor de las infancias la vivi alli en udaquiola. mis padres raul voney y mi madre angelica spikerman eran los concecionarios del hotel san agustin. esuvimos alli hasta fines de la decada del 60 ya que por entonces nos radicamos en mar del plata para que nosotros pudieramos seguir nuestros estudios, de casi todo lo que comenta me acuerdo a pesar de mi corta edad, yo comence a estudiar en la escuela nº 27 con la maestra ester contino. estuve hace pocos años visitandio a la familia caveda dueños del aserradero y el ramos generales, realmente pense que todo iba a estar como las fotos de la estación , pero encontre un lugar maravillosamente arreglado y prolijo. cuando entre por primera vez despues de 40 años al almacen, que era mi segunda casa, era tanta la emocion de recorrer toda mi infancia en segundo que no me salia palabra cuando cacho deghui que no me reconoció me preguntaba que deseaba pensando que era un cliente. le pregunto la pareja de la foto que estan sentados no son jaime caveda y la señora?estoy pensando abrir un blog o una pagina para que la gente que tenga fotos pueda subirlas, y mantener el recuerdo de ese lugar idilico que es udaquiola y al señor que dice que nunca se a desviado, que lo haga no se va a areepentir.
    saludos y gracias por el recuerdo
    godofredo voney
    mar del plata

  19. Irma Agara dijo:

    En primer lugar le a gradezco a Carlos que me incentivo a que publique este texto, a Jorge Gabriel sus estimulantes comentarios y a Miguel Angel «Lito» que ha realizado estos inesperados contactos , con los descendientes de la familia Parra, de la que también tengo mentas.
    A mi también me conmueve el eco que ha tenido en Amira y Carmen, y el año pasado recibí mail de La Negrita Beherán, que también leyó mi relato, y reconocía a las personas nombradas, y en particular recordaba a mi abuelo, que como mecánico atendía los tractores y autos de su padre. En particular lo recordaba, porque según me dijo, para ella era la persona distinta del lugar, con un tatuaje de un ancla en el brazo y seguramente sus vivencias de viajes etc. se reflejaban en la manera de actuar.
    Posiblemente Amira y Carmen sabe de los Beherán, que era una familia muy numerosa, como yo sé del Dr. Francisco Letamendi, estimo que será el padre o abuelo de las personas que ellas evocan, y que fue el fundador del pueblo de Rauch, Historia muy bien contada primero por Don Pedro Sarciat un estudioso de las costumbres criollas y luego por Pedro Horacio Petreigne , a quien menciono en el texto.
    En lo personal, le diré a mi tía Amalia, todo lo que tu me cuentas.
    Un abrazo y gracias
    Irma

  20. miguel angel retrivi dijo:

    …¡ Que placer Irma !…es encontrarme con esta hermosa historia, de este pequeñisimo pueblo, ya he pasado a varios kilometros de ahi, o sea por la ruta donde al pasar, se divisaba un cartel despintado, que indicaba la distancia hasta el mismo, si bién siempre soy de llegarme hasta estos lugares, nunca pude conocer » Udaquiola»… Pero… Siempre hay un pero…¿No?…

    Vez pasada una clienta y amiga, al conocer mi Aficción por el » Tradicionalismo», me comentó…- Lito…¿ Conoce usted Udaquiola ?…
    Esta señora se llama Amira Parra y vive a unas cuadras de mi casa, quién al enterarse de esta tú nota, que le he leido, a llorado de alegría por ese su pequeño » Pueblo», que ella creía que estaba olvidado, pero que revivió, con los recuerdos por vos narrados, fué alumna del mismo maestro, quién la felicitaba por su letra, conoció a casi todos los personajes que nombrás, su padre trabajaba en los campos, por ejemplo en el de la Señora Amalia Vda de Letamendi. quién tuvo siete hijos y a todos les puso nombres que comenzaban con la letra » A», la primera hija obviamente se llamó Amalia…

    Nuevamente te digo, Irma …¡ Has logrado emocionar!…Ha Amira y su hermana Carmen, por tan grato recuerdo, como a cada uno de nosotros

    …¡ Y de eso se trata !…Lo escrito en este…¡ Querido «Arcón de los Recuerdos» !…¿ O me equivoco ?…

    Te Saluda con un Abrazo de Amigo

    LITO de BERNAL

  21. jorge gabriel dijo:

    Excelente descripción y una prosa agradable, escrita con el corazón en la mano como se suele decir. Se inspiró Irma Agara Sosa en una estación de tren abandonada y terminó en arbol de laurel que si resistió al tiempo y cuantos años pasaron y cuantas familias cambiaron el ritmo de sus vidas, claro, no es para mi explayarme en un comentario acorde a esas circunstancias, mas vale mi amigo Lito de Bernal, él tiene más sus nostalgias y emociones puesta en ese Buenos Aires, yo mas bien soy un patagónico medio «entreverao nomás» pero este relato con imágenes que valen mucho, merece que se lo acompañe despues de haberlo leído. Muy bien 10 por Irma.

    Jorge Gabriel

  22. carlosvonz dijo:

    Muy bueno Irma, te agradecemos tu labor al rescatar fotos y la nota original para que podamos reeditarla en el Arcon del recuerdo.
    Carlos

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