Quinta Lezica (Caballito – CABA)

Quinta Lezica (Caballito – CABA)

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Fuente: “La Desplaza. Biogeografía del Parque Rivadavia” (Julián D´ Angiolillo)

La Quinta Lezica fue una antigua estancia que ocupaba el espacio en el cual se encuentra actualmente el Parque Rivadavia. en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

En 1846, don Ambrosio Plácido de Lezica adquirió el terreno de forma triangular que limitan las actuales avenidas Rivadavia, La Plata y la calle Rosario, en la Ciudad de Buenos Aires. Más tarde, hacia 1860, comienza a construir sobre el lugar una finca de recreo familiar al estilo de las muchas que por esos años se levantaban en la zona.

La finca gozaba de una inmejorable ubicación, debido a que tenía su frente sobre el incipiente camino a San José de Flores y, a sus lados, se hallaban dos pulperías muy reputadas en la época: La de Martínez, por el este y, hacia el oeste, la de Nicolás Vila, conocida en la zona por su veleta con la figura de un caballo, que luego daría nombre al barrio de Caballito

El predio estaba limitado sobre la actual Avenida Rivadavia por un muro de mampostería, con pilares que enmarcaban varios tramos de reja artística.

La vivienda en sí, contaba con un amplio vestíbulo construido con una estructura metálica y un cerramiento con vidrios de colores, que escondía parte de la fachada. Construida con gruesos muros de mampostería, podía apreciarse desde el frente, el ritmo impuesto por pilares que marcaban las aberturas.

el invernadero

Construcción lujosa para la época contaba además con amplias dependencias de servicio, una enorme cochera, un invernadero calefaccionado, una noria (esta última se conserva en la actualidad en su emplazamiento original dentro del Parque Rivadavia y un lago artificial.

La noria

La noria en la actualidad

La casa fue residencia permanente de la familia desde 1871 y durante el periodo en que la fiebre amarilla asoló Buenos Aires. Por esa época la familia acostumbraba dar fiestas y tertulias a las que asistían frecuentemente personalidades de la época como el presidente Domingo Faustino Sarmiento, quien regaló a Lezica uno de los siete ejemplares de eucalipto, que había hecho traer desde Australia, para que lo haga plantar en el parque de la quinta.

Don Ambrosio Lezica

Una de las salas

El fallecimiento de don Ambrosio Lezica, ocurrido en diciembre de 1881, dio lugar a un periodo de incertidumbre económica en la familia. A partir de entonces, se despidió al personal de servicio y se dejó de habitar la quinta. Mientras, lentamente, los alrededores se iban urbanizando, la casa sufría los deterioros propios del paso del tiempo. Hacia 1900, estaba totalmente abandonada y el parque era un baldío en el que, según crónicas de la época, habitaban ladrones y fantasmas.

En diciembre del año 1927, después de varios intentos de comprar la propiedad con el objetivo de parquizar el terreno, el municipio dictó una ley de expropiación para la Quinta Lezica. Los Lezica, aviniéndose a la expropiación, solicitaron que, en el futuro, el lugar conservara su nombre. Sin embargo, una vez realizados los trabajos de remodelación sobre un diseño del paisajista Carlos Thays, el paseo se llamó Parque Rivadavia (nombre que antes se le dio al actual Parque Florentino Ameghino del barrio de Parque Patricios).

El Eucaliptus de la quinta Lezica:

Como Don Ambrosio Plácido Lezica, además de ser partidario de Mitre, era fundador de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, hacía tiempo que conocía a Domingo Faustino Sarmiento. Por ello le extendió una invitación oficial al entonces presidente para visitar aquellas tierras que los vecinos de la zona ya conocían como la Quinta Lezica. El convite fue aceptado por el sanjuanino, pero su visita se realizó con carruaje de escolta. A partir de un reciente atentado, todas las visitas presidenciales se hacían bajo custodia. En aquella ocasión, los carros se detuvieron entre las carretas de lecheros en la esquina sudoeste en que nacía el Boulevard “La Plata”. Allí estaba la pulpería de Martínez y el puesto de peaje de la sociedad que construía el camino a San José de Flores.
El encargado del puesto se negó a hacerlos pasar hasta que el mandatario mostró su cabeza por la ventana del carruaje. Ese día, los lecheros tampoco pagaron peaje. Apenas reiniciada la marcha apareció la quinta, delimitada por un cerco de pared baja, con rejas y pilares cuadrados que se extendía hasta poco antes de la antigua pulpería de Nicolás Vila, célebre en la zona por su veleta con forma de caballito.

Los lecheros ante la reja de la quinta Lezica

Después del vermouth, Lezica y Sarmiento caminaron por el parque según el trazado del jardinero Blanco; sus mujeres los escoltaron a dos sombras de distancia. Hablaron de los ingleses, de los ferrocarriles; hablaron de árboles que viajaban desde Australia a los bosques de Palermo, de las costumbres que tenían los vecinos de pasear los domingos por los viejos alfalfares de Rosas, de la plantación de palmeras en la avenida; hablaron de naturaleza cultivada, institución cívica y servicio higiénico; hablaron de Nueva York.

Hablaron del cuerpo de la planchadora negra que lavaba las sábanas agachada sobre la Noria; hablaron de malones, de la construcción de la Penitenciaría Nacional; hablaron de la Quinta Normal, un único dispositivo territorial, centro de operaciones productivas y educativas, suerte de quinta pública que se construiría sobre las ruinas del Caserón de Rosas en San Benito de Palermo; hablaron de sepultar el pasado sangriento sobreimprimiendo una regulación civilizada al territorio bárbaro.

Terminando la visita, Don Ambrosio exhibió sus lujosos carruajes en la cochera. El Presidente quedó tan impresionado que Lezica se los ofreció en préstamo para cuando los necesitara. Sarmiento devolvió gentilezas entregando uno de los siete eucaliptos que había hecho traer desde Australia a modo de presente, que pronto sería plantado en el futuro Parque Rivadavia, y se retiró junto con sus carruajes antes de que anocheciera.

Fuente: “La Desplaza. Biogeografía del Parque Rivadavia” (Julián D´ Angiolillo)

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1 respuesta a Quinta Lezica (Caballito – CABA)

  1. Andrea Gaos dijo:

    Excelente nota sobre el perdido pasado de la Ciudad. lástima que la casona no se haya conservado como escuela o centro cultural. En fin! En esas épocas no había conciencia de estas cosas. Y en estas épocas, parece que tampoco.

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