SEÑOR DE TI MISMO

SEÑOR DE TI MISMO

Poema  enviado por  Mirta Rodriguez Calderón

SEÑOR DE TI MISMO

Cuando patrulles la ciudad y sientas,

Que es tu misión sagrada custodiarla;

Cuando veles el sueño de los otros,

Y creas en el apostolado de tu guardia;

Cuando el eco de tus pasos en la noche,

Lleven tranquilidad y den confianza,

Y representes la paz en cada esquina,

Bajo el sereno control de tu mirada,

Cuando el frío y el sol muerdan tu carne,

Sin que se mueva un músculo en tu cara;

Cuando el miedo penetre en tus entrañas;

Y encuentre allí un altar de fe cristiana,

Cuando tengas la humildad de los valientes,

Para ordenar hacer lo que más cueste,

Y los hombres te sigan por ti mismo

Aunque vayas incluso hacia la muerte;

Cuando impongas respeto y disciplina,

Con tu sola presencia ante quien sea;

Cuando nadie juzgue nunca tu conducta,

Porque no das lugar para que puedan,

Y el código de honor que guíe tus actos,

Marque el norte vital de tu existencia;

Cuando en cada amanecer mires al cielo,

Agradeciendo a Dios poder decir presente,

Cuando la lista de muertos día a día,

Signifiquen para ti deudas pendientes,

Y en  el llanto de huérfanos y viudas,

Encuentres para luchar un aliciente;

Cuando el surco caliente de una bala,

Rompa el espejo negro del silencio;

Cuando florezca un clavel ensangrentado

En el pecho de tu compañero,

Y eleves al señor una plegaria,

Sin rencor, ni queja, ni lamento;

Cuando debas tirar y tu disparo,

Sea sin odio y a la vez certero;

Cuando aceptes morir solo en una calle,

Teniendo como mortaja el firmamento,

Y aspires a formar junto a los otros,

Que hacen guardias junto a los luceros;

Cuando seas imparcial contigo mismo,

Sin creerte poseedor de las verdades,

Cuando puedas reprimir impulsos propios,

Desechando egoísmo, envidia y vanidades,

Y logres irradiar sin falsas poses,

Esa hombría de bien con que se nace;

Cuando estés penetrado totalmente,

De tu hermosa misión en esta tierra;

Cuando no te encandilen los honores,

Ni el poder se te suba a la cabeza,

Y el dinero no pueda doblegarte,

Ni ponerle precio a tu decencia;

Cuando eso consigas con tu esfuerzo,

Recién entonces habrá llegado el día,

En que puedas gritarle al universo:  Por la gracia de Dios…Soy Policía.

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1 comentario

  1. Un gran homenaje a todos los Policías de nuestra Patria y especialmente al querido Aldo Garrido, a quienes seguramente extrañan los vecinos del barrio que él custodiaba y por quienes dió su vida.